La humildad y entereza de Juan Boari: “héroes son los pobres haitianos muertos”
Tras el terremoto ocurrido el 12 de enero donde se encontraba trabajando, relata desde sus vivencias más íntimas todo lo visto, lo aprendido y hasta los olores que recuerda.Por Mónica Farabello y Guillermo NavarroJuan Boari es médico cirujano de nuestra ciudad y al producirse el devastador terremoto en Haití, se encontraba realizando labores allí. Pudo sobrevivir junto a sus compañeros y brindar toda la ayuda necesaria para quienes más lo necesitaban. Al regresar a nuestro país cuenta sus experiencias y cómo le cambió la óptica de la vida al transitar momentos tan duros. El reencuentro con su lugar, la lucha con sus compañeros y su visión del país Latinoamericano más pobre y golpeado. Juan Boari es un representante argentino que con su trabajo y su entrega por brindar ayuda a los más necesitados, enorgullece y enseña en humildad y humanidad.
"El agradecido soy yo"
Las palabras de Juan nos hacen reflexionar acerca del lugar donde nos posicionamos ante los demás. "Soy cirujano y estaba operando y cuando toda esta situación terrible nunca me imaginé que una palabra de aliento pudiera tener tantos frutos. A mí me llovían palabras de aliento, de fuerza de toda la gente de Gualeguaychú, de mis amigos, de mi novia, de mi familia, de gente que ni conozco. Y no te das una idea lo bien que nos hacía porque estas palabras yo las compartía con mis compañeros. Y por supuesto, lloramos a mares porque sabíamos que lo que hacíamos era bueno pero necesitábamos ese aliento que nos daban. El agradecido soy yo" aseguró Juan en diálogo con Radio Cero.- ¿Dónde estabas cuando sucedió el terremoto?- Me acuerdo que esa tarde habíamos ido a hacer compras porque ya terminaba nuestra misión. Y hasta las cuatro o cinco de la tarde había una calma previa al desastre; estábamos en un supermercado y empezó a sacudirse todo de una forma tremenda. La sensación era que el piso no sólo era como cuando pasa un subte, cuando pasa un camión; no, el piso salta y se mueve de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo, no entendíamos que pasaba. Estábamos entre las góndolas cuando empezaron a caer la mampostería y la loza. El primer instinto fue escondernos debajo de una máquina registradora. Y cuando me di cuenta de que estaba a 15 metros de la puerta intenté empezar a correr y nos tropezábamos y caímos porque todo lo que pretendíamos hacer durante el terremoto era imposible. Un terremoto de más de siete puntos, cuando uno intenta moverse, se cae. El horizonte se te cambia, tu cabeza está mareada. Alcanzamos a salir, nos encontramos los seis o siete que estábamos. Nos encontramos seis afuera y nos avisaron que faltaba una compañera; éramos tres hombres, uno estaba esguinzado y le dijimos que se quedara. El piso seguía temblando y volvimos a buscar a nuestra compañera. No entramos como héroes, entramos como pudimos, con mucho miedo. A los gritos la encontramos a ella, la ayudamos a que salga y a partir de ahí comenzó todo porque no entendíamos qué pasaba. No sabíamos si había sido un atentado, o si había sido una bomba. Después nos dimos cuenta que había sido un terremoto.- ¿Qué pensó tu cabeza en ese momento, al darte cuenta que estabas vivo?- En el momento sí sabíamos que estábamos vivos, que estábamos sanos, teníamos golpeados los codos, las rodillas un poco, pero lo que teníamos que hacer era llegar hasta el hospital. Lo que nosotros deberíamos haber tardado 20 minutos tardamos dos horas. Mientras, la gente deambulaba; un millón de personas caminando por las calles heridas. Nos ofrecían los niños; nosotros estábamos en una camioneta y nos pedían ayuda. No podíamos hacer nada, íbamos escoltados por un grupo de brasileros y chilenos que nos venían ayudando. A las dos horas llegamos al hospital y eso fue un caos terrible porque encima el murallón del centro asistencial se cayó. Así que la gente intentaba ser atendida por la fuerza. Era mucha gente, muchos mal heridos. Nuestro hospitalito es muy pequeño así que le pusimos mucha voluntad. Hablando con la gente de Gualeguaychú decíamos que estamos orgullosos de que como argentinos dejamos todo ahí. Esos tres días trabajamos sin parar. Yo como cirujano que esté operando es normal, pero un cocinero que esté masajeando un paciente, masaje RCP (resucitación cardiopulmonar) o uno de farmacia trasladando un muerto; eso te daba un poco de fuerza de decir: "si él que no le corresponde está haciendo esto más teníamos que trabajar nosotros".- ¿Cuáles fueron las primeras imágenes que se te vinieron a la cabeza en ese momento?- Miedo, terror. Yo me asusté muchísimo; todos nos asustamos mucho. A mí, mi novia me alcanzó a decir "fue un terremoto que llegó hasta Dominicana y que también afectó un poco a Cuba". En el mismo desastre no sabíamos qué tan grande había sido. Después dije: "Por Dios, en el supermercado que estuvimos nosotros hubo 50 muertos, 50 cuerpos rescatados y ninguno de esos 50 fuimos nosotros. Gracias a Dios".El hospital está integrado por 57 personas y ningún herido tuvimos. Y acá hubo 150 mil muertos o más, supongo que más. Todavía está tapada de escombros Puerto Príncipe. La ciudad entera está tapada de escombros, debe haber muchos muertos más.- ¿Cómo fue el trabajo tuyo los días posteriores al desastre?- Atendimos pacientes hasta 8 días después del terremoto; seguían cayendo con vida, en muy mal estado pero vivos. Las imágenes son realmente tétricas pero vivirlo hay que sumarle todos los sentidos que te puedas imaginar, por ejemplo, el olfato: la ciudad tiene olor a muerto donde vayas.- ¿Es una experiencia que sin dudas te marca la vida?- Sin duda. Lamentablemente es una experiencia que uno no quisiera repetirla. Porque no quisiera ver nunca más este desastre. Pero calculo que suma a mi experiencia profesional y personal de decir: "de qué me puedo quejar yo. Yo soy un tipo con suerte, pasé un terremoto de más de 7 puntos y encima pude ayudar y soy el cirujano que estaba operando".Los médicos, o todos los médicos cuando empezamos deseamos de alguna manera ayudar de esta forma. Mucha gente que nos mandaba mensajes nos decía: "nos gustaría darte una mano". Demasiado hicieron con alentarnos y darnos fuerza. Esta experiencia ojalá que no se repita nunca más.De todas maneras calculo que con el tiempo vuelvo a ser el mismo Juan de antes y las mismas cosas que me angustiaron antes me angustiarán después. Disfrutemos la vida, vivámosla porque un terremoto nunca avisa. Una catástrofe no avisa. Disfrutemos, vivamos lo mejor que podamos porque lo que yo vi que pasó en este país es terri-ble. Uno considera que de un segundo para el otro ahí terminó todo. El futuro de estos chicos, de este país, de esta gente ya está. Todo se terminó en un segundo; 38 segundos que duró el temblor se acabó un país.- ¿Cómo viste a Haití antes del terremoto, cómo se vive allí?- Haití es el país más pobre de América Latina, es tristísimo porque todas las diferencias sociales, todo lo obsceno de una sociedad está en Haití. Hay exceso de corrupción, prostitución, de droga, exceso de todo. Hay exceso de pobreza, de enfermedades, de HIV, de violencia. Es un país triste, un país perdido donde en los últimos 5 años empezó a levantarse pero ya de por sí era muy difícil, encima -pobre Haití- le viene un terremoto de los más grandes del Caribe. El haitiano tiene una personalidad muy particular, está golpeado desde hace 500 años, entonces lo viven como una más.Una vez llegado a Gualeguaychú, este médico que trascendió las fronteras por su trabajo, por su entrega y su entereza, deja una enseñanza acerca de dar más de lo que uno espera recibir y se expresa con una humildad extrema: "Quiero agradecer por todas las palabras de aliento, por preocuparse por mi. Pido mil disculpas a los que sufrieron por mí porque me quieren y realmente lo digo de corazón. Gracias por no considerarme un héroe, los héroes son los pobres haitianos muertos ahí. Y gracias por el reconocimiento. Amo mi ciudad, amo mi país, y estoy más que feliz de estar acá. Números que reflejan la realidad haitianaTasa de mortalidad de menores de 5 años, 1990 152Tasa de mortalidad de menores de 5 años, 2007 76Tasa de mortalidad infantil (menores de 1 año), 1990 105Tasa de mortalidad infantil (menores de 1 año), 2007 57Tasa de mortalidad neonatal, 2004 32Población total (miles), 2007 9.598.000Nacimientos anuales (miles), 2007 270.000Muertes anuales (menores de 5 años) en 2007 21.000Esperanza de vida al nacer en 2007 61 añosTasa total de alfabetización de adultos 2000-2007 62%Tasa neta de enseñanza primaria 2000-2007 50%
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

