La impunidad es una moneda demasiado corriente para la democracia de Argentina
El esclarecimiento de los hechos de corrupción no ha sido el fuerte en el país. Ni tampoco motivo de condena por parte del electorado. La justicia absolvió a todos los involucrados en la venta de armas a Croacia y Ecuador.Por Jorge Barroetaveña Otro capítulo de impunidad. Menem hoy es un hombre grande que supo tener mucho poder. Inmenso. No tanto como Néstor Kirchner o Cristina hoy, pero no había nada en la Argentina del poder que no supiera de sus deseos. Ganó las elecciones de 1989 sin decir un ápice de lo que iba a hacer. Es más, insinuó poco de lo que finalmente hizo, como fue abrazarse a las políticas neoliberales y dejar su sello con las privatizaciones. Fue la prensa la que tuvo un rol clave en su segundo mandato denunciando muchos hechos de corrupción, entre ellos justamente la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador, precisamente cuando la Argentina era garante de la paz entre estos últimos y Perú. En 1995 y cuando la corrupción era algo más que un fantasma, Menem obtuvo la reelección con más votos que en 1989. Al grueso de la sociedad no le importó la sospecha o el manejo poco claro de los fondos públicos, imperó el voto cuota y la plena vigencia del uno a uno después de años de inflación. El desgaste natural del poder hizo aflorar lo peor del menemismo, igual que los crujidos cada vez más sonoros que empezó a emitir la convertibilidad. En 1999 la Alianza capitalizó la crisis terminal del modelo de Cavallo y se enancó en las banderas de la transparencia. De la Rúa y Álvarez parecían la contracara perfecta de un Menem devaluado y golpeado por las denuncias de corrupción. Duró poco la ilusión, pero De la Rúa no cayó por la 'Banelco'. Cayó por su ineficacia para salir de la convertibilidad, por pifiarle en el diagnóstico y por cometer el único pecado que un presidente argentino no puede cometer: dudar para conducir.Néstor Kirchner recibió el barco derecho y supo llevarlo a aguas más calmas. Hasta bien entrado en su gobierno no tuvo que andar dando muchas explicaciones sobre casos de corrupción. En 2009, su única derrota en el poder, estuvo motivada por otras cuestiones alejadas de la transparencia explicándose en sus modos autoritarios y en el abuso del estilo confrontativo. Hoy, los graves dichos de Schoklender es probable que no tengan correlato en las elecciones del próximo 23 de octubre. El escándalo que salpica la Fundación Madres de Plaza de Mayo ya existía el 14 de agosto pasado y la Presidenta recibió un aluvión de votos. La motivación de la mayoría no estuvo en la transparencia, sino en cierta tranquilidad económica, expectativas de crecimiento y mejora de la situación personal.Pero casos como el del expresidente Carlos Menem, en poco contribuyen a la credibilidad del sistema, de la justicia y de los valores que, una sociedad moderna, debería defender. ¿Es posible que un proceso judicial lleve más de 15 años? ¿Y que al final del camino sólo esté la absolución? ¿Cuál es el mensaje que recibe la sociedad ante tamaña decisión? ¿Alguien puede pensar seriamente que no hubo responsables en el tráfico de armas ilegal al exterior? ¿Qué el plan se gestó por obra y gracia del Espíritu Santo? El correlato de impunidad que acarrea la resolución absolutoria de Carlos Menem no sólo es peligroso sino que corroe las bases mismas del sistema.Las demoras del Juez Oyarbide en investigar las graves denuncias de Schoklender no hacen más que aumentar los fantasmas del manipuleo judicial por parte del poder político. Cuanto menos se robaron cientos de millones, dejaron empleados en la calle y ensuciaron la bandera de los derechos humanos. ¿No alcanza eso para buscar esclarecer los hechos y deslindar responsabilidades? ¿O sólo se trata de tapar el escándalo y buscar salvar los intereses del kirchnerismo?Si un funcionario es denunciado, ¿no debería haber una rápida actuación judicial para deslindar responsabilidades y llevarle tranquilidad a la sociedad en uno u otro sentido? ¿No convendría saber si metió la mano en la lata o no metió la mano en la lata en tiempos y plazos razonables? Si no es corrupto, fantástico, pero sí lo es, ¿cómo puede seguir desempeñándose en su cargo? En todos estos años Menem, después de la presidencia, fue legislador nacional. ¿Y si lo condenaban hubiéramos tenido a un corrupto como senador? ¿Es posible tamaña irreverencia contra la transparencia del sistema democrático? Los pliegues del sistema contribuyen, al cabo, a fomentar la impunidad y extender en la sociedad el terrible 'roba pero hace'.El gobierno actual, como el de Menem en los '90, parece blindado a cualquier cuestionamiento ético vinculado a la transparencia. La economía, niveles de inflación tolerables funcionales al modelo, y el fuerte liderazgo de Cristina le sirven de cobertura. La oposición deberá ser bastante más ingeniosa que lo que ha sido hasta ahora para captar la voluntad del electorado. No alcanza sólo con prometer honestidad y manejo claro de los fondos públicos. Hay que dar certezas de los caminos por transitar. Ninguna sociedad se suicida dando un salto al vacío. Y las motivaciones éticas y humanas, son un condimento más entre las económicas. El kirchnerismo cuida como un tesoro estas últimas y las primeras las negocia de acuerdo a la circunstancia. Es pragmático hasta en eso.
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