La industria del juicio
Hasta hace algunos años atrás (en la "vieja era" del reciente siglo pasado) cuando un joven no tenía el deseo o la posibilidad de poder estudiar, aprendía un oficio. Y así concurría como "aprendiz" de un experto, el que como un sabio maestro, con paciencia, dureza y hasta ternura al mismo tiempo, le iba enseñando el oficio.Por Julio César ZarraOpinión - tercera parteHora a hora, día a día, año a año, hasta que ese vínculo prosperaba y se establecía, a fuerza del compartir, una suerte de relación muchas veces casi mejor que la de "padre-hijo" y donde el viejo "maestro" se sentía orgulloso cuando se llegaba al caso en que "el alumno supera al maestro".Luego ese aprendiz de carpintero ponía una carpintería, o el del mecánico ponía un taller mecánico, o el del herrero ponía su propia herrería, siempre con el estímulo y el apoyo de su maestro empleador, dando por terminada y muy satisfecha su labor, cuando su discípulo se emancipaba.Y así era como una proyección de sus conocimientos, la continuidad de una tradición. Y se escuchaban expresiones como: "fulano, el que trabajó con mengano, una garantía" o "fulano, el que se formó con mengano, de primera, un gran muchacho", donde tanto fulano como mengano estaban orgullosos de su relación y hasta conservaban una amistad durante el resto de su vida, aún siendo ya competidores en el trabajo. Hoy en día, gracias a los "útiles" abogados del siglo XX cambalache, ya el aprendiz del carpintero, del mecánico o del herrero, no necesitan poner una carpintería, taller o herrería, porque gracias a la INDUSTRIA DEL JUICIO de esta nueva era, en un perverso y siniestro dispositivo instrumentado con la ayuda de un "ecuánime" Ministerio del Trabajo y de jueces, burócratas de oficina, que se pliegan en la supuestamente heroica reivindicación del trabajador, se le quedan directamente con la carpintería, el taller o la herrería entera del maestro empleador.Por haber estado tantos años "en negro", solo unidos por un vínculo de confianza, respeto, solidaridad, generosidad y buena fe. Hasta que apareció un "letrado" (por no decir el mote con que se suele designar vulgarmente a los profesionales del Derecho) que convenciendo a esa pobre persona del enriquecimiento que "se merece", presenta en los Tribunales una demanda multimillonaria que ni todas las propiedades de su empleador alcanzan para amortizar esa suma que deberá "indemnizar" a su "fiel" empleado de toda la vida, quien reclama desde el guardapolvo gris o los guantes y el "refrigerio" que no recibió en una tarde calurosa de 1972 o un sábado a la tarde que se quedó después de hora para terminar un trabajo. Por eso hoy "el aprendiz" de un noble oficio ni siquiera es una especie en extinción, sino que está definitivamente extinguido. Porque lamentablemente debemos aceptar que los códigos que hemos conocido y con los que de chicos nos han educado, ya no existen, son obsoletos. Han sido reemplazados por los inescrupulosos códigos de la modernidad, donde una deuda, un acuerdo o un trato "de palabra" parecieran más viejos que los mismísimos dinosaurios.Donde respetar "la palabra", tiene menos vigencia que un Renault Gordini de 1956. Y la letra de "Desencuentro", de Catulo Castillo: "La araña que salvaste te picó, que vas a hacer! Y el hombre que ayudaste te hizo mal, dale nomás!, es mero producto de la Ciencia Ficción de otra época, porque hoy es moneda corriente y no sorprende a nadie. Y así, como en la polémica y contestataria película italiana "La clase obrera va al paraíso" (1971), donde Gian María Volonte expresaba el hartazgo por su opresión, ironizando: "una pieza, un culo", hoy decimos: "un empleado, un juicio". Hasta hace algunos años, cuando el Derecho era digno (o se ejercía con dignidad) y la profesión de abogado era la de defender los derechos de las personas usando la Jurisprudencia en términos de ecuanimidad, si un vecino se molestaba con otro, podía discutir encarnizadamente, interrumpir el trato y hasta dejar de saludarlo durante un tiempo, hasta que se disiparan las viejas rencillas y reanudaran el buen vínculo.Hoy no se pierde el tiempo de esa manera, en vez de un insulto por lo bajo, escuchamos a viva voz un: "Te voy a demandar!" Patética expresión, que de una forma muy poco feliz hasta pareciera estar de moda. Y ahí estamos, carne trémula de los abogados, sumidos en otra de las interminables aristas de la frondosa y jugosa actual "Industria del Juicio", donde los valores éticos quedan supeditados a tristes "razones" meramente económicas ("resarcimiento económico", que le dicen!) y los códigos éticos de la dignidad humana "ven llorar la Biblia junto a un calefón".La resultante al día de hoy es que los empleados de un negocio terminan quedándose con él, o los obreros de una fábrica pasan a ser sus dueños y aún así hasta no alcanza y se les termina de pagar en cuotas que los empleadores mueren de viejos antes de terminar de pagarlas y deben seguir sus herederos.Más la violencia de los sindicatos, con los "gremialistas", nueva especie de la escala zoológica que califica en una especie de defensores populares pero que es vox populi que lo único que defienden es su propio bienestar y en nombre de la "justicia social" comenten los máximos improperios inimaginables, pero propios de estas patotas "legales" de impunidad sindical.Y ya nadie quiere contratar a un empleado, ni siquiera tener un asistente o secretaria y hasta para llamar a una persona que realice la limpieza de una casa hay que llamar primero al Contador y al abogado, para estar cubiertos legalmente por las dudas. Porque antes de pensar si esa persona va a limpiar el living de la forma en que nos gustaría que lo haga, estaremos pensando cómo nos vamos a defender del juicio que nos puede llegar a hacer.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

