BAJA EN EL CONSUMO DE CARNE
La inflación y la demanda exportadora repercute en los precios de los cortes de las carnicerías de la ciudad
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Mientras el precio de la carne vacuna acumula subas muy por encima de la inflación, el consumo interno toca mínimos históricos y las carnicerías de la ciudad sienten el impacto de una menor demanda y una oferta cada vez más orientada a la exportación.
No es una novedad que el consumo per cápita de carne vacuna sufrió una caída histórica en 2024 debido a la crisis económica. Aunque con algunos repuntes, el bajo consumo cárnico se mantuvo hasta el día de hoy. Detrás de esta merma sin precedentes en las últimas décadas está, principalmente, el aumento sostenido del precio de la carne vacuna, que en 2025 tuvo subas cercanas al 70%, más del doble que la inflación minorista del año pasado (31,5%). Tal es así que en diciembre fue uno de los que más se incrementó dentro del Índice de Precios al Consumidor (IPC).
La tendencia continuó en enero de 2026, donde si bien la inflación informada por el Indec fue de 2,9%, la carne de res tuvo una suba promedio del 4,9% respecto de diciembre. En promedio, el precio del asado aumentó 5,6%, el de la carne picada común 3,1%, el del kilo de paleta 2,6%, el del cuadril, el de la nalga 3,3% y el de las hamburguesas congeladas envasadas 6%. Esto se vio directamente reflejado en el consumo, que cayó el mes pasado ubicándose en 47,9 kilos per cápita/año, el peor número desde 2005, según informó la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina (CICCRA).
La novedad que se suma en este contexto es el reciente acuerdo comercial firmado con Estados Unidos, que aumenta la cuota de exportación de carne vacuna argentina de 20.000 a 100.000 toneladas anuales. La iniciativa extiende el cupo sin aranceles para alentar la venta de carnes argentinas al país del norte, pero no impacta de la misma forma en todos los sectores.
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Ante este panorama, y para indagar en cuál es la situación de las carnicerías de Gualeguaychú, Ahora ElDía conversó con dos referentes locales del sector: Matías Weigandt, de la Carnicería La Colonia, y Giani Veronesi, de Carnes Veronesi. Ambos identificaron el rol clave que cumplen las exportaciones en la oferta y demanda, y la consecuente construcción del precio de la carne.
“La demanda de exportación es mucha, y más ahora que EE.UU. empezaría a comprar más. Hay muy poca oferta de terneros o novillos para el consumo interno, por lo que quien quiera conseguir uno tiene que pagarlo al valor de exportación”, señaló Veronesi, quien explicó que los ganaderos prefieren aumentar el peso de sus reses para destinarlas a la exportación, en lugar de ofrecerlas para el llamado “consumo liviano”, que ocupa un lugar preponderante en el mercado interno. “Hay muy poca oferta cuando salís a comprar o cuando vas a los remates. Y lo poco que hay vale mucho”, expresó.
Y agregó: “Hasta que no haya más cabezas de ganado en los campos como para que la oferta sea mayor, el precio va a seguir siendo igual al de la exportación. Pero para tener más hacienda en los campos se necesitan créditos accesibles para que el productor pueda invertir en comprar vacas, que puedan tener terneros, y por el momento no hay”.
Weigandt, por su parte, manifestó: “Pienso que la apertura de las exportaciones influye un montón. Estábamos en 20 mil toneladas y vamos a pasar a 100 mil, por lo que la carne va a seguir subiendo. Es una cuestión de sentido común y de interpretación de la economía. Hay muchos factores, como los años de sequía, que se suman a la apertura de exportaciones; pero todos influyen un poco”.
Y resaltó: “Si se va a exportar el quíntuple de toneladas de carne, y aún así ya tenemos subas por encima de la inflación, hay que imaginarse lo que va a subir cuando se llegue a las 100 mil toneladas. La poca carne que va a quedar va a valer oro. Sinceramente, no sé qué va a pasar con nuestro rubro, y a dónde vamos a ir a parar”.
El dueño de La Colonia contó que, si bien su negocio tiene un buen funcionamiento, tuvo que reducir la cantidad de empleados. “Hace tres años tenía cinco empleados y no daba abasto, había trabajo para los cinco, pero actualmente tengo dos”, ejemplificó, y afirmó: “Soy uno más del montón que está atravesando una crisis indescriptible en nuestro rubro”.:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/carne_1.png)
“La caída en el consumo se nota. Los carniceros estamos reinventándonos todo el tiempo, ofreciendo productos nuevos, mezclando más cerdo que carne en alguna elaboración para hacerla más económica, por ejemplo. Está la elaboración tradicional que tiene un mayor precio y también hay carnes mecánicamente procesadas -de pollo, por ejemplo- para elaborar una hamburguesa barata. Con la carne vacuna mucho más no se puede hacer. Es decir, a la media res menos de un 25% o 30% no le podés ganar porque no te dan los números”, explicó Weigandt.
En otro orden de cosas, también comentó que “Gualeguaychú está sobrepoblado de carnicerías”. “En su momento, abrir una carnicería generaba muchos ingresos; pero eso hoy ha cambiado un montón, y la recesión económica nos ha afectado a todos”, señaló. Con respecto a las proteínas animales alternativas, también mencionó que “hay quienes están consumiendo carne silvestre, de ciervo y de carpincho; y han abierto muchas sucursales de pollo inyectado, que tiene un 30% de agua, pero se vende barato y la gente lo consume”.
A modo de referencia, cabe mencionar que los precios en carnicerías y supermercados céntricos de Gualeguaychú ubican el kilo de asado y el de bola de lomo entre $14.000 y $17.000 pesos aproximadamente. Precios que en muchos casos se promocionan como ofertas. La carne picada común, en tanto, ronda los $6.000 el kilo, y casi el doble la picada especial. El kilo de roast beef promedia los $11.000 y el de osobuco los $7.500, ambos de novillito. Se trata de valores que sobrepasan el de otras proteínas, como la aviar y la porcina, dos alternativas que aumentaron notablemente su presencia en la ciudad en los últimos años.
De esta manera, mientras los hábitos alimenticios de los gualeguaychuenses se adaptan a un bolsillo ajustado, inclinándose en mayor medida por la carne de cerdo y pollo, aparece un futuro incierto para las pequeñas y grandes carnicerías. Un futuro que dependerá no solo de la evolución general de la economía y del poder adquisitivo de los salarios, sino también de políticas que incentiven la producción ganadera con el ojo puesto en equilibrar la balanza entre el mercado externo y el consumo interno.

