RADIOGRAFÍA DEL EMPLEO
La informalidad es uno de los grandes desafíos que enfrentan los jóvenes cuando se insertan en el mercado laboral
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Tanto en la ciudad como en el campo, la precarización laboral constituye una de las principales debilidades de la región, agravada por la escasez de ofertas de empleo. Expertos aseguran que Entre Ríos tiene un nivel de inserción laboral por debajo de la media nacional, especialmente en los rangos etarios más jóvenes.
El mercado laboral en Argentina muestra una marcada brecha entre la población general y los jóvenes. Mientras la tasa de desocupación se ubica en 7,5%, entre las personas de 14 a 29 años alcanza el 16%, de acuerdo a datos de 2025. Seis de cada diez jóvenes que se incorporan al mercado lo hacen a través de empleos informales, con escasa estabilidad y sin acceso a derechos laborales según la Organización Internacional del Trabajo. Esta combinación de mayor dificultad de acceso y peores condiciones de inserción ubica a los jóvenes como uno de los grupos más afectados por las tensiones del mercado laboral.
La situación no es muy distinta en Gualeguaychú. Carolina Martínez, técnica en Recursos Humanos, habló con Ahora ElDía y analizó el panorama local: “Hay oportunidades laborales para jóvenes en la ciudad, aunque no siempre en la cantidad o calidad que los jóvenes esperan. Se observa poco movimiento, pero principalmente en comercio, gastronomía, turismo, atención al cliente, ventas y algunos puestos operativos en industrias. El desafío muchas veces no es sólo encontrar trabajo, sino acceder a empleos formales que permitan desarrollar una carrera laboral a largo plazo”.
Asimismo, señaló: “La informalidad sigue siendo una realidad que afecta especialmente a quienes buscan sus primeras experiencias laborales. Muchos jóvenes aceptan trabajos sin registrar para adquirir experiencia o generar ingresos. Es importante seguir promoviendo el empleo formal porque garantiza derechos, estabilidad y mejores oportunidades de desarrollo”.
Esta situación también afecta a jóvenes profesionales que buscan insertarse en el mercado laboral y, que, si bien cuentan con formación específica, “suelen enfrentar el desafío de encontrar oportunidades relacionadas con su profesión dentro de la ciudad. Muchas veces deben ampliar su búsqueda a otras localidades o considerar modalidades remotas”.
En cuanto a las exigencias laborales, manifestó que muchas empresas buscan experiencia previa, que los jóvenes pocas veces tienen, por lo que se genera una paradoja: necesitan una oportunidad para adquirirla: “Suelen mostrar disposición para aprender, asumir desafíos y comenzar desde puestos iniciales. Sin embargo, cada vez valoran más los ambientes de trabajo saludables, el respeto, las oportunidades de crecimiento y el equilibrio entre la vida personal y laboral. Hay una mayor conciencia sobre la importancia de trabajar en espacios donde se respeten sus derechos y se reconozca su aporte. Por eso, muchas veces renuncian cuando esto no se da”.
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Matías Romero, becario doctoral (INES-Conicet-UNER), lleva adelante un estudio sobre juventudes y mercado laboral en grandes aglomerados urbanos como Paraná y Concordia, a partir de los datos que brinda la Encuesta Permanente de Hogares. En estas mediciones, Gualeguaychú no está contemplada. Sin embargo, las conclusiones generales de la investigación permiten comprender cómo es la situación del mercado laboral joven en Entre Ríos: “El panorama laboral de las juventudes en Entre Ríos tiene particularidades que son diferentes a lo que sucede en el en marco nacional. Primero, hay menores niveles de empleo que en el total nacional, pero también esto va de la mano con niveles de actividad: menos jóvenes que buscan trabajo. Sabemos que los jóvenes de sectores más medios o altos pueden salir de la provincia a estudiar y mantenerse un tiempo sin trabajar, y eso en algunos sectores más vulnerables no sucede”.
Desde su mirada como economista, resaltó: “La participación laboral juvenil tiene una tendencia, que es más procíclica, es decir, que sigue el ciclo económico. Cuando la economía está bien, más jóvenes se insertan, pero cuando empieza a estar mal, hay una salida de jóvenes del mercado laboral, esto se da así desde inicios del siglo XXI”.
Luego de la pandemia, indicó que hubo un cambió en el mundo laboral, donde se difuminaron las diferencias de sociales: “Las juventudes tienen ganas de un empleo protegido, pero lo que sucede es que les cuesta encontrarlo. Ese es un cambio de postpandemia, por las condiciones económicas del país, con una inflación muy alta y problemas para llegar a fin de mes. Esto requería tener más empleos, más horas, y se fue afianzando con el gobierno de Javier Milei. No quiero decir que no se daba antes, sino que lo que vemos desde el análisis del mercado laboral, es que estas situaciones eran más bien excepcionales o de sectores de la población más vulnerables, y ha empezado a alcanzar a la generalidad de las juventudes. Es decir, todas las personas jóvenes tienen naturalizado acceder a un puesto más informal, que tiene peores condiciones laborales que la norma, y a partir de eso acceder a otras cosas. Lo comparo con estudios de especialistas, que ya veían estas malas condiciones de inserción laboral, pero, lo que sucedía era que había una clara diferenciación de las personas de origen vulnerable, y las personas medias y altas, que a través de su capital simbólico podían acceder a mejores puestos vía mejor educación o lazos sociales, y esto se ha desdibujado en la actualidad. La precariedad alcanza a la mayoría de las juventudes”.
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Romero indicó que los jóvenes suelen interpretar las mejoras en las condiciones laborales en relación a experiencias pasadas: “Vienen que empleos muy informales y esa es la vara de expectativa: que no les griten, que no los despidan sin justificación, a eso es a lo que se enfrentan las juventudes”.
A través de entrevistas, el investigador pudo verificar que “la noción de independencia económica está muy lejos con puestos precarios como tienen los jóvenes, incluso aquellos que son profesionales”. A esto se le suma, la necesidad de tener más de un empleo para poder sostener el nivel de vida.
La informalidad en el campo
María Emilia Schmuck, investigadora del Conicet en el Instituto de Estudios Sociales de la UNER, describió cuál es la situación que viven los jóvenes del campo a la hora de insertarse laboralmente, y advirtió que, si bien es difícil hablar en términos generales, hay algunas conclusiones a las que se puede arribar: “La provincia está atravesando desde fines de los noventa, un proceso de envejecimiento de la población rural, sobre todo de la gente que vive efectivamente en el campo. Muchas veces, los jóvenes tienen que migrar de sus lugares de origen a otros lados, porque hay una disminución de la oferta de trabajo en zonas rurales, sobre todo, en los lugares donde han avanzado las grandes concentraciones de la producción, en detrimento de las producciones familiares, las chacras, los galpones de pollos, o los tambos, que son producciones que dan más trabajo a los jóvenes. En los lugares donde ahora prima la estancia o la producción extensiva, en los que avanza la mecanización, o que requiere trabajos mecanizados muy específicos, se vuelve más difícil, por eso, van a buscar trabajo a las ciudades, en los sectores de servicios o en otros puestos”.
En el campo también se verifica mucha informalidad, que viene de la mano de mayor movilidad, no solo por las producciones estacionales, sino de estancia a estancia: “Los jóvenes van cambiando mucho de trabajo, algunas veces con sus familias, otras autónomamente, por el pago y la falta de estabilidad. En muchas zonas rurales, los jóvenes también participan de una multiplicidad de tareas y actividades productivas, no hacen únicamente una labor, y como pasa en las ciudades, van changueando o dedicándose a diferentes cuestiones. A veces, cuando tienen un pedazo de tierra, van sumando otra actividad para lograr algunos excedentes que permitan la mejora en la vida cotidiana”.
En términos generales, Schmuck resumió: “En los últimos años, los jóvenes están en una situación particularmente desfavorable en el acceso al mercado laboral, como suele suceder en contextos de crisis. En estas circunstancias son los jóvenes y las mujeres, sobre todo las jóvenes, las que sienten la retracción en el mercado de trabajo y del Estado”.
Entre Ríos cuenta con una ley que buscan promover el trabajo de los jóvenes: la normativa 10.394, que crea el Régimen de Promoción para el Emprendedurismo Joven Entrerriano, el cual contempla un Fondo Especial, orientado, sobre todo, al sector agropecuario.
Trabajo remoto, una opción
Ante la escasez de empleo, el trabajo remoto surge como una alternativa clave para ampliar los horizontes de la búsqueda laboral. “Hoy un joven de Gualeguaychú puede postularse a oportunidades en otras ciudades e incluso otros países. Sin embargo, para aprovechar estas oportunidades es importante desarrollar competencias digitales, manejo de herramientas tecnológicas y, en algunos casos, conocimientos de idiomas”, advirtió Carolina Martínez, técnica en Recursos Humanos.
Por su parte, el economista e investigador Matías Romero llamó la atención sobre este tema, ya que “hay una idea de que las juventudes son las que más trabajo a distancia tienen, y es una pregunta que está abierta. En un contexto de desigualdades, y tantas imposibilidades económicas, acceder a una computadora es difícil, y esa idea general que hay en torno al trabajo remoto, tiene que ser problematizada”.

