“La juventud va a tener que hacerse cargo del país”
Le preocupa la apatía de la nueva generación por la cosa pública. Cree que eso podrá cambiar el día que los jóvenes comprendan que si ellos no se meten en la política, su situación personal empeorará. Eso le dijo a Radio Cero Patricio Giusto (27), politólogo y colaborador de este diario.Por Gustavo Rivas y Marcelo Lorenzo- Su apellido remite a una tradicional familia del puerto...Patricio Giusto:- En efecto (...) Soy hijo de Gustavo Giusto, nieto de Héctor. Somos cinco hermanos varones, aunque uno ya falleció. Yo soy el tercero.- ¿Dónde cursó la escuela primaria?- En la escuela Tomás de Rocamora. Después hice el secundario en el Pío XII. Pertenezco a la promoción 2000. Al año siguiente me fui a estudiar Ciencias Políticas a la Universidad Católica Argentina en Buenos Aires, donde me recibí en 2005 (a los 24 años). Mi tesis de grado fue un trabajo de campo que hice en la provincia de Santa Cruz.- De su currículum se desprende que ha hecho muchos trabajos en el sur.- Exactamente. Porque presenté ese estudio en el programa de Investigación Patagónica de la UCA y empecé a trabajar. Y a partir de ahí hice otros estudios en la región patagónica. Estuve en Chubut y en Neuquén. Después, como me interesa mucho el tema de desarrollo local, la política provincial y municipal, me metí en FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), donde hay una buena propuesta sobre esta temática. Por otro lado, era como otra biblioteca. Necesitaba contrastar un poco la visión de la UCA con la de FLACSO. Me gustaba mucho esa idea de contrastar dos tipos de cosmovisiones. Hice un post-grado en Desarrollo Local y Economía Social, que es una temática que específicamente solo se estudia en FLACSO. Después hice otro postgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas. Luego otro sobre Desarrollo de Políticas e Integración Regional. Es decir, el tema del desarrollo local en el contexto del Mercosur.- Usted vive en Buenos Aires, pero viaja seguido a Gualeguaychú...- Es así. Trato de venir seguido, porque desde el primer día que me fui a estudiar allá tuve en mente volver a mi ciudad, para poder algún día aportar algo. Tengo toda mi familia paterna acá. Y muchos amigos, por supuesto (...) Me contacto con Gualeguaychú de distintas maneras. Me mantengo al tanto de lo que pasa, por ejemplo, leyendo la edición digital de EL DIA.- ¿Qué hace actualmente en Buenos Aires?- Trabajo en forma independiente. En este momento estoy por empezar un emprendimiento de Consultoría Política, orientada al análisis político de Argentina y Brasil. Además, escribo en una revista del sector energético que se llama Tecnoil y soy asesor de una cámara del sector, la cámara de la empresa de gas licuado, de gas en garrafas.- ¿Estuvo trabajando con Rosendo Fraga?- Para la elección de junio trabajé especialmente para él. Rosendo tiene un contrato con la edición digital del diario La Nación. Todos los trabajos salieron reeditados en lanacion.com.- Su oficio, por tanto, ¿es el de politicólogo?- Se le dice de las dos maneras: politólogo y politicólogo. Digamos que las dos palabras están aceptadas por la Real Academia. Aunque quizá la palabra "politicólogo" suene algo despectiva. Se puede acercar quizá a "politiquero".- Ahora bien, una cosa es estudiar ciencias políticas y otra es el ejercicio activo de la política. ¿No cree que hay diferencia?- Y es el eterno problema del científico y el político. Es decir, está el que se dedica a estudiarla, hace teoría; y el que directamente hace política, que no necesariamente es alguien que conoce la ciencia política. De hecho los grandes políticos exitosos -podemos tomar varios casos en la historia- no fueron politólogo.- Bueno, el padre de la política moderna, Nicolás Maquiavélico, hizo las dos cosas: fue canciller de Florencia y escribió El Príncipe.- Eso también es cierto...- ¿No cree que la política argentina se revela más que interesante?- Es un festín para nosotros los politólogos (Risas). Trabajo no nos va a faltar. Y aburrirnos, jamás.
Reforma a medida- ¿Qué lectura hace de la reforma política que acaba de anunciar el gobierno?- Creo que es una medida oportunista del gobierno antes de que se le termine la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Es para tratar de abonar más la utopía de Kirchner de volver a ser presidente en el 2011. Al margen de esto, es importante que vuelvan las internas a los partidos. Una de las principales causas de la crisis de los partidos, fue la desaparición de las internas (...) Pero son las mismas internas que Kirchner derogó siendo presidente. Ocurre que entonces no le convenían. Ahora, como le convienen, alimenta la ilusión de que manteniendo el aparato del conurbano y controlando a los gobernadores con la caja, puede ganar una interna en el peronismo, dejando sin chances a Reutemann, Duhalde o Solá. Entonces, la clave de la reforma, apunta a eso. Más allá, insisto, que creo que es bueno que vuelvan las internas a los partidos.- ¿No cree que tamaña reforma, en un país con crisis de representación, debería salir con el consenso de todas las fuerzas políticas?- Por supuesto. La oposición, que no se presentó al lanzamiento de la reforma, toma recaudos. Se sintió usada durante la ronda de diálogo político que convocó en su momento el gobierno, tras las últimas elecciones. Eso fue una cortina de humo que utilizó el gobierno, para avanzar en otros temas, como la Ley de Medios. Con estos antecedentes, es lógico que no se haya presentado al lanzamiento de la reforma. Una reforma, por otra parte, que afecta a todos los partidos y a la vida democrática del país (...)- Usted tocó el tema de la crisis de representatividad. El modelo político implosionó en 2001. Pero parece que no hemos avanzado mucho.- En el 2001, efectivamente, hubo un punto de quiebre. Entonces empezaron a aparecer las asambleas sociales, las organizaciones vecinales, y daba la sensación de que la gente volvía a participar, volvía a meterse en política, a hacerse cargo de la cosa pública. Pero este ímpetu empezó a retroceder en la medida en que el país fue saliendo de la crisis económica. Es como si esa gente hubiera pensado: "bueno ya está, todo funciona de vuelta".- ¿Y qué volvió entonces, la política del aparato?- El aparato nunca se fue. Siguió estando (...) Sin embargo, el 28 de junio la gente mandó una señal. Dijo algo así: "está bien, no estamos participando activamente, pero tampoco vamos a tolerar ciertas cosas". Es decir, puso un límite. Ahora bien, yo creo que con eso no alcanza. Creo que la participación política, el compromiso cívico, es algo de todos los días. Eso es lo que hay que entender. Porque ahí está la clave.- Es llamativo que la reforma política del gobierno omita la principal demanda ciudadana, que es la boleta única o el voto electrónico.- Sí, parece mentira que estas dos cosas -que justamente pidió la oposición- no figuren. De todas maneras, no pierdo las esperanzas de que en el Congreso -una vez que entre el proyecto- se puedan lograr algunas modificaciones. Creo que la clave, además, es sacarle el dominio del proceso electoral al Ministerio del Interior. Es decir, hay que evitar el manejo discrecional de los fondos para la campaña política. Está bien que la distribución de los recursos sea equitativa. El problema es que los administre el gobierno sin ningún tipo de control.- ¿Cómo imagina la relación entre el poder legislativo y el Ejecutivo una vez que se incorporen al Congreso los diputados y senadores electos en junio pasado? - Lo que se ve, hoy por hoy, es una oposición muy fragmentada. Está el peronismo disidente por un lado y el panradicalismo por otro. Pero allí hay muchos liderazgos que parecen irreconciliables. Por ejemplo, hay un enfrentamiento abierto entre el vicepresidente Julio Cobos y Lilita Carrió. En el lado del peronismo la cosa no está clara. Carlos Reutemann tuvo una derrota fuerte en Santa Fe y quedó debilitado. Después está Eduardo Duhalde, que quiere ser presidente. En este contexto de fragmentación de la oposición, el oficialismo, aunque mermado, se hará fuerte. No hay que descartar que utilice el poder de la caja para cooptar distintos sectores políticos (...) La oposición no ha podido articular una propuesta política de manera unificada, más allá de la intención de muchos de sus miembros.- ¿Puede cuajar en la Argentina la firma de un pacto como el de la Moncloa, como pregonan Duhalde y Terragno?- Creo que sí, pero en la medida de que se dejen los intereses personales de lado. No veo por ejemplo en Terragno ningún interés personal. Su trayectoria política ya está hecha. Pero en el peronismo me quedan dudas. Hoy por hoy, más allá de la postura de Duhalde, no veo en sus líderes una voluntad de acordar políticas de Estado, del tipo que se fraguó en España tras el franquismo.
"Todo es política"- Cada vez más se tiene la impresión que el problema argentino no es económico sino político. ¿Qué piensa?- Es un problema político, sin dudas. Hay una tendencia errada a parcializar la realidad. Se habla de un problema social o económico. Pero ambos fenómenos, responden al tema político. En el fondo todo es político. Aunque si llevamos más allá el análisis, podríamos coincidir en que detrás de la política hay un modelo cultural. Entonces podríamos decir que el problema de la Argentina es cultural.- Visto desde esta perspectiva, se entiende entonces por qué a los argentinos nos cuesta acordar. Parece que estamos incapacitados para proyectar el futuro. - Ocurre que el argentino es muy individualista, cortoplacista y no tiene una cultura del debate. No nos olvidemos que el devenir histórico nuestro estuvo signado por muchas interrupciones democráticas, que otros países, incluso de la región, no han tenido. Entonces esa falta de cultura del debate nos aísla. Nos hace sentir solos, por ejemplo, ante el poder de los políticos. Y en política el gran problema es que no hay sillas vacías. Esa silla que no ocupa la sociedad, alguien la ocupa. Ese es el gran problema que tenemos.- Como dice Guillermo O'Donell: tenemos una democracia delegativa... - Exacto. Una situación que me recuerda a "El Leviatán", de Thomas Hobbes, en el cual la sociedad le delega todo al que detenta el poder, y se desentiende. Y el soberano, entonces, puede hacer lo que quiere. Y esto más allá de que nosotros tenemos una constitución republicana, representativa y federal. En la práctica es otra cosa (...) Nuestro Leviatán es bicéfalo. Tiene dos cabezas, al ser un matrimonio (...) Volviendo al pacto de la Moncloa, no nos olvidemos que eso fue algo muy específico de la historia de España. No es fácilmente trasladable a otra realidad política. A lo sumo, creo que tenemos que hacer, llegado el caso, otro pacto como el de San Nicolás. En nuestra propia historia ha habido pactos importantes. Y en esas circunstancias hubo hombre públicos que resignaron muchas cosas. Algo que, lamentablemente, uno no ve en el actual escenario político argentino.
El dilema generacional- ¿No cree que la regeneración de la clase política vendrá de abajo hacia arriba, y en este sentido urge revitalizar las comunidades, las ciudades, dándole más poder económico y político?- Estoy totalmente de acuerdo. Creo que la salida argentina es de abajo hacia arriba. A esto lo atravesaría con otro plano: la juventud va a tener que hacerse cargo. Hay una generación que claramente, más allá de la coyuntura y de los actuales nombres (Kirchner o Duhalde, por ejemplo), se está yendo. Siguen ahora, bien o mal, pero se están yendo. Entonces tiene que haber una nueva generación que se haga cargo del futuro de la Argentina. Y esto debe producirse de abajo hacia arriba. Inevitablemente, se impone un cambio generacional. Este es un tema capital. Ahora bien, ¿dónde están esos jóvenes que tienen que hacerse cargo? ¿dónde está el relevo generacional? Ahí está el punto: muchos de ellos no quieren saber nada con la política. Yo doy clases en primer año de Ciencias Políticas en la Universidad Católica. Se supone que los alumnos, que acaban de terminar la secundaria, están interesados en el tema. Pues bien, el tema es que en clase no pueden nombrar dos ministros del gabinete nacional, por ejemplo. Esto da mucho que pensar. A partir de la implosión de 2001, no sólo la sociedad en general se divorció de la política. Los jóvenes se alejaron definitivamente de ella. Le dijeron a los políticos: 'ustedes nos dieron la espalda durante muchos años, ahora somos nosotros los que les damos la espalda a ustedes'. Pero lo que no se percibe es que, más allá de esa actitud de rechazo, alguien sigue gobernando. Que los jóvenes se den cuenta de esto para mí es vital. Porque de a poco tienen que ir apareciendo nuevos líderes, y no solamente del campo de los partidos políticos, sino del seno de la sociedad civil, de los sectores de las ONGs, de los clubes barriales, etc. Deben ir emergiendo nuevos liderazgos.- Se habla de que existe una generación intermedia en la política, aunque todavía están algo tapados.- Bueno, aparece Juan Manuel Urtubey, el gobernador de Salta que tiene 39 años. Está el gobernador de Misiones, Maurice Cross, que tiene 38. Figura también Jorge Capitanich -cuya política no comparto- con 42 años, y que gobierna el Chaco. Es decir, hay una serie de gobernadores, y una parte de los legisladores nacionales, que son jóvenes. En la Coalición Cívica, por ejemplo, hay una camada de ellos. Recuerdo en este momento a Fernando Sánchez y Adrián Pérez. En el radicalismo, e incluso en el peronismo, también empiezan a aparecer algunas figuras jóvenes. El problema hoy es que hay una estructura que está por encima, que es más fuerte que estos liderazgos que pugnan por emerger.- Quizá los jóvenes se re-enamoren de la política el día que perciban que con ella se puede transformar la realidad...- Creo que más bien será el día en que perciban que su no participación en la política, les afecta su situación personal. En este sentido, creo que tenemos que pensar en términos más egoístas. Es decir, la cosa cambiará el día que los jóvenes comprendan que si ellos no se meten en política, su situación personal va a ser cada vez peor. Creo que ésa es la clave. El mejor ejemplo de esto es lo que pasó con el campo, cuyos hombres se dieron cuenta que tenían que salir a la arena pública. Comprendieron que no alcanzaba con la política tranqueras adentro. Había que participar en política, porque de lo contrario a la política la fijaban otros. Este protagonismo del campo, del año pasado, es un quiebre histórico. El dato novedoso es que el hombre de campo se convirtió en actor político (...)
Ser realistas- En Gualeguaychú se está por discutir la Carta Orgánica municipal. ¿No le parece que es una buena oportunidad para que la gente participe?- En esta discusión veo una tensión entre los deseos de cambio institucional y los límites presupuestarios. Tenemos más de 2.200 municipios en el país. Pero desarrollan su actividad dentro de un contexto unitario. Solo el 7 % de la coparticipación va a los municipios. Sabemos los malabares que tienen que hacer los intendentes para gobernar (...) La Carta Magna Municipal puede ser un instrumento importante para la historia de Gualeguaychú. Pero lo ideal sería que estuviese respaldada con recursos. Mi reparo, entonces, es que esa redacción debe ser realista, ajustada a las condiciones económicas reales del municipio. De lo contrario, esa constitución local, que expresa los deseos colectivos, puede ser fuente de frustración entre los vecinos. Esto es lo que hay que evitar (...)- ¿Qué cosas tienen que pasar para que los partidos políticos se reconcilien con la sociedad?- Insisto, es bueno que vuelvan las internas. Hoy los partidos son personas, el que tiene más plata, el que tiene más poder, el que mueve más gente. Tienen que volver las internas para que se vuelvan a debatir ideas. Los partidos políticos se han desideologizado o han perdido contenido. En todo caso deben actualizar sus ideologías, formadas en otro tiempo histórico. La caída de la militancia, de los afiliados, está revelando una desconexión con la sociedad. Esto es lo que hay que revertir (...)- ¿Qué papel le asigna a la educación en todo este proceso?- Es clave si pensamos, como hemos dicho, que el problema central de la Argentina es cultural. No puede haber transformación cultural sino a partir de la educación.
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