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La lactancia materna es la forma más ecológica y segura de alimentar al bebé

La alimentación natural y ecológica es una práctica óptima y sostenible de alimentación infantil que protegen la salud y la vida humana, así como la biodiversidad y el ambiente de nuestro planeta.

Del 1 al 7 de agosto se celebra en todo el Mundo la semana de la Lactancia Materna. Este tipo de alimentación produce cero desperdicio y basura, no crea gases de efecto invernadero (GEI) y su huella hídrica es totalmente insignificante. La lactancia materna es un recurso alimenticio, natural y renovable que contribuye a la seguridad y soberanía alimentaria y del agua.

La puericultora de Gualeguaychú, Soledad Bettendorff acercó a ElDía los lineamientos con los que abordarán la temática este año.

Entre los puntos más importantes están: “Las madres lactantes continúan enfrentando barreras estructurales para poder practicar una óptima alimentación. Los variados obstáculos incluyen las prácticas de comercialización que realizan las compañías de alimentos infantiles, las prácticas hospitalarias que no brindan apoyo, los permisos de maternidad insuficientes e inadecuados, las condiciones nada favorables de trabajo y la falta de acceso a una asequible y calificada asistencia y apoyo necesario”.

La Lactancia Materna contribuye a la lucha por la justicia social y la reducción de la pobreza, ya que ofrece protección a los y las bebés más vulnerables, sus madres y sus familias.

“Cuando fortalecemos las prácticas de alimentación natural y ecológica al proteger y apoyar a las madres para que puedan amamantar, también estamos protegiendo nuestra vida, salud, aire, agua, tierra y planeta”

Ayuda a nivelar los presupuestos familiares y desafía las desigualdades en los hogares y comunidades marginadas que sufren mucho más el impacto negativo del cambio climático. El alto costo de las fórmulas y de los alimentos infantiles ultraprocesados es una carga pesada que abruma a los hogares de ingresos bajos y medios.

Las fórmulas y alimentos infantiles comerciales tienen un impacto negativo en el medio ambiente durante la fabricación, procesamiento y transporte de sus ingredientes, sean leche de vaca líquida o en polvo, soja, arroz y otros cereales, aceites vegetales, azúcares en diversas formulaciones y aditivos. Como resultado, la producción de estos elementos artificiales contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global y los cambios climáticos.

Las granjas industriales de productos lácteos amenazan la biodiversidad y la escorrentía (agua de lluvia que circula libremente sobre un terreno) con la gran cantidad de desechos que acompañan la producción lechera, amenazando gravemente el suministro de agua, contaminando los efluentes con productos químicos nocivos, incluidos los pesticidas.

La fabricación de alimentos infantiles ultraprocesados utiliza recursos como lata y plástico para sus envases, tarros, biberones y tetinas, produciendo desechos que terminan en vertederos, contaminando aún más nuestro medio ambiente. La contaminación plástica, en particular es una catástrofe ambiental que se empeora con el consumo de artículos de un solo uso.

El agua y la leche materna son recursos invaluables que no deben comercializarse ni ser fuente de ganancias corporativas = “Agua para la Vida”.

El agua es un recurso insustituible del que depende la vida, y sin embargo, está escaseando cada día más y más, a ritmos acelerados. Para tener una idea, producir un solo kilo de sucedáneo en polvo de leche materna (1Kg), ¡se utilizan más de 4700 litros de agua! Las empresas como Nestlé generan sus ganancias beneficiándose con la venta masiva de fórmulas infantiles y además, con la venta de agua embotellada - sí, de un recurso público esencial para la vida -¡y a qué costo para el medio ambiente, la salud infantil y la vida del planeta!

Impacto ambiental

En otro de los fragmentos, expresan que “la salud y la vida siempre deben prevalecer sobre cualquier interés comercial. Todas las personas, en particular las madres y quienes formulan políticas públicas, necesitan tener garantizado el acceso a la mejor y más objetiva evidencia científica sobre alimentación infantil, y no necesitan estudios e investigaciones financiados por la industria que lógicamente favorecen sus propios intereses. Pero los conflictos de interés son cada día más evidentes y crecientes, por lo que la industria de alimentos infantiles no debería tener cabida en ninguna discusión sobre políticas de salud, excepto para asumir su responsabilidad en los efectos nocivos de los accidentes industriales, la insuficiencia nutricional y la contaminación bacteriana y química que crean con sus productos”.

La lactancia materna garantiza seguridad alimentaria a los y las bebés y a los niños y niñas pequeñas, particularmente durante las crisis, emergencias y desastres relacionados con el clima.

El cambio climático está provocando un aumento en las emergencias mundiales, como durante la actual pandemia COVID-19, con agudas inundaciones, sequías, incendios y creciente escasez de alimentos, entre otros. Sin duda, la lactancia materna sigue siendo el mejor e insustituible alimento natural y ecológico, el recurso renovable por excelencia, el más económico, el que garantiza la mejor alimentación y calidad para el comienzo de la vida independientemente de otras condiciones, el que proporciona los anticuerpos necesarios y otros elementos protectores únicos, y la mayor seguridad durante los desastres y emergencias locales y globales - siempre y cuando se apoye adecuadamente a las madres para que puedan ejercer su derecho a amamantar”.

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