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La Ley de Emergencia se "olvidó" de los privilegios de la política

El gobierno provincial y sus aliados locales acaban de ser protagonistas de una de las páginas más claras y contundentes del doble discurso y la hipocresía política. La sanción de la Ley de Emergencia ha dejado tan al desnudo la contradicción entre la palabra y los hechos que los vacía de credibilidad.

Esta ley -que no es más ni menos que un manotazo de ahogado- intenta emparchar las desastrosas finanzas con un ajuste que no mueve el amperímetro en los números macro, pero que es un cachetazo para asalariados, jubilados, productores y los entrerrianos en su conjunto.

El deterioro de las cuentas públicas tiene múltiples razones. El déficit de la Caja de Jubilaciones, otro tanto. Y el comienzo de la reparación de ambas no puede ser un ajuste como el que se acaba de votar; debe partir del sinceramiento del gobierno y de la clase política toda, en principio desde una mirada introspectiva.

El gobierno provincial y sus aliados locales acaban de ser protagonistas de una de las páginas más claras y contundentes del doble discurso y la hipocresía política

Si no fuera porque causa indignación, daría hasta para reírse el hecho de que las “causas” del gigantesco rojo de la economía entrerriana las busquen en razones ajenas y no en casi 20 años de continuismo al frente de la gobernación. Resulta imposible pensar que la provincia pueda salir adelante con este nivel de autocrítica.

¿Cómo es posible idear una Ley de Emergencia que no contenga ni una línea en relación a los privilegios de la política; que no hable de un Estado gigantesco dador de favores; que no vaya en búsqueda de una reforma política que garantice servicios y elimine un ejército de militantes rentados?

Tampoco podemos soslayar el apoyo explícito del intendente Piaggio o de los legisladores Maradey y Farfán que sólo desde el discurso florido hablan de “justicia social”. Queda claro que para alimentar la carrera política no importa el combustible siempre que lo aporten los otros.

Tampoco podemos soslayar el apoyo explícito del intendente Piaggio o de los legisladores Maradey y Farfán que sólo desde el discurso florido hablan de “justicia social

Igualmente, en Gualeguaychú estas acciones no causan sorpresa porque es una de las pocas ciudades que no bajó el sueldo a los funcionarios municipales de modo “solidario” ante la crisis sanitaria y económica producto del coronavirus. Otro ejemplo de una casta política que entiende la función pública como un privilegio y no como un servicio.

Nunca la realidad fue más cristalina. El kirchnerismo entrerriano acaba de mostrarse tal cual es. Ni siquiera hay lugar para que los aplaudidores de siempre salgan a defender la medida. Hasta a ellos les da un poco de vergüenza.

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