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La ligadura de trompas es una decisión de la mujer, ni de la pareja, ni del médico: Un ejemplo de lo que no se debe hacer  

El caso sucedió en una clínica privada de Gualeguaychú, hace un par de años. Pero su protagonista recién ahora lo hizo público. Si bien la ligadura de trompas de Falopio es un derecho desde 2006, no siempre es respetado. El paradigmático caso de cómo no se deben hacer las cosas: "le hicieron firmar una autorización a mi pareja; mientras que yo no accedí al consentimiento informado, yo no importé".

Por Luciano Peralta

Hace dos días, el Presidente de la Nación promulgó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). A partir de la cual el aborto dejará de ser una práctica clandestina para ser un derecho de todas las mujeres. Pero, lejos de resolverse el problema, ahora comienza la lucha para que la norma no sea letra muerta. Para que la ley se cumpla en cada rincón del país.

Como siempre que se amplían derechos, existen resistencias. Y, obviamente, el derecho de decidir la maternidad no será la excepción, sino todo lo contrario. Es casi una obviedad que muchos de los médicos y las médicas que se oponen a realizar abortos antepondrán la “objeción de conciencia” y, finalmente, será el hospital o la clínica la que deberá garantizar este derecho. Al menos, eso dice la ley.

El caso que generó esta nota no tiene que ver necesariamente con la interrupción de un embarazo, pero encuentra muchos puntos en común en cuanto a las resistencias de muchos de los profesionales de la medicina al momento de garantizar derechos a las mujeres.

Sucedió hace dos años, cuando Jésica y Martín se enteraron que iban a ser padres por segunda vez. Después de hablarlo entre ellos (las razones son varias y muy válidas, pero son de ellos) resolvieron que ella se practique la ligadura de trompas de Falopio (denominadas así por el anatomista italiano Gabriel Falopio, quien las describió en el siglo XVI).

El problema para esta joven pareja de Gualeguaychú empezó en el momento en el que le expresaron al obstetra esta intención. “Que era muy joven; que me iba a volver histérica; que si me separaba y tenía otra pareja me podía arrepentir, cada control era lo mismo. Así durante todo el embarazo”, contó Jésica sobre las razones esgrimidas por quien era, hasta entonces, su médico obstetra.

El problema para esta joven pareja de Gualeguaychú empezó en el momento en el que le expresaron al obstetra esta intención

En este sentido, es pertinente aclarar que, desde el 2006, “toda persona mayor de edad tiene derecho a acceder a la realización de las prácticas denominadas ‘ligadura de trompas de Falopio’ y ‘ligadura de conductos deferentes o vasectomía’ en los servicios del sistema de salud”, según la Ley 26.130. Siendo únicos requisitos, tanto en el sistema público como en el privado, ser considerada una persona capaz, ser mayor de edad y firmar un consentimiento informado. “No se requiere consentimiento del cónyuge o conviviente ni autorización judicial”, excepto en los casos en que la persona es declarada judicialmente incapaz.

Ley_Contracepción_Quirúrgica_Doc.pdf

Ahora bien, volvamos al caso de Jésica. El tiempo pasaba, la panza crecía y en cada control mensual ella se encontraba con la resistencia del profesional y con los mismos argumentos: “¿estás segura?”; “te podés arrepentir”; “pensalo mejor”, etc. Pasando por alto la decisión a la que la pareja había llegado ya hace tiempo.

Toda persona mayor de edad tiene derecho a acceder a la realización de las prácticas denominadas ‘ligadura de trompas de Falopio’ y ‘ligadura de conductos deferentes o vasectomía’ en los servicios del sistema de salud

“En el sexto mes, después de haber conocido la ley que me respalda, después de consultar con un abogado y hasta averiguar en el Juzgado de Paz cómo resolver esto, le pedí que me confirme la fecha de la cesárea y de la ligadura. Entonces, el médico me pidió que viniera al próximo control con Martín, para saber de primera mano qué pensaba sobre la decisión, como si no bastase con mi palabra”, relató la mujer a ElDía.

En ese control a ella ni la miró, fue como si fuera un paquete. Todas las preguntas me las hacía a mí, una situación fea. Me decía que hable con ella, cuando ella estaba al lado mío, ahí. Me decía que soy el jefe de la familia, como si yo tuviese un poder sobre su cuerpo. Y no es así. El cuerpo es de ella, yo acompaño”, expresó, por su parte, Martín.

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Todas las institucines de la salud, públicas o privadas, deben garantizar la ligadora de trompas de Falopio
Todas las institucines de la salud, públicas o privadas, deben garantizar la ligadora de trompas de Falopio

“Desde ese momento, en todos los controles las preguntas iban dirigidas a él, yo dejé de existir”, relató Jésica, hoy con la tranquilidad que da el tiempo. “Nunca me levantaron la voz ni me gritaron, pero, una vez que pasás por todo esto, te das cuanta que no es necesario gritar para violentar a alguien”, expresó Jésica.

El tiempo pasaba y la situación se dilataba. El profesional no accedía a la entrega del consentimiento informado y la pareja se llenaba, cada vez más, de incertidumbres y miedos, dos componentes totalmente nocivos para cualquier embarazo. “Yo no supe que me iban a ligar las trompas hasta el momento de entrar al quirófano para la cesárea, el médico nunca me lo confirmó, nunca firmé nada”, aseguró la mujer.

El tiempo pasaba y la situación se dilataba. El profesional no accedía a la entrega del consentimiento informado y la pareja se llenaba, cada vez más, de incertidumbres y miedos

Es que, fue recién cuando rompió bolsa y entró de urgencia a la clínica, cuando aparecieron, como por arte de magia, “los papeles” para firmar. Pero, no fue la mujer la que autorizó la práctica, sino su pareja. Todo al revés de lo que estipula la ley aprobada hace 14 años.

Finalmente, la ligadura de trompas de Falopio se llevó a cabo. Pero el padecimiento de esta pareja no terminó. A la semana siguiente, cuando concurrieron a la misma clínica porque la joven madre se sentía mal, con un alto grado de estrés post parto y mucho dolor, tuvo que escuchar el inoportuno e irrespetuoso comentario de la enfermera que la atendió: “Eso pasa cuando una mujer es egoísta”, disparó.

En ese momento, Jésica rompió en llanto y Martín, literalmente, la echó de la sala. Hoy, ambos son muy conscientes de lo vivido y decidieron acceder a esta nota “para ayudar a quienes deseen realizarse la intervención, para que sepan que existe una ley y, sobre todo, para que entiendan que nadie puede decidir sobre el cuerpo de una mujer, ni el médico, ni la pareja, ni nadie”.

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