La muerte anda sobre ruedas
Desde hace varios años las tragedias viales se suceden a diario en nuestro país. De tan frecuentes ya no conmueven. Sin embargo, a principios de este mes dos episodios parecidos en sólo 48 horas sacudieron a los argentinos porque había niños involucrados. Por Mario Alarcón MuñizPrimero en San Luis, dos días después en Chacabuco murieron doce chicos de 10 y 11 años y cinco adultos. A la conmoción siguieron las protestas, acusaciones y todo lo que se estila en estos casos. Ya pasó. A diez días del último episodio nos cercan otras preocupaciones. Y el mundo sigue andando. También la muerte en rutas y calles.En nuestro país una veintena de personas muere cada día en siniestros de tránsito, mientras una cantidad no determinada resulta con lesiones y problemas de diversa índole, inclusive muchos casos de invalidez u otras secuelas graves que complican la vida de la víctima y de su familia.A principios de semana elDía contó nueve personas fallecidas por cuestiones de tránsito en Gualeguaychú en lo que va del año. En igual período en Paraná se han producido 27 decesos. Entre Ríos registra hasta el último viernes un total de 177 muertos. No es admisible continuar de brazos cruzados limitándonos a analizar las estadísticas. Algo hay que hacer. Ahora mismo. Papel del EstadoCierto es que no se trata de un problema de Gualeguaychú ni de la provincia. Es una cuestión nacional que merece una seria participación del Estado y de todos los sectores de la sociedad, porque las causas se encuentran repartidas entre la insuficiencia de la red vial y la inconducta, imprudencia, descuido o incapacidad de quienes manejan un vehículo. Hay otros motivos también, pero derivan de los mencionados.Se dice que la mayoría de los siniestros viales -se habla de casi un 90%- obedece a errores humanos. No obstante, aún en los casos comprobados el Estado no tiene donde guarecerse, porque es el que otorga las licencias de conducción. Y por lo general lo hace como un mero acto administrativo.En la actualidad y frente a las situaciones que conocemos, el otorgamiento o renovación de una licencia puede vincularse con la vida y los bienes ajenos. Y esto es lo suficientemente grave como para plantear otro tipo de exigencias, mucho más severas que los vigentes hasta ahora y más cercanas a las que se requieren para otorgar un brevet de aeronáutica.Y no se diga que son cosas distintas. En la actualidad y como están el mundo y el tránsito terrestre, no es tanta la diferencia. Un examen psíquico debe ser de rigor porque ya son muchas las vidas que se han perdido por falta de controles eficientes. Viva la Pepa Parecida reflexión sugieren el tránsito y los caminos. La desaparición de ferrocarril derivó en una saturación de las rutas. A la vez creció considerablemente el parque automotor. En cambio las rutas disponibles siguen siendo las conocidas.Un dato de una consultora privada: en los últimos 20 años el parque automotor creció casi un 300%; las carreteras un 7%. Además desaparecieron los ferrocarriles, los camiones pasaron en el mismo lapso de 15 a 60 toneladas, los ómnibus duplicaron su capacidad añadiéndole un piso a las unidades y las rutas son más o menos de dimensiones parecidas a las de los diseños originales de hace 50 ó 60 años.La industria automotriz tampoco es ajena a este proceso. La publicidad de sus unidades se basa en la velocidad. Un auto es mejor que otro si alcanza 200 kilómetros por hora. No lo admite ninguna ruta de nuestro país. Ninguna legislación lo autoriza. Pero la publicidad es esa. Y viva la Pepa. Red deficiente Los argentinos disponemos a lo largo del todo el país, de 38.700 kilómetros de rutas considerando sólo la red troncal nacional. De esa longitud 9.000 kilómetros fueron concesionados por Menem y Cavallo en 1990 y continúan en esa situación.De los 29.000 kilómetros restantes sólo el 42% se encuentra en buenas condiciones y la mayoría presenta un ancho de 4 a 5 metros, con línea pintada al medio en el mejor de los casos (no en todos) lo que plantea un asunto de inseguridad que merece un tratamiento a fondo.Nos preocupan los muertos, pero no se ve una pronta salida a este grave problema. Mientras el gobierno le echa un vistazo al tema, la oposición no parece ponerse de acuerdo -¡qué milagro!- frente a un asunto de vital importancia para nuestra gente, principalmente para los jóvenes, porque ellos tienen la posibilidad de aprender estos temas y contribuir a su solución.
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