La mujer que logró una salita de salud en Ñancay y el hospital de Ceibas
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Hilda Zimmerman, una agente sanitaria oriunda de Ñancay fue una de las 17 homenajeadas por la Cámara de Senadores en el marco del Día de la Mujer. Con su empeño logró que se construyera la sala de atención primaria de Ñancay y el Hospital de Ceibas.Hilda tiene 70 años y siempre era la que llamaban para ayudar si había alguna emergencia, en un departamento complejo como lo es Islas del Ibicuy. Estudió agente sanitaria, hizo cursos de enfermería y gracias a su trabajo sostenido y a la colaboración de los vecinos, logró que se construyera la sala de atención primaria de Ñancay y el Hospital de Ceibas."Doña Hilda tiene 70 años y le gusta mucho leer y escribir, trabaja en el área de salud de Ñancay y siempre quiere aprender más, las cosas nuevas son su pasión... Su materia pendiente es aprender a usar las redes sociales para encontrarse con sus conocidos", con esa descripción anunciaba la Dirección de Jóvenes y Adultos del Consejo General de Educación (CGE), en su página oficial, que la Cámara de Senadores había incluido a Hilda Zimmerman, como una de las 17 homenajeadas para el día de la Mujer. Hilda es alumna de educación primaria en el Centro Educativo N°356 de Ñancay en Islas de Ibicuy.Hilda tiene 70 años y siete hijos y aunque no nació en Ñancay, sino en un lugar cercano, desde chiquita vivió ahí. Ñancay es una localidad y centro rural de población con Junta de Gobierno de 4ª categoría de los distritos Ceibas e Ibicuy del departamento Islas. Allí Hilda hizo de su vida su carrera y de su vocación su profesión: prevención y atención primaria de la salud.Hilda recuerda que de chiquita, junto a sus padres y sus 11 hermanos, viajaban cada tanto a Gualeguaychú en "diligencia" - unos carros largos tirados por caballos -, a traer mercadería para la casa. "Después cambió y se puso un colectivo", recuerda.Hilda se casó y tuvo siete hijos, "todos fueron a la escuela 11" y "cuando ya estaban medio grandecitos, vino un día el Consejo a esa misma escuela", comienza el relato Hilda, pero luego interrumpe y rememora: "Yo siempre me ocupaba de la gente que había a mis alrededores, si había una espina en el pie de un chico, o había una persona enferma, yo iba a atenderla, a ver si no había un termómetro para tomar la fiebre, ahí me ocupaba de ponerle un paño mojado; me llamaba la gente pero yo iba más por sentirme bien, no sabía de nada", cuenta.Pero antes de esa reunión con la gente del Consejo en la escuela 11, Hilda comentó que en Ñancay no había luz ni agua potable y que "dos o tres mamás" juntaban "un atado grande de ropa", lo ataban, se lo ponían "al hombro" y se iban a la costa del arroyo Ñancay, y "una lavaba por allá, la otra más acá", secaban la ropa y después regresaban. "Si podíamos hacer algo para comer lo hacíamos y sino, pasábamos el día ahí con nuestros hijos", detalla."Para tomar el agua teníamos que buscar esos lugares más claritos del arroyo; llevábamos unos tachos, poníamos una tela, colábamos el agua y esa era la que se tomaba. Esa era la manera de vivir. Había chicos que fallecían de tétanos porque se clavaban una espina, un clavo". Hilda hace un paréntesis para describir la situación y retoma el relato inicial, que al parecer fue la bisagra en su vida."Cuando la Directora, Zunilda Marelli de Gaona, nos invitó para ver que se iba a hacer en ese lugar porque no había nada en cuanto a la salud. Entonces, me dijo que me prepare. Yo ni siquiera soñaba que ella me iba a decir a mí. Me llamaron, me preguntaron si me gustaría ir a estudiar, hacer un curso para aprender, para atender a la gente. Fue en el año 1988". PREPARARSE EN PARANÁHilda entonces se trasladó seis meses a Paraná y se alojó en el complejo del Túnel."Entonces me dijeron que me iban a ayudar, era todo pago y probé. Tuve que dejar los dos hijos más chicos con mi hermana, venirme a Paraná. Me recibí de Agente Sanitario, yo le tenía medio a un tensiómetro, que me lo pusieran en el brazo porque no sabía lo que era, me descomponía. Pero aprendí, salí aprobando las materias en oral y escrito en el mismo día. Me mandaron al lugar que me corresponde, que es Ñancay".Ya Hilda tenía conocimientos en atención primaria de la salud. Ingresó entonces formalmente a trabajar para el Estado y cobraba 14 pesos. "Era poquito", remarca, pero "algo era". LA PRIMERA SALITA"A las personas más ancianas las tenía que higienizar en la casa, las tenía que atender. No tenía con que sacar los enfermos, nada. Cuando tenía un enfermo que lo veía medio grave, pedía ayuda a los vecinos que tenían auto. Cuando no estaban esos hombres, lo sacábamos en una silla y había un hombre que tenía un tumbero con un caballo, ponía un colchón, me subía con él y me lo llevaba a Ceibas (15km). Si no hallaba la enfermera me iba a la policía y la policía paraba un camión y lo llevaban al hospital"."Hasta que los vecinos dijeron, vamos a hacer una salita, uno de los vecinos (de apellido Romano) donó el terreno y otros donaron bolsas de material y otros ladrillos y se hizo una salita precaria, después empecé a hacer notas pidiéndole ayuda a la directora Departamental y ella gestionó ayuda al Plan Mundial"."Ahí me tuve que ir a mi casa con todos los medicamentos. Hicieron una salita nueva. Fue en el año 94"."Yo atendía los lunes en Ñancay, los martes tenía que estar a las 7 de la mañana en Ceibas para vacunar, controlar el peso a 70 chicos yo solita. Los jueves estaba en Médanos, me tenía que ir a dedo; a Ceibas, salía a las 4 de la mañana a caballo. Regresaba a las 10 de la noche a mi casa. Recorrí la zona de Arroyo Hondo, les enseñé como se potabilizaba el agua con las pastillas que me daban, para que no tomaran agua contaminada".Hilda también ayudó a que Ceibas tenga su "hospitalito". Hizo cursos en la Cruz Roja y se recibió de enfermera, trabajó también tres años en el Hospital de Gualeguaychú, después tuvo un comedor comunitario en la escuela. Siempre estuvo en la organización de las tareas comunitarias en las inundaciones y en los desastres naturales que afectaron a la población.El año próximo se jubilará. Pero no sabe si está preparada para dejar de trabajar. "No me quiero ni acordar que me voy a jubilar; mis compañeros me cargan, dicen que yo voy a querer seguir trabajando, ¡seguro!". (APFDigital)
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