La naturalización del odio: “Deberían atarlas con un alambre en la plaza”
Cuando el discurso del odio se convierte en algo trivial en las redes sociales manifiesta el síntoma de una enfermedad más profunda y preocupante. Un grupo de jóvenes se organizó para cuidarse entre sí y denunciar a un agresor serial de mujeres, pero las insultadas fueron ellas.
Mónica Farabello
Toda revolución genera resistencia, al igual que cualquier cambio social que pone en jaque lo establecido. Las redes sociales y el anonimato en el que se esconden muchos suele ser el terreno fértil para el discurso de odio, las amenazas, los insultos y la degradación extrema.
La entrevista a dos jóvenes feministas de la ciudad que ElDía publicó en la edición del último domingo desató una ola de insultos y hasta amenazas. En la nota, titulada "Cuando nace la desigualdad, nace la resistencia", se presentó oficialmente a una nueva agrupación feminista de la ciudad.
Sofía e Irupé relataron que la organización fue producto de una ola de denuncias por violencia física, verbal, abusos, acoso y hasta violaciones por parte de un joven gualeguaychense de 22 años.
El aterrador dato pareció pasar inadvertido para hombres y mujeres que destinaron parte de su tiempo a insultar, agredir y hasta amenazar a quienes levantan la voz en nombre de las presuntas víctimas.
El odio hacia las mujeres adopta distintas formas: desde la violencia física, verbal y económica, hasta la discriminación laboral, el menosprecio hacia nuestras capacidades y el femicidio.
¿En qué consiste el llamado discurso del odio o 'hate speech' (su definición en inglés)? Según el Comité Europeo de Ministros del Consejo de Europa se trata de "todas aquellas expresiones que propaguen, inciten o promuevan el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo u otras formas de odio basadas en la intolerancia, la discriminación y hostilidad contra las minorías e inmigrantes".
Desde el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) también opinaron sobre el fenómeno en el que la distancia y el anonimato sacan lo peor de una sociedad atravesada por la violencia y el odio hacia la lucha feminista.
Pablo Roma, representante del Inadi en la provincia de Buenos Aires, explicó en una entrevista publicada por La Nación que "la libertad de expresión y la protección de la esfera privada son derechos y principios fundamentales de nuestra democracia. Una de las dificultades jurídicas que presenta Internet es el problema de la extraterritorialidad. No deberíamos oponernos "por principios" al debate de una regulación gubernamental o legislativa. Pero, asimismo, deberíamos tener extremo cuidado para analizar cuáles son sus contenidos y sus posibles consecuencias, ya que las prácticas de quienes interactúan en Internet pueden dar lugar a la violación de los derechos de las personas".
Una catarata de odio
Al concluir la entrevista con Irupé y Sofía, El Día les preguntó por los posibles comentarios negativos que podían recibir. Irupé dijo que no responden comentarios que no enriquecen el debate y que prefieren ignorar mensajes que sólo terminan en insultos.
Parte de los comentaristas, lejos de preocuparse por conocer detalles del presunto caso de un acosador serial de poco más de 20 años, apuntaron contra las denunciantes organizadas.
"¡A mí no me representan! Una 18 y otra 20 años. Les falta vivir mucho chiquillas. Las mujeres de verdad, luchadoras incansables del día a día no estamos con ustedes. Ya me tienen las que te conté bastante cansadas... Cansan con pavadas se la rascan todo el día y cada vez pasan cosas peores... Deberían atarlas con un alambre en la plaza... Me tienen re podrida, ¿por qué no ocupan el tiempo en hacer algo bueno para la sociedad? Hay gente inundada, ayuden; hay que limpiar un poco las playas, pintar escuelas y así tantas cosas para hacer en vez de andar calentando la cabeza a la gente...", fueron algunas de los comentarios.
Otros, en cambio, subestimaron la inteligencia de las jóvenes argumentando que "son chicas. Hay que dejarlas. Es una moda más como la de los flogger. Se creen que cambian el mundo pobrecitas y no consiguen nada. ¡Están en la edad de la rebeldía!".
Y otros fueron por más: "Femininazis no respetan la vida de un bebé indefenso y quieren que las respeten a ellas, quieren derechos y no le dan el derecho a la vida a un niño por nacer promoviendo el aborto... Más desigualdad tiene un feto que no puede decidir ¿o me equivoco? ¿De qué me están hablando?... No entiendo nada más. ¡Qué bolaceras!, solo les importa lo que les pasa a ellas. Los demás, que revienten".
Cabe aclarar que en la entrevista a las representantes de Ahora Arde Gualeguaychú no se mencionó el tema de la legalización del aborto en Argentina. Ni una sola palabra al respecto.
"Que agarren una pala y bordeadora y le corten el pasto a la gente mayor... ah no, es trabajo pesado... ¿Habrán trabajado cuando terminaron la primaria, levantándose temprano, trabajar y después ir a estudiar?", dijeron otros comentaristas.
"Terribles tortas (odio y discriminación a la diversidad sexual), cara de mal coj... ¿Todas se cortan el pelo igual? Con razón, ahí está el tema, así quedan las que siguen la moda del cortecito ese. Caca tienen en la cabeza. Como siempre, las mujeres guiadas por la moda que viene de afuera. Siempre unos años más tarde, la izquierda ya no sabe qué inventar para mantenerse con vida pero ya está agonizando. Lo bueno es que ahorran mucha agua... La "Gestapo" feminista. Esto es moda después, desaparecen como los, hippies o los flogger. Estúpidas, payasas, mamarrachas, lacras, mugres...", juzgaron decenas de comentaristas.
El miedo patriarcal
Los insultos hacia una organización de jóvenes que sólo busca asesorar y acompañar a víctimas de abuso y acoso sexual dejan en evidencia que el odio hacia las mujeres existió y existe.
Esta serie de agravios valida la tesis de que las estructuras patriarcales de dominación resisten ante un movimiento que se instala cada vez con mayor fuerza. El miedo al cambio y al avance de la mujer con derechos -que se evidencia a cada paso- genera rechazo no solo en muchos hombres sino, lamentablemente, también en muchas mujeres.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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