La otra inflación
¿Empezarán las clases? Últimamente, casi nunca empiezan. Los docentes hacen paros y el Gobernador les dice que no hay plata. Hoy nos parece normal pero antes, los maestros no hacían huelga: cobraban sueldos dignos. También los policías, las enfermeras y los viales.o
“…Y AHORA A SEGUIR SOÑANDO, MANTENIENDO VIVA LA LLAMA DEL ENTUSIASMO QUE OJALÁ NUNCA PERDAMOS” (Oscar José Lapalma)
Además de pagarles bien y puntual, los gobiernos construían muchas rutas, puentes, puertos, hospitales y sobre todo, escuelas. Baste recordar el edificio de nuestra Escuela Normal, hecho por la Provincia en 1908 y cedido a la Nación, o la Escuela Méndez, a mitad de siglo. Claro, eran tiempos de gobernantes visionarios, buenos administradores.
Cuando recuperamos la democracia, el sueño entrerriano era una provincia desarrollada que pudiera recuperar a los miles que habían emigrado. Pero no: vino una generación de políticos identificados con lo nacional y popular, la democracia participativa y una serie interminable de mentiras. Fueron pésimos administradores: unos hacían estatizaciones ruinosas; otros, privatizaciones descabelladas y todos se lanzaron a nombrar miles y miles de empleados públicos que en su mayor parte no se necesitaban. El resultado: en 1983 había 23.000 empleados y hoy son 70.000 que insumen la mayor parte del presupuesto y por eso los maestros no ganan bien, los edificios se caen a pedazos y la policía persigue a los ladrones con chatarras. Es más: en unos meses no habrá con qué pagarles.
¿ESTADISTAS?
Lo más grave es que los autores de semejante dislate, se florean por toda la provincia como grandes estadistas a quienes les debemos mucho y hasta habría que levantarles monumentos.
Tampoco fueron muy eficientes a la hora de defender el federalismo y por obsecuencia, fueron cediendo recursos que nuestros legisladores convalidaban con sus votos en el Congreso.
Si esa es la obra de gobiernos progresistas, que me disculpen, soy regresista: preferiría lo de antes, cuando los gobiernos daban empleo a través de la obra pública, que se diseminaba por toda la provincia y no con estos nombramientos, que se concentran en Paraná. Basta recorrer la Casa Gris para palpar la obra de nuestros estadistas: entrepisos, tabiques, cubículas y cuartuchos para alojar a tantos burócratas, que hoy parece una conejera a punto de reventar. Ellos sabían que cada ingresante adquiría estabilidad en un año y así no sólo comprometían el presupuesto del momento, sino que le ponían un cerrojo al futuro. Inventaron la figura del contratado para incorporarlos sin concurso, pero finalmente le concedían estabilidad. Sabido es que el empleado público requiere las mayores garantías, por cuanto cambia de patrón cada 4 años. No obstante, crearon una maraña de cuadros políticos que entraban por la ventana y después mandaban más que los de carrera. En su mayor parte, eran compromisos preelectorales. Muchos ni cumplían funciones reales, sino inventadas u orientadas al activismo político, o a su financiación.
Así nos han gobernado. Ahora no hay plata para las becas de las escuelas rurales, pero el Palacio de Educación está atiborrado de burócratas que desde allí conducen a la distancia nuestras escuelas, con directoras sin autoridad, padres o comunidades educativas pintadas y un barroquismo administrativo que ni ellos entienden. Vialidad tiene más de 2.000 empleados y como insumen mucho presupuesto, poco queda disponible para el gas oil, las cubiertas y el mantenimiento. Y así podríamos seguir al infinito. Esa realidad es incontrastable; eso sí: nuestros funcionarios, hablan, hablan y hablan. Y para venir a hacerlo, viatican, viatican… ¡cuánto nos cuestan!
SAN LUIS, OTRO ESPEJO
Usan como justificación, el falso argumento de que esa gente, de otro modo, estaría desocupada. Al contrario: si hubiéramos tenido buenos gobiernos, una provincia desarrollada y moderna absorbería mano de obra importante, no sólo en obra pública, sino en cuantiosas inversiones del sector privado. No hay que irse muy lejos a buscar el punto de comparación. San Luis es un ejemplo de lo que se puede hacer si se administra con racionalidad. (Cuánto mejor andaría, si además, sus gobernantes practicaran los valores republicanos). E. Ríos, con la riqueza de su tierra y ubicación privilegiada en la yugular del Mercosur, podría estar muy por encima…y sin deudas.
Le hicieron creer a la gente que reformando la Constitución todo se encaminaría. Pero en la Convención se omitió toda referencia a este problema estructural. Al contrario: dispusieron crear más Ministerios, ahora en suspenso…por falta de recursos. ¡Cuánta visión!
POR ACÁ, PARECIDO
Lo mismo pasó en nuestra Municipalidad. En 1991 tenía 681 empleados que insumían el 38 % del presupuesto. Hoy pasan de 1.100, cubren más del 70% y pronto se superará el 80. Las consecuencias aún no son tan visibles, por los auxilios que vienen de la Nación, pero ya se sabe que no son infinitos y pronto van a escasear.
También por acá hubo contratados, plantas políticas, compromisos y toda la misma corruptela. Cuando se les pregunta quién lo hizo, miran para otro lado, o nos dicen con aires de autoridad que los cargos se necesitaban. Ahora bien: ¿qué ente -sea estatal, privado o mixto- necesita engordar su planta al 70 u 80% de sus recursos?
Desde esta columna hemos planteado la necesidad de una congelación de vacantes. Nadie habla de congelación y por mucho tiempo seguiremos padeciendo esa hipertrofia.
Hay casos peores; en el conurbano bonaerense hay municipalidades cuyo personal insume el 120% de sus presupuestos; el resto lo recibe como subsidios o ATN de favor, a cambio de la buscada dependencia. Vamos en ese rumbo, cuando hasta hace poco, la autonomía era nuestra fortaleza.
En el Norte, hay provincias incapaces hasta de recaudar sus propios impuestos y sólo dan el empleo público como fuente de ocupación, por lo que se dice que son inviables. Para esos pueblos, sus gobernantes también son “estadistas”.
EXTRAVÍO
No podemos cerrar, sin dedicar el último párrafo a lo ocurrido en Yapeyú. Sintetizamos nuestra indignación, con una apelación de inspiración evangélica, dirigida al Padre de la Patria: Perdónelos General: ¡no saben lo que hacen!…
Hasta el Domingo. Si Dios quiere.
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