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coronavirus

La pandemia y su lado B en nuestra salud mental

Esta pandemia va a terminar. Cuando lo haga, muchas personas habrán atravesado toda clase de desafíos y pérdidas.

Por Marina Simón*

Algunos habrán perdido seres queridos por coronavirus, algunos experimentarán secuelas físicas o mentales de esta enfermedad, otros habrán perdido sus trabajos, o su estabilidad financiera. Para algunos sus relaciones de pareja o amistades habrán terminado o se habrán encogido producto del estrés, el autoaislamiento o los problemas económicos. Muchos habrán interrumpido sus trayectorias educativas o tendrán dificultades para continuarlas, otros habrán adquirido o empeorado sus adicciones. Todos estos cambios representan un desafío para la salud mental y el bienestar de las personas.

En las situaciones de desastre se estima que un 10 % de la población expuesta podrá experimentar problemas psicológicos (ansiedad, cambios en el estado de ánimos, estrés postraumático). En este caso no podemos estimar exacto cuántos acabarán afectados, pero si tenemos en cuenta que Argentina fue uno de los países con mayor tiempo de aislamiento, con mayor incertidumbre en relación a la duración del mismo, con unas estadísticas previas preocupantes en lo económico y en el acceso a la atención, deberíamos comenzar a ocuparnos más enfáticamente de lado B de la pandemia: sus consecuencias en la salud mental.

En las situaciones de desastre se estima que un 10 % de la población expuesta podrá experimentar problemas psicológicos (ansiedad, cambios en el estado de ánimos, estrés postraumático)

Cuando un gran número de personas ven su salud mental afectada, ello repercute en el colectivo, son muchas familias que cargan con un estrés extra, muchas madres y padres que no pueden cuidar de sus hijos, y muchos trabajadores que no pueden participar plenamente de la fuerza productiva, por lo tanto estas secuelas no son algo que le va a pasar a algunos, es algo nos afecta a todos como colectivo. Por eso, creo importante hablar de los factores de riesgo que surgen de la literatura científica para que todos podamos ver, comenzar a tomar conciencia, prevenir, y exigir políticas de salud integral.

El desarrollo de problemas mentales durante esta pandemia puede asociarse a diversos factores de riesgo: ser personal de salud, condiciones mentales previas, nivel de amenaza percibido, nivel de apoyo social percibido, violencia de género o intrafamiliar, y hacinamiento, entre otros. Asimismo, en otros países ya están hablando de patologías propias de esta etapa que aún tendremos que ver cómo evolucionan.

En lo que se escribió a nivel internacional cuando las cuarentenas por gripe A y lo que se va publicando a raíz de la pandemia por Covid, se destaca ser personal de salud y esencial de primera línea como uno de los principales factores de riesgo para desarrollar enfermedades mentales, las razones son simples: ven más cosas traumáticas, trabajan más horas y no reciben la ayuda extra para afrontar ese exceso de estrés. Hay en otros países organizaciones donde se les ofrece, además de mayor sueldo a los que están en primera línea, cuidado extra de niños y asistencia de comidas hechas para disminuir la carga de las otras tareas de su vida, y por lo tanto disminuir el estrés que enfrentan.

Otro factor de riesgo tiene que ver con las condiciones mentales previas, las personas que padecían enfermedades mentales antes no deben interrumpir ni abandonar sus tratamientos, ni aun en contexto de aislamiento, por ello es que desde hace un año todos los servicios de salud mental deberían tener equipamiento para tener su versión online o telefónica. Muchos consultantes sienten que no es lo mismo en la virtualidad, y es cierto, también es cierto que luego de una adaptación muchas personas pueden beneficiarse de estos espacios.

Cuán cerca percibo riesgo para mí o mis seres queridos es también un factor de riesgo, por lo que tenemos que estar atentos al desarrollo de sintomatología en personas que estuvieron internadas, sobre todo en las salas en las que vieron a otros morir y en los familiares de las personas que tuvieron que afrontar esa posibilidad. En el desarrollo de síntomas, el impacto de estas experiencias puede ser silencioso: desgano, insomnio o cambios de carácter y la persona puede no asociarlos a estas vivencias traumáticas por eso es importante la divulgación de esta información.

El impacto de las experiencias difíciles se amortigua con el apoyo social percibido, se dice percibido porque a veces no percibimos el apoyo que tenemos y ello nos hace sentir peor, por eso es importante expresarlo y replicar no sólo las malas noticias sino también las buenas acciones en todos los espacios.

Otra señal de alerta para la salud mental particularmente para el riesgo de desarrollar estrés postraumático es atravesar una situación de aislamiento con personas que son física, verbal o emocionalmente abusivas, las víctimas necesitan asistencia para ponerles fin esas situaciones, en estos casos la atención telefónica o virtual puede generar más problemas, porque el abusador conviviente tiene modos de estar al tanto de las comunicaciones de la víctima. Asimismo, cumplir aislamiento en condiciones de hacinamiento genera toda clase de problemas interpersonales y mentales, por lo que saber la cantidad de metros cuadrados per cápita de un aislamiento también nos permite estimar algo de su riesgo para la psiquis.

En la literatura científica, además de la depresión por las pérdidas, la ansiedad, el estrés postraumático, la tendencia excesiva a evadir a otras personas, los aumentos en el abuso de sustancias, en el abuso infantil y la violencia de género, comienza a aparecer la descripción de cuadros sintomatologicos relacionados con esta era como el síndrome de estrés por covid COVID (un desorden adaptativo ansioso por la salud y el chequeo obsesivo) o el Hikikomori (el síndrome de aislamiento social prolongado japonés que se trataba de una enfermedad cultural y que comienza a observarse con más frecuencia en sociedades de Europa y África). Ninguno de ellos se irá con la vacunación, ni siquiera con el hecho de que termine el distanciamiento, en esto la pandemia nos lleva un año de ventaja y estamos demasiado tímidos para afrontar el tema.

Es urgente ampliar los servicios de salud mental públicos y privados, brindar prioridades de atención al personal esencial, capacitar a todos los efectores para detectar señales de alarma, salud no da abasto por lo que habría que ofrecer desde educación, cultura y deportes actividades relacionadas con la resiliencia y el autocuidado.

La pandemia va a terminar. Todavía no terminó y las consultas de salud mental ya están llenas. No hay que esperar a que termine para ocuparnos de los que sufren, cuanto más temprana sea la atención menores serán las consecuencias a largo plazo. Esta pandemia va a terminar, no dejemos que empiece otra.

*Doctora en Psicología (MPER 857)

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