La Presidenta de la Nación busca recuperar la iniciativa y poner en caja los conflictos
*****En la dinámica de las decisiones la cabeza de Juan Pablo Schiavi, el Secretario de Transporte de la Nación pagaba dos pesos. Si algún funcionario debía pagar el costo de la tragedia de Once era él y no otro. Al cabo, no pocos recordaron en estos días sus orígenes macristas, al punto de ser jefe de campaña del actual Jefe de Gobierno porteño y su funcionario poco después. Pero la política es cruel y, ante la adversidad, busca los responsables más fáciles.La tragedia de Once será algo que acompañará a la actual gestión hasta el final de sus días. Podrá erigirse como el resumen de todos los males a la empresa TBA pero había alguien encargado de controlarla. Es más, los encargados de controlarla se cansaron de alertar sobre los riesgos. Conveniencias políticas y económicas evitaron que el desenlace fuera la rescisión de contratos que firmó el ex presidente Carlos Menem. La desidia permitió que aquella estructura de poder que nació en los '90 se mantuviera inalterable. La estación final fue la de Once con sus 51 muertos a cuestas.Cansada por el desgaste, la Presidente resolvió echar a Schiavi y designar en su reemplazo a un hombre joven, sin antecedentes en la materia, pero integrante de la nueva generación de dirigentes kirchneristas. El intendente de Granadero Baigorria tiene palmarés para lucir: fue reelecto el año pasado con más del 70% de los votos en una provincia difícil como Santa Fe. Con la venia de De Vido no hubo mucho más que hablar. La jugada se imponía o mejor dicho, la imponían las circunstancias.En medio de las esquirlas por lo ocurrido con los trenes, se mete sin pedir permiso la pelea sin tregua con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Y Macri ayuda en esa pelea. La Presidenta no sólo envió al Congreso un proyecto pidiendo la ratificación del convenio de traspaso por los subtes firmado con Macri sino también la transferencia de 33 líneas de colectivos a la esfera porteña. ¿Con plata o sin plata? No se sabe pero la respuesta también paga dos pesos. Macri, que no sabe qué hacer para sacarse la responsabilidad de encima, ya anunció que la tarifa debería dar un respingo porque no tiene fondos para afrontar la operatividad de esos micros. Su gestión tampoco ayuda a llevarle tranquilidad a los porteños: el viernes, 20 vecinos de la Villa de Retiro cortaron la Avenida Illia y dejaron a Buenos Aires en medio de un caos. Si no puede con lo menos, ¿podrá con lo más?Para el oficialismo la pelea con Macri tiene doble vía. Por un lado sirve para atosigar y desgastar a un potencial rival electoral (en rigor uno de los pocos que quedó en pie después del último turno electoral) y al mismo tiempo sacarse de encima compromisos económicos que, en tiempos de crisis, son una molestia. Con una yapa: si hay que aumentar la tarifa, será Macri quién pague los costos, y encima quién tenga que lidiar con servicios que se prestan pésimo. Y si pasa algo grave tampoco podrá hacerse el desentendido.
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