La Presidenta se debate entre el veto y la justicia para frenar al Congreso
El gobierno no tiene sosiego. Justo la semana que consiguió lo que esperaba desde hace tiempo, el Congreso se emperra en contradecirlo. Mientras Cristina se sacaba la foto más esperada con Barack Obama, en el Parlamento nacional metían la mano en la caja. Lo peor que le puede pasar al kirchnerismo.Jorge Barroetaveña elDía de Gualeguay La foto con el Presidente de Estados Unidos fue casi el único objetivo del viaje a la cumbre por la energía nuclear. Pese a la enjundia puesta al tema, cuando Cristina se subió al avión presidencial, no sabía si se podría lograr. Hasta último momento la diplomacia argentina no escatimó esfuerzos. La foto de circunstancia del saludo del comienzo y la cercanía de ambos mandatarios en el plenario sabían a poco para las ambiciones oficiales. Al final, apareció la entrevista. Obama y Cristina charlaron durante 15 minutos. El diálogo fue más bien formal e ilustrativo. El norteamericano preguntó por la economía argentina y no se abordaron temas espinosos como el de Malvinas, pero fue más que suficiente. La cara pintada de euforia de la Presidente, bastó de muestra. Sólo el tiempo dirá si la charla sirvió para romper el hielo de una administración fría y distante con nuestro país, o si apenas fue un gesto de buen anfitrión.Mientras Cristina trataba de seducir a Obama, hablándole de las bondades y los resultados de su modelo, en el Congreso de la Nación se vivían horas intensas. Primero fue la Cámara de Diputados. Después de varios intentos, los bloques opositores lograron una mayoría holgada, no sólo para sesionar, sino para declarar la nulidad absoluta del decreto madre de uso de las reservas. Un puñado de horas después, las expectativas en el Senado siguieron creciendo. Cuando faltaba un legislador para obtener el quórum y empezar a sesionar, la sorpresiva aparición de la senadora Bortolozzi de Formosa, permitió a la maquinaria ponerse en marcha. Otra vez, la cara de Miguel Angel Pichetto lo decía todo. Se movió veinte pasos, y se inclinó levemente ante la atribulada mujer, que sólo atinaba a llevarse a la boca un vaso con yogur. "No me muevo de la banca...", le contestó la formoseña, esposa del vicegobernador Bogado. Con el quórum obtenido, la mujer se sinceró y dijo algo que, seguramente quedará sepultado por la vorágine de los acontecimientos. "Tengo miedo", dijo la legisladora. ¿A qué? ¿La presionaron? ¿Fue amenazada? Nunca se sabrá, pero el correlato de las pintadas su provincia son una guía. Para unos fue una 'traidora', para otros tuvo 'huevos'. Lo cierto es que Bortolozzi, después votó con el oficialismo. Lo único que hizo fue dar quórum, cometer semejante pecado.El derrape de la estrategia oficial tampoco tuvo consecuencias no tan graves para el gobierno. O sí, depende de cómo se lo mire. Con la ayuda del ex presidente Carlos Menem consiguieron aprobar el pliego de Marcó Del Pont, aunque no pudieron evitar perder la votación por la coparticipación del impuesto al cheque. En este caso, la victoria opositora, fue 35 a 33, lo que abrió un verdadero debate sobre la constitucionalidad de la aprobación. La ira entonces se desató contra el Vicepresidente Julio Cobos que permitió que el plenario tomara la decisión sobre los votos que eran necesarios. La actitud de Cobos, a la postre clave para que se diera media sanción a la iniciativa, le valió una lluvia de críticas del oficialismo, entre ellas la amenaza de promoverle un juicio político. Primero Pichetto y después Rossi en Diputados, marcaron la cancha. Fellner, titular de la Cámara Baja, debería rechazar la media sanción del Senado, por inconstitucional y evitar remitirla a las comisiones. Igual, la situación del oficialismo en Diputados es más complicada que en el Senado. Juntos los opositores tienen una mayoría significativa y podrían, en la próxima sesión, pedir su tratamiento.Lo que subyace en el fondo de este debate es el vil metal. Están en juego 12.000 millones de pesos que la Nación distribuye a gusto y placer y perderlo para el oficialismo sería un golpe indigerible. Hablar a esta altura, de hacer modificaciones a la Ley de Coparticipación, es patear para adelante cualquier debate. ¿Porqué? Porque para eso, no sólo debería haber acuerdo en el Congreso de la Nación, sino que tendría que ser refrendado por cada una de las legislaturas provinciales. Esos tiempos, ni por asomo los maneja ya un gobierno que pelea por conservar el poder y una oposición que trata de articular esfuerzos desperdigados.En la Casa Rosada, el dilema sobre qué hacer con la media sanción de la coparticipación del impuesto al cheque consume los cerebros. La Presidenta tiene dos alternativas: dejar que avance en el Congreso, sospechando que puede ser aprobada y luego proceder al veto; o hacer ya mismo una presentación judicial, que podría caer en abstracto porque la iniciativa aún no es ley. Sucede que, una vez aprobada, el Ejecutivo nacional tiene 10 días para vetar y cualquier intentona judicial podría superar ampliamente ese tiempo.De una u otra manera, los costos políticos de frenar una ley que beneficia a las provincias, serán pagados más tarde que temprano. El instrumento del veto, que contempla la Constitución, no podrá ser utilizado como una herramienta en forma permanente. Por eso, el kirchnerismo, quiere agotar todas las vías posibles para evitar esa instancia. Al cabo, se la deberá reservar para otras cuestiones más gruesas, también vinculadas con la caja, que un Congreso díscolo podría empeñarse en canalizar. Claro que a esta altura, no hay nada seguro. La oposición pena tanto en Diputados como en el Senado por conseguir los legisladores suficientes para sesionar. Eso tampoco asegura que las leyes que impulse tengan aprobación directa. El partido es tan parejo que, cualquier yerro del referí terminará inclinando la balanza. Y la pifia, hasta del más habilidoso, podría tirar toda la estantería abajo. Tanto de unos como de otros.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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