La prevención del suicidio en la agenda local: “El acompañamiento y la comunidad son clave frente al sufrimiento”
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Así lo expresaron profesionales y referentes de la Asamblea de Salud Mental de Gualeguaychú y del Programa Provincial de Prevención del Suicidio de Entre Ríos, quienes alertan sobre el aumento del malestar subjetivo y plantean que la respuesta requiere no solo más recursos asistenciales, sino también redes de contención cotidiana.
Durante décadas, los accidentes de tránsito fueron la principal causa de muerte entre adolescentes y jóvenes adultos en Argentina. Sin embargo, esa situación cambió después de la pandemia: desde 2022, el suicidio ocupa ese trágico primer lugar entre los jóvenes de 15 a 24 años, y en 2024 también se impuso como principal causa de deceso en el rango etario de 25 a 34 años, algo que no ocurría desde hacía casi 20 años.
Las estadísticas oficiales así lo confirman. En nuestro país, la tasa de suicidios fue de 9,7 cada 100 mil habitantes en 2024 y llegó a 11,8 en 2025, el valor más alto de la serie que comienza en 2016, según los últimos datos del Sistema Nacional de Información Criminal – Sistema Alerta Temprana del Ministerio de Seguridad Nacional. Se trató de 4.249 casos en 2024 y 5.209 en 2025. Asimismo, el año pasado, la cantidad de muertes por suicidio superó a las muertes por accidentes viales y homicidios juntos.
Dentro de este panorama alarmante a nivel nacional, nuestra región destaca particularmente. Y es que en los últimos años Entre Ríos se ha ubicado entre las provincias con las tasas de mortalidad por suicidio más elevadas de la Argentina, llegando al primer lugar en 2025 con una contundente cifra de 20,8 casos cada 100.000 habitantes. Fueron 288 las muertes por esta causa registradas el año pasado y representaron un aumento del 8,9% con respecto al 2024.
En este contexto, y en el marco del mes para la Prevención del Suicidio, cuyo Día Mundial fue el pasado 10 de septiembre, Ahora ElDía conversó con la licenciada en Psicología Delfina Noé, responsable del Programa Provincial de Prevención del Suicidio de Entre Ríos, así como del servicio de asistencia telefónica a través de la línea 135, y con Mercedes Nieto, licenciada en Trabajo Social e integrante de la Asamblea de Salud Mental de Gualeguaychú.
“Los valores recientes representan una señal de alerta. La mortalidad es marcadamente mayor en los varones. Durante el período 2001-2024, cuatro de cada cinco muertes correspondieron a hombres. También se observa un cambio en el perfil por edad. Históricamente, las tasas más elevadas se registraron en adultos mayores, especialmente en personas de 75 años y más. Sin embargo, en los últimos años se está observando un aumento en los grupos de 25 a 34 años”, advirtió Noé.
En cuanto a las respuestas que intenta dar la Provincia, explicó que, desde el Programa Provincial de Prevención del Suicidio, dependiente de la Dirección General de Salud Mental, desarrollan sus acciones sobre tres grandes ejes: promoción y prevención, asistencia y posvención.
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“Se realizan actividades presenciales y virtuales, que se articulan intersectorialmente con los demás ministerios y áreas de Gobierno provincial y/o municipal; fuerzas de seguridad, como Gendarmería y la Policía, y también el Consejo General de Educación. Uno de los principales recursos son los conversatorios que se desarrollan en distintos puntos de Entre Ríos. Estas instancias presenciales ya permitieron llegar a los 17 departamentos. Son encuentros de intercambio, capacitación y sensibilización que reúnen a actores de distintos sectores atravesados por la problemática. Están destinados a escuelas y facultades, a la comunidad en general, y al sistema sanitario”, indicó.
Y agregó que, además, “se llevan adelante espacios de encuentro bajo la modalidad de taller con el objetivo de promover la participación y socializar pautas de cuidado, alerta y acompañamiento”. “La propuesta contempla instancias para los adolescentes, padres, madres y tutores, y para adultos que integren espacios comunitarios. En el marco de las acciones de posvención, se hace un acompañamiento a la comunidad en el armado de estrategias ante suicidios consumados o intentos de suicidio graves. Esto incluye a equipos de salud, de trabajo comunitario, del ámbito educativo, y a cualquier institución que demande acompañamiento. Se busca fortalecer los vínculos y el lazo social”, precisó.
Por otro lado, Noé contó que el programa sostiene una línea de acción vinculada a la elaboración de materiales de difusión, planificación de actividades grupales de promoción y prevención, y elaboración de dossiers, con el objetivo de socializar materiales accesibles y certeros en relación a la problemática.
“El suicidio no puede explicarse únicamente desde un diagnóstico de salud mental ni como una decisión estrictamente individual. Se trata de un fenómeno complejo y multidimensional en el que intervienen factores individuales, sociales y culturales. Por eso, la prevención debe apuntar a generar condiciones para que las personas puedan atravesar las situaciones de sufrimiento acompañadas y no en soledad”, concluyó.
Nieto, por su parte, remarcó que el suicidio “hace décadas que está entre las principales causas de muerte en adolescentes, en personas con discapacidad y en la vejez”, y observó que “los datos que vienen circulando en las redes son del 2025”, pero “aún falta que se publiquen los del primer trimestre de 2026”.
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Respecto a esto último, tomó por caso los datos del Sistema Integrado de Información Sanitaria de Argentina (SIISA) que encienden las alarmas sobre “las notificaciones de intentos de suicidios en infancias de entre 10 y 13 años”. “Detrás de cada uno de estos datos hay personas, con sus vínculos afectivos, sus historias, sus vidas cotidianas”, recordó.
“Creo que es necesario situar a la problemática en las condiciones concretas de existencia en las que hoy nos encontramos y preguntarnos ¿Qué genera el malestar hoy? ¿Cuáles son las condiciones sociales, políticas, económicas, culturales de las que emerge el malestar social y por qué se expresa en el aumento del suicidio?”, planteó Nieto.
Y expuso: “Hay algunas cuestiones claves para entender estos tiempos y problematizarlos: la pandemia y sus consecuencias en la subjetividad de las personas, un tiempo donde se vivió la cercanía con la muerte, el aislamiento social preventivo obligatorio y la vida a través de las pantallas; tres cuestiones (al menos) que hoy se ven exacerbadas por la desintegración social, el vaciamiento y corrimiento del Estado social de derechos, que se expresa en salarios insuficientes, por debajo de la línea de pobreza; el deterioro de la previsión social, con el recorte en prestaciones de las obras sociales, cierre y vaciamientos de dispositivos, un sistema de salud colapsado y sin recursos suficientes; estafas del sistema financiero y endeudamiento generalizado. Un contexto de anomia. No hay reglas claras, hay una política cuidadosamente planificada para quebrar las reglas. No se respetan las leyes y acuerdos sociales; no las respeta el Ejecutivo frente a las declaraciones de Emergencia en Discapacidad o frente a la exigencia de presupuestos para operativizar leyes que están vigentes. En este contexto se disputan proyectos civilizatoRíos donde emerge con fuerza y sin control la inteligencia artificial y la propuesta de un mundo deshumanizado. El mundo artificial de ficción obstruye al lazo social de encuentro humano y allí se alimenta la autoexigencia, el consumo excesivo, el individualismo y la responsabilidad individual sobre lo que nos pasa”.
Planteado este escenario, la licenciada en Trabajo Social manifestó: “Hay una estrategia deliberada de desorganizar nuestra vida cotidiana a partir de políticas económicas que nos empobrecen y precarizan. No se mata, pero se construyen las condiciones para dejar morir. El malestar nos atraviesa sobre la pregunta de cómo subsistir. Y la respuesta que se propone desde el Gobierno es un discurso cruel que lo limita a una responsabilidad individual. Y allí tenemos una gran responsabilidad en relación a reorganizar la vida cotidiana y disputar los sentidos: nadie se salva solo, nadie se suicida solo. Queremos contribuir a un proceso de organización y politización que hoy es en defensa colectiva de la vida”.
Y concluyó: “Desde la Asamblea de Salud Mental de Gualeguaychú y distintas organizaciones sociales insistimos en la necesidad del encuentro presencial. Es necesario fortalecer los equipos de salud mental con un abordaje interdisciplinario que garantice una atención integral de la persona y comprenda la complejidad humana. Pero la respuesta al malestar subjetivo no vendrá solo del ámbito de la salud mental: serán necesarias políticas públicas serias y con presupuesto, que atiendan el acceso a la alimentación, al trabajo digno, a la seguridad social, a un ambiente saludable, al descanso, a la recreación, a la vivienda y la participación social”.

