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Política | Amado Boudou | Argentina

La relación entre Alberto y Cristina cruje cada vez más

Van dos meses apenas de un experimento inédito para la democracia argentina: un Presidente cuyos votos no le pertenecen en su totalidad, sino que tiene que compartirlos, a modo de bien ganancial, con su vicepresidenta. No sería raro para cualquier otra democracia aunque para el sistema híper presidencialista de la Argentina sí lo es. Pasa que los crujidos son cada vez más fuertes.

Jorge Barroetaveña

El día que a Daniel Scioli se le ocurrió abrir la boca para discrepar con el fallecido Néstor Kirchner quedará en la historia. Todavía recuerdan los testigos, las horas que el por entonces Presidente lo hizo esperar a su vice para atenderlo. Le hizo sentir el rigor de las jinetas presidenciales, dejando en claro por dónde pasaba el poder. Por supuesto que Scioli nunca más abrió la boca y se resignó, aún como gobernador de la Provincia de Buenos Aires a acatar sin chistar las decisiones de la Rosada. No pocos le reprochan todavía su falta de rebeldía en la campaña del 2015 y atribuyen a eso buena parte de su derrota.

Amado Boudou fue un fiel escudero de Cristina que jamás osó intentar hacerle sombra. Cristina fue consecuente con él porque lo dejó hacer unas cuantas cosas, entre ellas cargarse a un histórico como Esteban Righi, algo que el actual Presidente tiene todavía muy presente. Así se estructuró la cúpula del poder en el kirchnerismo y todos lo tenían bien claro. Ni hablar del experimento de Cobos que terminó peor después de la 125.

Pero ahora, como vice, Cristina está abandonando esa estructura en la que se sintió cómoda. No registra quizás que el Presidente es otro y que cada palabra que emita tiene un impacto en esa relación y en la opinión pública. Y se ha encargado, desde hace un par de semanas de esmerilar las decisiones de Fernández con declaraciones que le van marcando la cancha. No siempre las hace ella claro, a veces son sus emisarios los encargados de trasladar el mensaje.

Instalar el debate de los presos políticos en este momento no parece la mejor decisión. Obligar al Presidente a salir a respaldar a su principal espada, Santiago Cafiero, ante las descalificaciones de Julio De Vido y varios kirchneristas, es una mala señal. Promover, como pretende el ex ministro y un grupo de seguidores, una reforma constitucional al estilo del ’49 huele rancio e inoportuno. Mientras Fernández se dedica a apagar el incendio, los K revolean bidones con nafta.

En su raid declarativo, la vicepresidenta también se peleó con los italianos, por el supuesto origen mafioso de la familia Macri y le puso los puntos sobre las íes a los negociadores del Fondo Monetario. Por estas horas en Argentina y en diálogo con los popes de economía.

¿Alguien se lo imaginó alguna vez a Boudou abriendo la boca y opinando sobre semejantes temas? ¿O Scioli con Néstor? Cobos mucho menos. Pues Cristina está dando muestras de sondear nuevos caminos, algo que empezó a hacer ruido en su relación con el Presidente. “Su observación ha sido muy pertinente”, opinó el jefe de estado ante las admoniciones de su vice por la responsabilidad del Fondo en la situación de la Argentina. ¿Qué iba a decir? No le quedaba más remedio que ensayar un tibio apoyo, para no azuzar el escándalo.

La situación, de por sí, es demasiado grave para andar batallando por ahora con los propios. El índice de inflación trajo cierto alivio porque fue más bajo de lo previsto aunque encendió la alarma sobre el precio de los alimentos que, pese al dólar anclado y el congelamiento de las tarifas, aumentaron en promedio un 4,7% en enero.

El gobierno busca que el Fondo, acepte una quita de máxima y sino una postergación de los pagos de la deuda hasta el 2021 al menos. En su lógica eso le permitirá a la Argentina salir de la recesión y pararse de otra manera ante sus compromisos. De hecho apuestan a continuar con un déficit fiscal descomunal, para empezar a bajarlo recién cerca de la finalización del mandato actual. Concentran todo en el despegue de una economía que todavía debe soportar impuestos asfixiantes. Y sino pregúntele a cualquier entrerriano por el aumento del Inmobiliario Urbano que ha llegado con un 50% más de carga. Que alguien explique cómo se hace.

Es cierto que no sólo el kirchnerismo duro se ha puesto más duro. Los ‘deslices’ incluyen al gobernador Manzur que le ‘sugirió’ a la Ministra Frederic ‘escuchar a la oposición y después hacer lo que quiera’ , sin darse cuenta que los micrófonos estaban abiertos. O la disputa de la misma Ministra con Berni, por el rol de las fuerzas federales en el Conurbano. Es raro porque si había un plan y no lo quieren revelar, los hechos deberían servir para darse cuenta de hacia dónde rumbea el barco. Por ahora los hechos también mantienen el plan en penumbras. Esperemos que exista y que no se trate de ensayos de prueba y error. Esa película ya la vimos demasiadas veces.

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