La rubia y los morochos
Vamos a tratar hoy un hecho ocurrido en Inglaterra, que por aquí no ha tenido mayor trascendencia. Resulta interesante analizarlo para luego comparar.
Hace 15 días, el matutino londinense Daily Telegraph reveló los gastos que hacían algunos legisladores, a cargo del erario público: arreglos de jardinería en su castillo, intereses de hipotecas fantasmas (allá la expresión trucho/a no es conocida), pago de multas, una casita flotante para los patos, compra de fincas con dineros públicos que luego vendían en forma particular, viajes, regalos etc.
El escándalo ocupó las primeras planas durante varios días y ahora ha llegado al nivel de cataclismo político, con la renuncia de Michael Martin, Presidente de la Cámara de los Comunes desde hace 9 años, (allá el cargo es vitalicio) lo que no ocurría desde 1695, es decir, hace más de tres siglos. También renunciaron el Subsecretario de Justicia, Sahir Malik, más otros legisladores oficialistas y opositores. No terminan ahí las consecuencias: una gran parte de la ciudadanía indignada, pide ahora el cierre del actual Parlamento y el inmediato llamado a elecciones. El Primer Ministro Gordon Brown, conciente de la gravedad del asunto -que hace tambalear a su gobierno- ha dicho que los Comunes no pueden seguir operando como un “club de caballeros” fijando sus propias reglas, al anunciar la reforma del sistema de gastos que suplirá la autorregulación, por una reglamentación independiente y externa.
Más de uno entre nosotros dirá a modo de reflexión: “y bue… en todas partes se cuecen habas”... Es cierto: los ingleses también tenían “su cooperativa”; nadie está enteramente exento de esas desviaciones. Pero hay algunas diferencias sustanciales. La primera, es que en las naciones cuyas instituciones funcionan de verdad, ellas mismas hacen su propia depuración, al reaccionar en consecuencia. Obsérvese que en Inglaterra, ni siquiera ha llegado a intervenir la justicia: la prensa libre transparentó esa anomalía y el mismo Parlamento ya ha expulsado a los responsables.
Comparémoslo con lo que acontece entre nosotros. Por ejemplo, esta semana ha tomado estado público el uso de un costoso avión privado por el sospechadísimo Secretario de Transportes de la Nación, Ricardo Jaime. Ningún fiscal se anima a investigarlo.
También encontramos un correlato en nuestra querida Provincia: el 5-10-2007, rememorábamos el grosero negociado de varios diputados peronistas -incluido el por entonces Presidente de la Cámara- mediante 27.000 cajas de alimento para repartir a los pobres en la campaña electoral de 1991, por valor de U$S 220.000. Esa suma habría ido directamente del tesoro provincial a sus bolsillos, porque las cajas en realidad, nunca existieron. El hecho tuvo enorme trascendencia pública. Sin embargo, no sólo no hubo sanciones, sino que en el período siguiente, casi todos ellos fueron reelectos. Ah.. perdón...hubo sí una sanción: fue para el fiscal José A. Morel del Tribunal de Cuentas, quien había descubierto el delito y los denunció a la justicia. Los Diputados -muy enojados - ¡intervinieron el Tribunal de Cuentas! y finalmente lograron la exoneración del pobre Morel.
Más recientemente -en 2006- Martín Caparrós, publicó su libro El Interior. En uno de sus capítulos, un conocido personaje -Horacio Pacha Mori- le relata cómo se financia la política en E. Ríos. Con un simple cheque de transferencia de la cuenta del Senado, entre cuatro se robaban la plata y ésta servía para comprar un diario en $ 2,5 millones y pagar durante un año y medio el papel y los sueldos de sus periodistas. En el extenso diálogo, le describía cómo recuperaban del fisco las sumas millonarias volcadas en las campañas electorales y el modo de financiar con esos fondos, a centenares de activistas rentados. Mori concluía diciendo que no era negocio ser Diputado Nacional: la misma función era mucho más rentable en la Provincia.
Ya nadie se acuerda del libro de Caparrós, quien por otra parte, tuvo más suerte que Morel, pues nunca fue molestado por su contenido: no era necesario. Tampoco el mismo Mori, ni Héctor Alanis¸ Presidente del Senado por entonces. Hoy la Legislatura, con iguales funciones y casi la misma planta de personal, ha quintuplicado su presupuesto y un candidato ha dicho días pasados en este medio que desde allí se financia la política.
Obviamente todos esos hechos, relatados como normales y habituales, ocurrieron luego de la exoneración de Morel y la consecuente depuración del Tribunal de Cuentas. Esa es la depuración típicamente argentina ¡ahí está la diferencia!
TESTIMONIALES y TESTIMONIO
No nos referimos al tema que se debate en la justicia bonaerense. Sólo queremos destacar que varios reconocidos juristas, al impugnar la absurda candidatura de Daniel Scioli, citan el art. 73 de la Constitución Nacional que veda a los gobernadores, ser diputados por la provincia de su mando. La interpretación literal del juez Manuel Blanco, sostiene que la referida incompatibilidad no comprende a las candidaturas y por ello la convalida. Los impugnantes acuden a la interpretación auténtica, es decir, la del propio autor de la norma constitucional. Y así vimos trascender estos días la reiterada cita “del constituyente Seguí”. Pero pocos de sus copoblanos han reparado que se trata del ilustre jurisconsulto, constituyente de 1853, periodista, Secretario del Gral. Urquiza y autor del texto del Pronunciamiento de 1851: Juan Francisco Seguí, esposo de Cornelia Villar y padre de una tradicional familia de Gualeguaychú.
ENTRAN Y SALEN
La peronología no es para cualquiera; tiene ingredientes de ciencias ocultas y cuando uno más presume de decodificarlo ¡zaz! se le cae la estantería. Hace un mes, analizando el juego de Busti y sus seguidores, creíamos tener la clave. Pero luego han surgido cosas que no cierran y debemos darnos por vencidos. Cuando se hizo la anterior concentración bustista en el Club Frigorífico, asistieron, obviamente, Bicho Bettendorff y Osvaldo Chesini pero Busti no concurrió. Ahora que él vino, ellos no aparecieron (?) Nos recuerdan al oráculo de Siam en la 2da. carroza de Kamarr, cuyas sacerdotisas aparecían y desaparecían a través de puertitas. Cosa ‘e mandinga…
Hasta el domingo. Si Dios quiere.
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