“La sociedad avanzó más que la política”
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Uno de los mayores expertos en temas sociales de la Argentina dice que el actual modelo de "compensación" está agotado, y sostiene que uno de los grandes problemas es que quien vende droga gana más que el que trabaja y se convierte en financista de los barrios. Florencia Carbone Daniel Arroyo fue el compañero de fórmula de Felipe Solá para la gobernación bonaerense en la última elección, es uno de los integrantes de la mesa chica del massismo y su rica experiencia en la función pública y privada lo posiciona como uno de los referentes más reconocidos a la hora de analizar temas sociales.Fue viceministro de Desarrollo de la Nación durante la presidencia de Néstor Kirchner; ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires durante la gobernación de Daniel Scioli; presidente de la ONG Conciencia y actualmente profesor universitario. En los últimos días se lo mencionó como posible integrante del gabinete de la macrista María Eugenia Vidal -futura gobernadora bonaerense- y de Scioli si fuera el próximo Presidente.Cuando se le pregunta por esas especulaciones, responde sonriendo: "En el Frente Renovador vamos a trabajar en conjunto. Hicimos un documento donde planteamos las ideas lo que hay que votar y sugiriendo a nuestros votantes que tomen en cuenta eso. No quisiera dar una definición sobre esa cuestión. Sí creo que el tema de la resolución de la pobreza es una política de Estado y que todos tenemos que poner el cuerpo para resolverlo. Lo que haremos hasta que se resuelva el ballotage es simplemente plantear eso".Durante una entrevista con Trade Radio, aseguró que quiere contribuir desde el lugar que sea para resolver "el 28 % de pobreza y el 34 % de trabajo informal que hoy tiene la Argentina". -Hace tiempo que no se mide la pobreza en el país porque el Gobierno dice que hacerlo estigmatiza a los pobres. ¿De dónde surge el dato que comentás y para qué le sirve a un país conocer ese dato?-Somos un país muy extenso territorialmente. Para medir la pobreza hace falta relevar 13.000 casos, una muestra grande que va desde el norte hasta la Patagonia. El Indec medía 13.000 casos dos veces al año, pero el Gobierno decidió destrozarlo. Hoy lo que tenemos como muestra más grande es el Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la UCA que mide 5.700 casos.Ser pobre quiere decir por un lado tener problemas de vivienda -es un tema muy grave en la Argentina-, de trabajo, malos accesos a los servicios de salud y educación. Eso es lo que constituye la pobreza. Medir esto le sirve a un gobierno no sólo para conocer un número sino para poder focalizar mejor sus programas según las problemáticas y las zonas. Tener buenos datos permite evaluar, hacer seguimientos y tener claridad respecto de lo que pasa.Es evidente que estamos mejor que en 2001-2002, pero también que en los últimos cuatro años empeoró la situación social por un conjunto de cuestiones como la inflación -objetivamente la plata alcanza menos-. Otro aspecto es el parate de las changas: la caída en la construcción y el sector textil marca cuánta pobreza hay porque en general, alguien que está en situación de pobreza tiene un apoyo del Estado pero además hace alguna changa. Y lo tercero y más complicado es el tema del sobreendeudamiento: veo muchísima gente en situación de pobreza tomando créditos al 150% o al 200% anual con fotocopia del DNI, pagando lo que no le entra.Todo eso configuró el aumento de la pobreza, y hay que sumar otro serio problema que cruza a todos: El que vende droga gana más que el que trabaja. En un barrio encontrás una maestra, un remisero, un gasista y el que vende droga. Ese es el que gana más y encima como es el que tiene billetes, es quien da créditos. Eso reconfiguró y complicó del todo la situación social en la Argentina. -¿Por qué hay un abordaje separado de los temas cuando la evidencia indica no se puede ser un país desarrollado, incrementar el comercio o atraer inversiones externas sin ciudadanos educados y con buena cobertura de salud?-Históricamente ha habido un predominio de la economía por sobre lo social. En diferentes momentos, y en el kirchnerismo también, se creyó en la teoría del derrame: si la economía crece, se acomoda todo. No tontamente como se pensaba en los '90 en término de que la concentración luego tendría un derrame virtuoso, pero aún en los últimos años, el Gobierno puso mucho énfasis en que lo económico acomodaría la situación. Eso no pasa porque las actividades productivas que tiene la Argentina no resuelven automáticamente el problema. Si en los próximos años el país es soja, minería y Vaca Muerta, crecerá y tendrá más PBI, seremos exitosos para afuera, pero seguiremos con el 28% de pobreza y el 34% de trabajo informal sino incorporamos otras cadenas productivas.Gran parte de la solución tiene que ver con el plano de la capacitación y de los recursos humanos y ahí lo que tenemos es un dramón llamado escuela secundaria: el 50% de los chicos no terminan el secundario, y muchos de los que lo hacen no tienen los conocimientos mínimos. -¿Cómo es la evolución histórica de los planes sociales en la Argentina?-Hubo distintas etapas. Hasta mediado de los '70 la política social tenía poca relevancia. La asistencia pasaba por el trabajo: el que trabajaba tenía obra social, jubilación, vacaciones pagas. El 95% de la gente que trabajaba tenía trabajo formal y había 3% de desocupación.El golpe militar y varias políticas posteriores fueron complicando las cosas. Después, el gobierno de Alfonsín creó el Plan Alimentario Nacional, las cajas PAN. Fue la primera vez que el gobierno decidió darle de comer a la gente. Antes no habían existido problemas de hambre en la Argentina.El gobierno de Menem también tuvo una idea que fueron las políticas focalizadas. Creían que mientras se concretaba el derrame había que atender algunos grupos como madres adolescentes o chicos que tenían las necesidades básicas insatisfechas. Hicieron muchos programas chiquitos, profesionales y bien gerenciados pero de poco impacto con el altísimo nivel de pobreza que había.El gobierno de De la Rúa estuvo muy poco tiempo pero tuvo una idea que era tercerizar la política: si el Estado lo hace mal y es corrupto, transfiramos la tarea a organizaciones como Caritas.Duhalde tuvo una gran política: el Plan Jefas y Jefes de Hogar desocupados. Pasó de darles dinero a 200.000 personas a 2.200.000.El kirchnerismo será recordado por la Asignación Universal por Hijo, porque creó un nuevo derecho.A todas estas políticas las llamaría de primera generación, buscan compensar y atender mejor o peor, más o menos clientelarmente una situación. Pero hay que crear políticas sociales de segunda generación, que son las vinculadas con el trabajo y el estudio. Hay que dar vuelta la escuela secundaria y generar condiciones para incrementar el trabajo. Lo que fui contando antes está agotado. -¿Cómo se sale de la política asistencialista de los planes? ¿Se trata de un cambio cultural?-Hoy tenemos 8 millones de personas que reciben dinero todos los meses a través de planes sociales, incluidos niños y personas mayores. A la persona que tiene un trabajo formal o recibe un subsidio se le cae el plan. Entonces es lógico que no vaya a la cosecha. Lo que planteamos es revertir esa incompatibilidad: que el que tiene un plan social tome un trabajo y durante dos años siga cobrando el plan para ir construyendo un puente.De todas las personas que cobran planes sociales hay un tercio que podrían sumarse a eso. Lo verían como un sobresueldo, entenderían que les conviene tener trabajo además del plan, pero hay otro tercio que recibe planes sociales y no tiene las capacidades mínimas. Por más que la economía vuele en los próximos años no conseguirá trabajo porque no tiene habilidades duras -no sabe trabajar de carpintero o gasista-, pero tampoco las habilidades blandas -no logra todos los días trabajar 8 horas, levantarse y llegar a las ocho, no a 9, etc-.Tenemos una parte importante de jóvenes que no han visto a sus padres o a sus abuelos trabajar. A este sector hay que capacitarlo y acompañarlo pero no sólo enseñarle a ser carpintero, sino armar una red de tutores que vayan a su casa, los acompañen y les marquen pautas.Y después hay una tercera Argentina: la que está en situación de adicciones. Esa necesita de mucho acompañamiento.Si hacemos estos cambios en los planes sociales con capacitación y ese empalme o puente entre los planes sociales y el trabajo vamos a ir saliendo. -¿Cómo puede ser que un país con capacidad para producir alimentos para 400 millones de personas tenga índices de pobreza como el nuestro? Parafraseando a Alfonsín, ¿es porque quienes diseñan las políticas sociales no saben, no pueden o no quieren?-Distinguiría dos planos. Al Gobierno le creo buena voluntad en materia social. Soy muy crítico, pienso que las políticas sociales que aplican están agotadas, pero le creo buena voluntad. Lo que hacen de transferir dinero no resuelve el problema y por eso en los últimos cuatro años fue empeorando, pero no creo que sea perverso.En materia de narcotráfico no le creo buena voluntad. Divido los planos.Si no resolvemos el tema del crédito en la Argentina no vamos a resolver el problema de la pobreza. Hay que descentralizar recursos. Hoy el 70% de los recursos los tiene la Nación, sólo el 7% los 2.200 municipios.Pero claro, eso implica transferir poder, implica cambios que no son sólo programas sociales. Creo que en los próximos años hay que descentralizar buena parte de los recursos del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación a las provincias. Acompañar, controlar y seguir con los municipios. El que lo haga perderá poder pero es la única manera de resolver el problema de la pobreza. Requiere de decisiones políticas que no se han tomado porque quienes gobernaron se quedaron contentos concentrando y manteniendo todo el poder arriba. -¿Quién daría ese paso en un país en el que los tiempos electorales marcan que cada dos años hay que ganar y en el que el clientelismo forma parte del paisaje habitual?-Lo hará quien descubra que la sociedad en realidad avanzó más que la política. La sociedad aprendió a decirle a la política lo que quiere escuchar. Si me paro en la esquina y reparto cajas con alimentos, se hará una fila repleta de gente que cuando se lleve la caja me dirá que soy el mejor. Pero si vas a la otra esquina y hacés lo mismo, esas personas darán la vuelta, se llevarán tu caja y te dirán a vos que sos el mejor. La sociedad toma todo pero luego decide muy autónomamente.Quien entienda que en realidad lo que le están reclamando son mejores servicios y asistencia pero en mejores condiciones, le irá mejor. Quien mejore la escuela secundaria tendrá el favor de la sociedad. Quien cambie en parte las condiciones del trabajador, también. Estoy convencido de eso.
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