La súper industria del juicio
La actual legislación hoy vigente en la Argentina evidentemente posibilita, contribuye y hasta fomenta este próspero negocio de la Industria del Juicio. Suerte de perverso sistema que integran algunos muchos abogados y peritos, muchas veces en tácita "confabulación" con una Justicia complaciente que parece ignorar la razonabilidad como parámetro de medición de lo que es justo.Por Julio César Zarra *Opinión - Última parteUn dispositivo judicial siniestro, que tuvo origen visible en la "Justicia" Laboral, siendo ésta área la primera en ser atacada por esta nueva inescrupulosa especialidad del Derecho. Como en todas las situaciones judiciales existe un beneficiado, que en este caso son los supuestos "derechos de los trabajadores", expresión caballo de batalla algo vapuleada políticamente, en la que debuta la terrorífica Industria del Juicio, con la catarata de juicios laborales que debió soportar el sector empresarial, mediante la despiadada actividad judicial por el tema de los accidentes de trabajo, que terminó logrando el cierre y la desaparición de innumerables fuentes de trabajo para nuestra necesitada población.Pareciera que al estar agotándose esta fuente de jugosos ingresos económicos, la mirada de los "caranchos" se posa luego sobre los médicos y el sistema de salud, volviendo a tener vigencia otra vez, lamentablemente, la siniestra Industria del Juicio. Así se le da impulso a la hoy llamada LITIGIOSIDAD INDEBIDA."En una primera aproximación se denomina litigiosidad indebida al conjunto de acciones judiciales en las que se pone en juego la responsabilidad profesional de los médicos. Estas acciones carecen de mínimos estándares de seriedad y de fundamento científico y jurídico, lo que las constituye en meras aventuras judiciales con el único y exclusivo propósito de obtener réditos económicos.Es decir, es un grupo de acciones que no tienen sustento científico, que no cumplen la mínima racionabilidad para que se convierta en una acción judicial y que es en definitiva una aventura". No obstante así, sabemos que hoy, uno de cada cinco médicos enfrenta demandas por mala praxis. Y aunque muy pocas demandas culminan con sentencias favorables, los médicos argentinos se ven envueltos en Kafkianos procesos de innumerables visitas a los tribunales y a pagar fortunas a sus abogados defensores, sin contar los momentos angustiosos y de alta tensión emocional que vivirán durante el proceso. Impacto catastróficoEl impacto que tiene la litigiosidad indebida en el sistema es verdaderamente catastrófico, ya que no solo produce daños directos sino que indirectamente genera en todo el sector una terrible atmósfera de incertidumbre e inseguridad. Provocando así horribles consecuencias sobre la relación médico-paciente, que ya dista mucha de las descriptas por el "obsoleto" Hipócrates o el "ingenuo" Galeno.Las principales consecuencias nefastas en los profesionales médicos, es que han comenzado a ejercer una medicina defensiva, con un alto grado de sobrecostos en los estudios y prácticas, solicitando estudios complejos y costosos, muchas veces innecesarios, con el fin de evitar cualquier tipo de cuestionamiento.A su vez, los pacientes son mirados como potenciales demandantes, lo cual hace que la relación médico-paciente tenga desde el inicio un fuerte obstáculo de difícil superación. Esta deficiente relación médico-paciente hace que se potencialice aún más los posibles reclamos por cuanto el paciente siente la falta de la tan necesaria contención y comprensión que busca en este tipo de relación y en la persona en quien pondrá la vida en sus manos.Y así los médicos, por ejemplo, antes de pensar como poder ayudar a un paciente, antes de determinar la conducta terapéutica para aliviar el padecimiento de una persona sufriente, primero van a pensar: "que puedo hacer sin que esta persona termine haciéndome un juicio" o "qué juicio me puede hacer si hago tal o cual cosa y como me defiendo", determinando y condicionando una conducta terapéutica en función de la presión por un posible ataque del paciente a posteriori, lo que dista mucho de que su actitud o acto terapéutico pueda ser generoso y bien intencionado, sino que será producto del miedo a lidiar con abogados en los tribunales.Pero generalmente no por intenciones propias del paciente, sino por intervenciones propias de aquellas personas que fueron a la Universidad a estudiar una carrera digna y que hacen de su profesión esa suerte de práctica con parche en el ojo y gancho en la mano.Para los que no prefieren las indirectas de la metáfora, todo gracias a los abogados! Y ahora, como reciente producto del cambio de era, no conformes con los juicios a los médicos, que continúan a la orden del día, como "el músculo no duerme y la ambición no descansa" (siempre tangueramente hablando), por lo que vemos y escuchamos últimamente, pareciera que el nuevo blanco de las "justicieras" miradas, acechan contra los arquitectos y constructores.Así que guarda, cuidado a los profesionales de la construcción que ahora les toca a ustedes, cuidado con dejar un ladrillo fuera de escuadra, un piso en desnivel o una gotera en el techo, porque el "peso de la ley" ya se está refregando las manos para caerles encima, en lo que podría llegar a ser el nuevo capítulo de la "súper industria del juicio". Total, "...cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón..." y además "...es lo mismo el que trabaja, noche y día como un buey, que el que vive de los otros...".Pero no nos confundamos, que en esta relación víctima - victimario, empleado - empleador, paciente - médico, propietario - arquitecto, tal vez no haya tan claramente víctima ni victimario, ni bueno ni malo, sino que ambos son utilizados para formar parte de un perverso y siniestro sistema judicial, donde los únicos realmente beneficiados son los "letrados" que representan a ambas partes, con la indulgente mirada de una justicia cómplice y acomodaticia.Si, Discepolín, aunque "el siglo XX es un despliegue de maldad insolente, ya no hay quien lo niegue..." te quedaste corto, viejo, fuiste sensación en su momento y tu valor histórico no te lo quita nadie, con las inolvidables composiciones de "Que vachaché", "Esta noche me emborracho", "Malevaje", "Yira, yira", "Alma de bandoneón", "Desencanto", "Uno", "Canción desesperada" y el inmortal "Cambalache", con tu apenas medio siglo de vida, estás y estarás siempre en el bronce, flaco, pero te quedaste en el siglo XX, que en comparación al feroz siglo XXI, fue un juego de niños.* El responsable de estos conceptos no pertenece a ningún partido político, ni representa ninguna ideología ni compromiso político de ninguna índole, siendo opiniones estrictamente personales; expresadas como cualquier ciudadano tiene derecho a hacerlo dentro del marco de la libertad de expresión que todo país libre y soberano debe tener. Y todas las expresiones volcadas son de exclusiva responsabilidad del autor de las mismas, sin tener ninguna relación ideológica con el medio que la publica. Además no tiene intenciones de rivalizar ni polemizar con opiniones disidentes a estos conceptos, por lo que no responderá a debates ni a discusiones intelectuales de lectores que deseen expresar opiniones diferentes o dispongan de ánimo de confrontaciones.
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