La urbanidad morbosa
En los bordes de una ciudad pujante como Gualeguaychú, la expansión de asentamientos poblacionales irregulares genera una urbanidad morbosa, hija de la pobreza extrema.De la Redacción Para muchos la aparición de estos enclaves, que crecen sin pedir permiso al margen de cualquier esquema de planificación urbana, le está cambiando el rostro a la sociología urbana.Es llamativa la rapidez con que se expande esta informalidad social y habitacional. Quienes la protagonizan son sobre todo grupos familiares que, sin lugar adónde vivir, deciden intrusar terrenos del Estado o privados.Pero estos asentamientos se están convirtiendo en un problema grave para otras ciudades de la provincia, según ha reconocido el director del IAPV, Julio César Aldáz.En recientes declaraciones, el funcionario habló de dos factores combinados que conspiran contra el desarrollo habitacional: falta de tierras fiscales y valor picante de los terrenos."Las ciudades grandes han tenido que ir detrás de los problemas de los servicios; han asignado recursos quizá más a eso que a tener bancos de tierra, y ese es hoy el problema", explicó."Tierras disponibles hay. El tema es que está el interés general, la gente que necesita viviendas; y el interés particular, que son los propietarios de la tierra", diagnosticó.¿Cuál es la solución, entonces? "El camino no es la expropiación; el camino es a través de la política. El municipio se tiene que sentar a discutir con el propietario el valor de la tierra", aseguró al respecto Aldáz.Y añadió: "Desde mi punto de vista, la última herramienta es torcer la voluntad del propietario que no quiere vender. Entonces sí está la herramienta de declarar la utilidad pública".El funcionario comentó que cualquier terreno sin servicios situado en lugares turísticos como Colón o Villa Elisa vale entre 30.000 y 40.000 pesos.El déficit habitacional tiene su cara más dramática en los asentamientos clandestinos, que emergen sin reconocimiento ni derechos legales, expandiéndose en los bordes de las ciudades en terrenos periféricos que están dentro de los límites urbanos. El mal papel de MorenoSi existe un funcionario del Gobierno Nacional enemistado con todos los sectores y que su aparición pública genera rechazo popular, es el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.Acostumbrados a gran cantidad de situaciones "poco amigables", los argentinos no dejamos de sorprendernos con las actitudes "patoteriles" que tiene este funcionario en cada una de sus apariciones.El último gran bochorno de Moreno, que es Secretario de Estado y por lo tanto tiene el mismo rango de un ministro dependiente directamente de la Presidencia de la Nación, fue el que protagonizó (generó) el jueves pasado durante una asamblea de accionistas de Papel Prensa.En el cónclave, entre otros puntos, se debía votar a los Síndicos que integrarían la Comisión Fiscalizadora. Pero como al parecer la misma iba a tener resultado adverso a los intereses del propio Moreno, montó un gran escándalo ante la mirada atónita de los accionistas presentes.Al ver que perdía en la votación, recurrió a los gritos y amenazas: "No hay ninguna posibilidad de modificar el órgano de control. El juez nos pidió guardar las formas. Entonces traje los guantes y el casco", se le escuchó decir al funcionario mientras, curiosamente, uno de sus colaboradores (¿patovicas?) tapaba la cámara interna del lugar de reunión que hasta ese momento había filmado todo sin problemas.Ya sin verle la cara, sus enfáticas palabras se escuchaban con absoluta claridad y nitidez en un tono que resultó irrespetuoso para los presentes: "Traje los cascos de rigor y los guantes de box para cumplir con el juez, que nos dijo que tenemos que ser gente civilizada y respetar las formas. Doy por cumplida la orden judicial con estos elementos de protección".Y desafió: "Acá no se va a votar nada de lo que quieren los accionistas privados y nos bancamos lo que haya que bancarse".Mientras colgaba los guantes de box en el respaldo de la silla y apoyaba el casco, ordenó apagar las luces del salón y afirmó que, excepto las mujeres, los funcionarios que son hombres debían defender su posición.Según los especialistas, el hecho cometido por Moreno, podría considerarse una amenaza coactiva, utilizadas para obligar a alguien a hacer o no algo, y privación ilegal de la libertad.Si bien ya no asombran las actitudes de "patota" Moreno, causa escozor y preocupación que funcionarios con ese grado de violencia formen parte de un gobierno que se arroga ser popular. Incluso, a pesar de la reiteración de hechos violentos en los cuales el Secretario de Comercio Interior ha participado.Ese episodio de Papel Prensa se suma al del 13 del mes pasado cuando, en otro incidente violento, Moreno y el jefe de la Sindicatura General de la Nación, Daniel Reposo, atacaron con un sillazo al abogado del jefe de finanzas de esa empresa, Carlos Aguirre. Ese episodio motivó una denuncia penal y, además, un llamado de atención del juez comercial Eduardo Malde.Papel Prensa es una sociedad privada, propiedad de los diarios Clarín y La Nación, en la que el Estado posee el 28,08 por ciento de las acciones. Los pasos de RaúlCon paso cansado y el trato campechano de cualquier vecino entrerriano, llegó Ricardo Alfonsín a Gualeguaychú. Muchos esperaban ansiosos conocerlo en el Comité de la Unión Cívica Radical, un lugar que su padre visitó en cinco oportunidades.Es imposible que este posible candidato a Presidente de la Nación no traiga a la memoria la similitud que tiene con Raúl Alfonsín en su aspecto físico, en su carácter y principalmente en su poder de oratoria.Es ahí donde se pretende profundizar. La oratoria del diputado Nacional Ricardo Alfonsín no sorprendió a nadie pero a más de uno que escuchó el discurso se le puso "la piel de gallina" en el Comité.También es imposible no trazar paralelismo con lanzamientos a postulaciones de otros partidos históricos. En esta oportunidad no se habló de resentimientos y no se atacó ninguna figura política, se hizo hincapié en la Argentina y la necesidad de reconciliación del político con la gente.Su aspecto "bonachón" como si no pudiera pegar un grito quedó a un lado al final de su discurso, donde con ímpetu y voz firme mencionó la recordada frase de su padre: "Con la democracia se come, con la democracia se cura y con la democracia se educa".
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