La vida irrumpe con fuerza. ¿No lo notás?
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La piedra había sido colocada a la entrada de la tumba. Una pesada puerta que parecía clausurar de modo definitivo algo que en algún momento en varios corazones pareció dar forma a un sueño mesiánico, pero que ahora aparentaba terminar como una ilusión que se desvanecía como humo. Monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú En la madrugada de la mañana Pascual, con el dolor y la confusión por el amigo injustamente condenado, salvajemente golpeado y humillantemente crucificado, las mujeres van a la tumba para ungir un cadáver. Dos o tres de las discípulas fieles que se preguntan "¿quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?". (Mc. 16,3)La respuesta no se hizo esperar: "De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella". (Mt 28, 2) Una actitud casi hasta irreverente, como mostrando que lo que parecía irreversible se quitó en un abrir y cerrar de ojos.Ni la muerte ni el mal tienen la última palabra. No todo había sido dicho todavía.El Ángel les confirma lo que el corazón estaba esperando escuchar. Jesús, el crucificado "no está aquí porque ha resucitado como lo había dicho" (Mt 28, 6)Él venció a la muerte y al pecado. La luz brilla en las tinieblas. El agua irrumpe para fecundar el desierto. La espiga brota de la semilla enterrada y se ofrece como alimento de peregrinos.La resurrección de Cristo hace despertar la Primavera con sus multitudes de colores, aves, perfumes, luces. La vida ha triunfado. El amor se manifiesta serenamente y con firmeza.El Papa en su Exhortación Apostólica "la alegría del Evangelio" nos pide que renovemos con certeza la fe en que Jesucristo vive de verdad: "Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible". (EG 276)¡Qué palabras tan fuertes utiliza!: "muerte, injusticia, maldad, indiferencia, crueldad", que parecen tener la última palabra. Pero con mayor contundencia nos habla de: "fuerza de vida, fuerza imparable, brotar algo nuevo, tozuda e invencible".Y es así. La muerte y resurrección de Jesucristo nos abre la puerta a tener un corazón nuevo, y por lo tanto una mirada también nueva.No es una propuesta bucólica o naïf. No es un cuento de hadas. Tampoco es una expresión maniquea y simplista. Es el amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.La Pascua nos renueva con toda la fuerza de la esperanza, que "no quedará defraudada por el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado". (Rm 5, 5)¡No malgastemos la alegría de la Pascua!¡No diluyamos la fuerza de la Esperanza!Ni la muerte ni el mal tuvieron la última palabra, ni la tendrán. La última será la misma que la primera: la vida y el amor. Porque Dios es amor, y no pasará jamás. Digamos con alegría: ¡Feliz Pascua!
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