La violencia de género, un flagelo que se multiplica a diario en Gualeguaychú
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Los recientes hechos de violencia hacia la mujer que ganaron las tapas de diarios y replicaron en todos los medios de la ciudad, son solo los casos conocidos de innumerables situaciones de violencia de género que existen en Gualeguaychú.ElDía habló con especialistas en la materia, con víctimas y victimarios, para entender un poco más sobre un problema que necesita soluciones.Farabello / Riera / Skubij "La sociedad pasó de tener violencia de género a tener violencia cruzada"Mevia "Meyi" Carrazza es especialista en atención de casos de violencia doméstica. Desde hace veinte años le dedica su vida a ayudar a los demás, desde el Centro de Estudios e Investigación de la Mujer (Ceim).La problemática de la violencia hacia la mujer se ha extendido a una violencia cruzada, es decir, de hombres a mujeres y de mujeres a hombres.En este sentido, Meyi Carrazza informó a ElDía que de cada diez casos de violencia que recibe, seis son mujeres agredidas, y cuatro hombres, es decir, que cada vez se va emparejando el porcentaje.En diálogo con ElDía, la especialista respondió a todas las preguntas relacionadas a una problemática que se ha convertido en un flagelo social.- ¿Qué es lo que provoca que la víctima no se defienda?-No se mueven por miedo, y porque muchas veces no tienen posibilidades. La Asignación Universal manejada por mujeres fue una buena medida, porque las mujeres empezaron a tener conciencia del dinero. La mujer golpeada sea pobre, rica, de clase media pierde la conciencia para qué sirve el dinero como una resultante de un trabajo realizado.Entonces el proveedor, que también es golpeador, se encarga muy bien de que no se conecte, que no salga, que se aísle, por eso es tan importante la socialización en el proceso de salida mujer en el ciclo de la violencia.- ¿Se puede salir del círculo de violencia?-Sí o sí, hay que hacer un tratamiento para salir de ese círculo. Cuando se entra en esos procesos violentos se remueven muchas cosas. Cuando la mujer se empodera y dice, 'yo salgo de esto', tiene que recurrir a un psicólogo, o a un grupo de autoayuda; esto es imprescindible para no volver a caer.Estas estructuras de víctima y victimario no sólo se observan en una pareja. También se traduce en un trabajo donde la víctima acepta que le pagan sueldos muy bajos, que las destraten, maltraten, y ellas se ponen en este lugar de subordinación. Entonces, esto no surge de un día para el otro, sino que se va formando en la casa paterna, se extiende en las escuelas, en los trabajos y luego en la pareja.La estructura de una persona maltratada, sea hombre o mujer, empieza desde la casa. Hay un aprendizaje de la subordinación, como también hay un aprendizaje para ser victimario o victimaria. La familia siempre es el caldo de cultivo de todos los conflictos, porque ellos aprenden como papá y mamá resuelven las cosas.- De las denuncias que recibís, ¿en qué porcentaje la violencia es hacia la mujer?-Ahora estamos atravesando un momento de la famosa 'violencia cruzada', por lo que de cada 10 denuncias, 6 son mujeres y 4 son varones.La violencia y las escuelasMeyi Carrazza asegura que la escuela es otro de los pilares fundamentales para erradicar la violencia doméstica, que luego se replica en las parejas.En este sentido, manifestó que "las comunidades educativas señalan a un niño con problemas de conducta, pero el colectivo de padres o docentes, silencia cuando sabe que hay una maestra golpeada".Asimismo, aseguró: "siempre me pregunté por la educación de los chicos varones problemáticos; siempre decía dónde van a parar los menores golpeados, donde van a parar las niñas abusadas, y ahora veo que los chicos que yo atendía, hoy distribuyen droga o están en zonas de mucha marginalidad". - ¿Cuál es tu opinión sobre las políticas públicas sobre violencia de género?-Yo visito la zona roja porque todavía existe. Me conecto con chicas que ejercen la prostitución y que fueron alumnas mías. A mí me da mucha pena que nenas que conocí con potencialidades tremendas terminaron en la calle, y algunas muertas.Entonces, mientras se dilapidan dineros para tantas cosas, se condena a una chica que es abusada dejando libre al abusador y éstas son las cosas inconclusas que un gobierno democrático está teniendo.Los que tienen que poner coto y ayudar, hoy miran para otro lado. Lo digo específicamente por el COPNAF que, por ejemplo, le saca cuatro hijos a una mujer y hace dos años que esa chica no puede ver a sus hijos. En este gobierno que ha hecho tanto hincapié en la atención de los chicos con la Asignación Universal por Hijo y los derechos humanos, todavía hay una mujer que espera ver a sus cuatro hijos.Hay mucho por qué luchar; porque se le va la vida a la gente atrás de decisiones de gente inescrupulosa, de una Justicia que a veces también es inescrupulosa.-¿Cómo observás el funcionamiento del Área Municipal de la Mujer?-Fui una de las que propuse que el Municipio tenía que tener un área de la mujer, porque esto lo dicen las grandes conferencias internacionales como la de Pekín o Naciones Unidas. La idea es apoyar el proyecto desde cualquier lugar, porque los gobiernos pasan y lo que se reformula, difícilmente el que venga lo valla a sacar. ¿Quién se atrevería a sacar en un cambio de gobierno el Área de la Mujer?De todos modos, yo trabajo mejor con la Secretaría de Acción Social, porque indudablemente acá tenemos un problema: no está mal que las secretarías sean políticas; pero que determinados espacios son patrimonio de un partido político es un error ¿Por qué? porque el que está ahí transitoriamente está para devolverle al contribuyente lo mejor de sí. Y a veces se piensa que el contribuyente es de palo y que el que pone la plata es el que está al frente del organismo. -¿Por qué una mujer llega a pensar que merece ser golpeada?-Eso se lo enseñan en la casa cuando son chiquitas. Los relatos que yo he escuchado de gente de distintos sectores sociales, dicen: 'a mí me abusaban mi tío y mi mamá me mandaba a dormir con mi tío'. Por ejemplo: se si se sacan una nota mal en la escuela, llegan a la casa y saben que va a haber un palo. ¿Entonces cuál es el mandato? El castigo.Además estamos inmersos en una sociedad patriarcal donde la escuela no está excluida de estos mandatos. Entonces ¿Qué es lo que la educación y todos deben cambiar? La visión de género y proponer un tratamiento racional de las problemáticas y la diversidad.La mujer acepta el golpe como un castigo; tal cual como cuando era chica: 'me porté mal, merezco un golpe'. Entonces qué pide el golpeador: Que vayas derechita y portándote bien. Son estructuras de la infancia que se repiten y que no se cortan sino con un tratamiento psicológico, siempre y cuando la mujer se anime y pida ayuda. Es muy importante esto, que ella pueda aceptar el problema y pedir una mano. -¿Las mismas estructuras de violencia suceden en parejas homosexuales?-Sí, he tratado parejas homosexuales. Sufren la violencia igual que todos, sumado a traumas de la adolescencia.Hay cantidad de chicos que son golpeados, que los han corrido con cuchillas, que los padres le han puesto una pistola en la cabeza por ser homosexuales. Y sino, la exclusión: 'te mando a Buenos Aires para que vivas allá y no me molestes', porque la gente todavía piensa que tener hijos homosexuales es denigrante, en vez de ponerse a estudiar y ver que es una condición más, que está aceptada por la Organización Mundial de la Salud que ya dijo que no es una enfermedad. Etapas de la violencia"Primero está la calma, donde nada se mueve; después seguimos con el arrepentimiento y en esa etapa del arrepentimiento los dos lloran. Él le dice, 'vos a mí me ponés nervioso, tenés que caminar derechito, y ella lo ve como su padre o su madre han sido con ella cuando le pedían que se portara bien'. Entonces ella dice: 'yo me portaba mal y por eso me pegaban, entonces ella le dice: yo sé que a veces me pongo mal y que a veces te pongo mal. Perdoname, y después arman la promesa y se prometen unos a otros no volverse a golpear ni dejarse golpear.Esta es la violencia simétrica, donde uno a veces pega y el otro recibe. Después de la promesa comienza la luna de miel. Pero entre la promesa y la luna de miel se produce la relación matrimonial íntima como una especie de prenda de unión. Hace tiempo nosotros hemos descubierto que ese vínculo, esa relación íntima, es una violación. Por eso lo llamamos violación conyugal por las descripciones que la mujer hace.La mujer en esa etapa siente mucha vergüenza de lo que le pasa. Y él siente reafirmar su mandato patriarcal y se siente poderoso.Lo ideal es que la víctima haga la salida del ciclo en la etapa de calma, antes que todo vuelva a estallar. DOS CASOS QUE CONMOCIONARON A LA OPINIÓN PÚBLICA"Lo que quería era tener poder sobre mí"Fernanda Otero y Cesia Queirolo comparten la traumática experiencia de ser víctimas de la violencia de género, y sus declaraciones no difieren una de otra. Sus casos salieron a la luz por la gravedad de los hechos y hoy estas causas se tramitan en la Justicia de Gualeguaychú.En el caso de Fernanda, la causa está próxima a ser elevada a juicio, por el hecho está imputado su ex pareja. Todo ocurrió el 6 de febrero de 2012 en un inmueble del Camino de la Costa, de donde Fernanda logró escapar luego una severa golpiza que la obligó a permanecer cinco días internada en el Hospital Centenario.El caso de Cesia es más reciente. Fue en la madrugada del sábado 11 de mayo, por el hecho está acusado su ex novio, con el que estuvo durante dos años y siete meses. Ella lo denunció por golpearla fuertemente en el rostro, y ambas coinciden en que cada uno de los episodios violentos que protagonizaron, fueron disparados por cualquier cuestión insignificante, bajo el rótulo de los celos."En mi caso todo era por tonterías. Yo tengo una personalidad muy fuerte y nunca me dejé dominar y él lo que quería era tener poder sobre mí", contó Fernanda sobre su tormentosa relación, aunque aclaró que desde el inicio ella ya veía cuestiones que no eran normales, donde su ex pareja traba de descalificarla continuamente, "por ejemplo, me decía que yo no sabía hacer un café, entonces lo hacía él"."Cuando nos conocimos yo trabajaba y estudiaba, mientras que él dormía todo el día. Yo salía a las diez de la facultad y me acostaba a dormir, él empezaba a llamarme y a mandarme mensajes para saber qué estaba haciendo. Yo le contestaba cariñosamente, porque no sabía lo que iba a venir, todo esto era algo diferente a las relaciones que había tenido", relató Fernanda sobre el inicio de su noviazgo."Comencé a abrir los ojos cuando un día fui al lugar donde vivía y como no estaba de humor me quise ir. Me dijo: "no, vos de acá no te vas". Me cerró la puerta con llave y me dice "vos te vas a ir cuando yo quiera, porque yo te invité y vos viniste", contó Fernanda.Después de unos minutos de estar en esa habitación como una planta y de las reiteradas insistencias de Fernanda para irse, él le abrió la puerta y le dijo que se podía ir, "él quería demostrar en todo momento que tenía dominio sobre mí". El primer golpeEl relato de Cesia no difiere mucho del de Fernanda. "El primer golpe fue al año de habernos conocidos y fue por celos, porque yo tengo una buena relación con mi ex. Según él, el primer golpe me lo merecía porque era una falta de respeto hacia él, porque lo humillé delante toda la gente al saludar a mi ex", comentó."Fueron varias piñas, y me obligó a quedarme en su casa por cinco días, yo me tapaba los moretones con maquillaje. Me dio un cachetazo tan fuerte que mi cabeza golpeó contra una pared sin revocar y mi cara terminó toda raspada", continuó.Obviamente que después de cada episodio violento, como ocurre en este tipo de relaciones, vino el perdón. "Que no lo voy a hacer más, que él me amaba. Me dijo: 'imagináte si yo hiciera lo que vos me hiciste'. Pasó". El día después"Lo mío es muy reciente, como muy fresco, todavía estoy con miedo. No tengo ganas de salir. No tengo ganas de nada. Sé que en algún momento tengo que volver a sociabilizar. Me muevo en grupos, no ando sola", manifestó Cesia.El caso de Fernanda fue un poco más grave por el grado de sus lesiones, permaneció internada cinco días, pero ella aclaró: "soy una persona que no me gusta que me tengan lástima. A la semana quería volver a trabajar, quería estar de vuelta, pero me dijeron que no, que me fuera a mi casa a descansar, yo no soy de esas personas que se tiran en la cama a llorar". Una mala experiencia"Aprendí que cuando una persona te agarra la mano y te aprieta, eso ya es agresión. El insulto verbal es agresión", comentó Cesia sobre cómo cambió su vida y su forma de mirar en adelante las relaciones.Fernanda tomó su caso como una experiencia que le sirve en su futuro para saber cómo manejarse. "También hay una parte de error porque uno, inconscientemente o no, sabe que hay cosas que en la relación no eran normales", dijo. "Está el que te maltrata y el que se deja maltratar", agregó Cesia."En mi caso dejé pasar muchas cosas por lástima, estaba peleado con toda la familia, no tenía casa, no tenía trabajo. Si le decía 'te quiero', él lo usaba para psicopatearme, 'vos dijiste que me querías'. Un día me dijo: 'vos dijiste que no podías vivir sin mí' y yo para decir te quiero o te amo me cuesta horrores. ¿Cuándo te dije eso? Era algo que él inventaba", señaló Fernanda. De aquí en adelante Cómo inicia una nueva relación una mujer que atravesó una relación traumática de estas características. Cesia fue clara, aunque lo que a ella le ocurrió es muy reciente, dice no tener ganas de comenzar otra relación, "no quiero estar con nadie". Fernanda deja un espacio abierto y entiende que nunca más va a dejar que ocurra lo que le sucedió.-¿Hubo amor en algún momento? Cesia: "El primer tiempo se puede decir que si. Éramos compañeros, íbamos de acá para allá pero después del año y siete meses no se si lo amé. Lo último borra todo. Capaz estaba acostumbrada a estar con él". Y agregó: "yo era la culpable, le decía dónde iba a estar para después no comerme un rollo, era un cansancio mental el que me hacía. A iba debía ir con él"."Lo mío era al revés, no le decía nada. ¿Por qué le tenía que dar explicaciones?", señaló Fernanda. "Los varones somos educados en la violencia, hay que agarrarse a piñas para ser macho"¿Qué le pasa al golpeador? ¿por qué lo hace? ¿se siente más seguro? ElDía dialogó con un hombre que levantó golpeó y otro que recibió golpes de su esposa, ambos ya lo consideran una etapa superada.El primero, mayor de 65 años, expresó que sintió la necesidad de pegar "en algún momento en el que me sentí atacado. Los argentinos varones somos educados en la violencia, hay que agarrarse a piñas para ser macho, se hace una costumbre. Y el servicio militar la exacerba". Además "creo que las costumbres arraigadas se vuelven como otra naturaleza agregada, como un instinto primario". -¿Lo analizó, pudo cambiar?Sí, pude hacerlo y cambié. Ahora no paso a los hechos, lo puedo canalizar por otro lado. Nada es aislado, siempre se suman varios factores, pero tuve mucha terapia y autoanálisis. "Ella se enojaba"-En la ciudad también existen casos de mujeres violentas. ElDía habló con un hombre víctima del flagelo. "No sé en qué momento empieza, cuando me di cuenta ya tenía la situación en el hogar. Ella se enojaba conmigo, empezaba con los golpes y gritaba mucho, solo podés defenderte porque tampoco podés levantarle la mano". - ¿Usted nunca respondió?-Nunca respondí. No fueron muchas las veces que pasó, dos o tres nada más, cuando sentí que eso no daba para más, agarré el bolso y me fui. - ¿Cómo comenzó?-Por diferencias, llevábamos más de 20 años de casados. Empezaron las discusiones y de ahí pasó a la acción.Aclaró que "los momentos de violencia se daban cuando estábamos solos, en la habitación, los hijos no estaban. Ante esa situación quise salir de ese mundo, tenía miedo a que reaccionar un día, ¿quién me iba a detener? Uno es pacífico pero llega un momento que se cansa. Sí, tengo claro que no levantaría la mano a una mujer". - ¿En qué consistía la violencia? -Me arrojaba algún elemento, no el plato como se acostumbra, pero lo que tenía en la mano. Me insultaba con un montón de improperios. -¿Y levantarle la mano también?-Sí, pero yo la detenía. Pero la intención de pegarme la tenía. Por eso me fui, seguimos manteniendo un diálogo por los hijos, pero se cortó la relación de pareja. - ¿Fue difícil dejar la familia, armar el bolso y partir?-Es muy difícil. Me fui con lo que metí en el bolso, nada más. Pero ahí aparecen los amigos, aquellos que te dan una mano, que creyeron en mí. - ¿Piensa en comenzar otra historia de vida?No la he pensado, ni la he buscado tampoco.
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