Las atrocidades de la hermana Kumiko, la siniestra monja abusadora
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Era parte del instituto donde cinco personas fueron acusadas de violar niños. Denunciaron que ella les ponía pañales a los chicos para disimular los sangrados y de seleccionar a los más "sumisos" para entregárselos a los curas pederastas.El Instituto Próvolo de Mendoza, creado para la enseñanza y cuidado de niños hipoacúsicos, terminó convirtiéndose en un infierno de la mano de una serie de abusos sexuales cometidos entre sus muros.Por los hechos, están acusados los sacerdotes Horacio Corbacho y Nicolás Corradi -quien cometió hechos similares en Italia-, el ex monaguillo Jorge Bordón, el ex empleado del instituto José Luis Ojeda y el jardinero Armando Gómez. Y una única mujer: la monja japonesa Kosaka Kumiko.Luego de que una orden de detención pesara sobre ella desde fines de marzo, la religiosa se entregó a las autoridades porteñas el martes y hoy llegó a Mendoza, donde fue indagada esta mañana. "Soy inocente. No sabía de los abusos", dijo frente a la Justicia. "Soy una persona buena que he entregado mi vida a Dios". Nota relacionada: Desesperado pedido de una víctima de abuso tras el caso Micaela Sin embargo, sus palabras no convencieron: el pedido de prisión domiciliaria de su defensa fue rechazado y Kumiko será alojada en una cárcel de mujeres.La acusación que pesa sobre ella es aberrante: una joven, hoy de 17 años, declaró que fue violada en el Instituto Próvolo cuando tenía 5 y que Kumiko encubrió el hecho, la obligó a usar pañales para detener la hemorragia causada por el abuso, y la hizo tomar clases parada ya que no podía sentarse a causa de los dolores.La monja también está acusada de golpear a los alumnos y de "marcar" a los niños más sumisos para que luego fueran abusados por sus superiores."Es paradójico, pero representaba la imagen de un verdadero demonio para el Próvolo. Según lo que contaron las víctimas, fue partícipe de los hechos más aberrantes que se registraron en el lugar", le afirmó a Infobae Carlos Lombardi, el abogado civil de varias víctimas del caso."Era tan siniestra que esta mujer era la encargada de seleccionar y 'entregar' a los alumnos más débiles a esos curas para que cometieran los abusos", describió Lombardi. Según los abogados de las víctimas, la japonesa era responsable de tantear la resistencia de los niños mediante golpes y así poder identificar a los más "sumisos". Nota relacionada: Curas abusadores: múltiples denuncias alarman a Mendoza El caso salió a la luz de manera rápida en la provincia de Mendoza y su difusión en los medios locales despertó nuevos testimonios sobre las aberraciones."Cuando mi hijo vio su rostro en la televisión, comenzó a golpearse la cara. Allí le contó a su padre que le había golpeado y había hecho lo mismo con otros chicos", afirmó la madre de una de las víctimas al diario Uno.El comportamiento violento de la monja japonesa no sólo se reducía al trato con los estudiantes, sino también con los mismos padres: "Maltrataba a los propios papás de los chicos. La violencia psicológica también era con ellos. Les decía que sus hijos eran un desastre con los estudios y que necesitaban más disciplina. A otros, les aseguraba que sus hijos eran 'anti fe'", concluyó el abogado.
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