Las bibliotecas populares, en el ADN de la cultura local
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Gualeguaychú lideró, en la segunda mitad del siglo XIX, la creación de estos espacios de avanzada de la ilustración gracias al voluntariado ciudadano; entidades que hoy enfrentan nuevos retos. Marcelo Lorenzo Cuando Olegario Víctor Andrade concibió el sueño de fundar, hace 148 años, una biblioteca para el pueblo de Gualeguaychú, aún no existía ninguna en Entre Ríos y en el país sólo había una.En 1869 el poeta se mostraba preocupado por "el estado intelectual de nuestro pueblo", al tiempo que hablaba de la necesidad "de una biblioteca que sirva de centro de atracción y de estímulo para todos los estudiosos".Expresó esa inquietud en una carta del 21 de mayo de ese año enviada a José A. Cortinez, secretario de la Comisión Protectora de la Educación de Gualeguaychú. Este último, el 31 de mayo, le responde al escritor que dicha comisión había creado una biblioteca popular con la denominación "Educacionista Argentino".Eso quiere decir que la sociedad nativa se adelantó un año a la Ley Nacional N°418 de fomento de esas entidades civiles en todo el país, sancionada en 1870 gracias a la prédica de Domingo Faustino Sarmiento.El emprendimiento local se formalizó en un acto literario llevado a cabo en el Teatro 1° de Mayo, en el que participó el propio Andrade. Se diría que ése fue un gesto bastante excepcional, dadas las dificultades materiales propias de la época.Pero a la vez se inscribe en el ADN de la sociedad nativa, habituada a arreglárselas por su cuenta. En efecto, el valor diferencial de estos núcleos ligados a la cultura del libro es que surgieron del ciudadano de a pie, no de la voluntad de algún burócrata.En un país que luego se hizo tan afecto a que todo surja de la burocracia estatal (donde incluso los funcionarios, para justificar sus sueldos y posición, inventan cosas "populares" o a todo le ponen ese adjetivo), estas entidades fueron creadas auténticamente desde abajo, desde la sociedad civil, no desde algún despacho estatal.Las bibliotecas populares surgieron en un momento histórico en que una generación de argentinos abrazó los ideales de la ilustración, y que llevó adelante la transformación educativa más vasta y profunda que conociera la Argentina.Esos pequeños núcleos afines a la cultura del libro, motorizados por un voluntariado ciudadano activo, actuaron como agentes que acompañaron a la otra gran institución emergente de la época -la escuela- en su labor de democratizar el conocimiento.En una sociedad de analfabetos -como lo era la del siglo XIX- las "populares" fueron un símbolo de modernidad y de acceso igualitario al saber, toda vez que los vecinos podían en esos ámbitos leer sin ser propietarios del libro, un objeto de lujo entonces.Así, la cultura escrita en sus variadas formas -literaria y científica- se colocó al alcance de todos sin el requisito de la apropiación individual (y esta sigue siendo aún hoy la justificación de la existencia de estos espacios).Piénsese que en 1870 y en los años subsiguientes se produjo la explosión inmigratoria. Millones de argentinos y extranjeros tomaron contacto con el saber universal y pudieron cumplir con la educación obligatoria, gracias en gran medida a las bibliotecas populares.No es un dato menor que Gualeguaychú haya sido una ciudad pionera en el fomento de estas entidades. La creación de la "Educacionista Argentino" (1869), que luego adoptó el nombre de "Biblioteca Sarmiento", es un hito trascendente en la historia cultural local.Es la más antigua de Entre Ríos, una de las primeras del país y se adelantó un año a la Ley Sarmiento. A este notable antecedente histórico se suma otra excepcionalidad local: en esta ciudad, en 1900, se creó la primera biblioteca popular fundada por mujeres del país y que lleva el nombre de "Olegario Víctor Andrade".El emprendimiento surgió de la iniciativa de un grupo de trabajadoras de la cultura, encabezadas por Camila Nievas de Capdevila y Luisa Bugnone. Entre los primeros donantes de libros figuró Osvaldo Magnasco.El escritor, ilustre parlamentario y ministro de Educación durante la segunda presidencia de Julio Roca, fue uno de los que alentó esa obra y desde que se puso en marcha envió continuas remesas, que llegaron a totalizar más de 3.000 libros.Tras la muerte del tribuno, ocurrida en 1920, se bautizó con su nombre al emprendimiento cultural que había nacido bajo la denominación "Por la Patria y el Hogar", obra inspirada por Nievas y Bugnone (1898), de la que forma parte la biblioteca.Además de las "Sarmiento" y "Olegario V. Andrade", que se enrolan dentro del período fundacional de estas entidades, la ciudad sumó otras de este tipo: la "Francisco H. López Jordán" (1943), y la "Rodolfo García" (1996).El legado de Diola Barel A Diola Barel de Franchini le cabe un sitial especial en la historia de estos enclaves de defensa de la cultura letrada. En Gualeguaychú, en principio, por su tarea desarrollada en la biblioteca "Olegario V. Andrade" del Instituto Magnasco.Pero también en la provincia, ya que esta gualeguaychuense fue la principal impulsora de lo que es hoy la Federación de Bibliotecas Populares de Entre Ríos (Febipoer), creada el 17 de octubre de 1981, y de la que fue su primera presidenta.Este nucleamiento vino a romper el aislamiento en que se hallaban las bibliotecas en todo Entre Ríos, ya que cada una se las arreglaba como podía. La importancia de esta unión se explica por el perfil financieramente endeble de estas entidades, lo que las convierte en "mendicantes" crónicas.En efecto, desde sus orígenes estas bibliotecas se sostienen, generación tras generación, en el trabajo voluntario de comisiones de vecinos que se ocupan de su sostenimiento, gracias al aporte voluntario de socios.Desde Febipoer Diola Barel expandió la filosofía de estas entidades en la sociedad entrerriana, al tiempo que gestionó diversos beneficios ante los poderes públicos para protegerlas.Entre sus acciones, figuran dos por las que se la recuerda: la creación de la Semana del Libro para Niños en las bibliotecas y la gestión por la ley que las ampara en territorio entrerriano, sancionada en 1988, y que se conoce como "Ley Diola".Con el tiempo las bibliotecas populares fueron anudando vinculaciones con el Estado. A nivel nacional el lazo lo garantiza la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), organismo encargado de colaborar con el funcionamiento de estos espacios.Asimismo distintos distritos y municipios incluyen en sus políticas la habitual colaboración mediante el aporte de subsidios. En diálogo con EL DIA, Jorge Pesaro, presidente de Febipoer, explicó que la mayoría de las 58 bibliotecas que existen en Entre Ríos no pueden sustentarse solo con los socios benefactores.Por esta razón, afirmó, reciben periódicamente aportes por ley desde los Estados nacional y provincial. "Los aportes nacionales se discriminan por categorías de bibliotecas. Así, las A reciben 93 mil pesos por año, a las B les otorgan 63 mil pesos, y a las C 50 mil pesos. En cuanto a la provincia, por ley otorga el doble de un salario docente por mes. El año pasado eso sumó 98 mil pesos", explicó Pesaro, que es a su vez el titular de la biblioteca popular de Herrera, en el departamento Concepción del Uruguay. Los retos del presente Cuando se crearon estos espacios, a fines del siglo XIX, el reto era la alfabetización, ya que buena parte de la población no sabía leer ni escribir. ¿Cuáles son los desafíos del presente?Aunque suene extraño la justificación de la existencia de las bibliotecas populares -expandir la lectura en la población- sigue tan vigente como entonces, ya que la sociedad argentina viene sufriendo un proceso de desculturización creciente (embrutecimiento, en lenguaje coloquial).Un dato lo dice todo: el 50% de los egresados de los establecimientos de enseñanza media del país no comprenden lo que leen. ¿Habría que recrear, acaso, la utopía de la ilustración, la de la alfabetización, aquella que abrazó la generación de la segunda mitad del siglo XIX?El copoblano Pedro Barcia -uno de los últimos humanistas del país- para explicar esta decadencia recurre a Rafaelle Simone, quien distingue tres etapas en la relación del ser humano con la lecto-escritura: la analfabetización, la alfabetización y la desalfabetización.Eso quiere decir, concluye Barcia, que estamos en la tercera fase, en la pérdida de la capacidad cognitiva de comprender textos escritos, que equivale a su vez a un empobrecimiento en la calidad del ciudadano.Las bibliotecas populares, por tanto, tienen el reto de luchar contra la "desalfabetización", aunque Pesaro cree que tienen que encarar una urgente reconversión para que las nuevas generaciones, peleadas con la lectura, vuelvan a estos espacios.El entrevistado imagina un relanzamiento necesario de esos enclaves, para sacar a algunos de ellos de cierta esclerosis. "Nuestra fortaleza es que somos una de las provincias donde las bibliotecas populares interactúan, trabajan juntas, lo que no ocurre en otros lugares. Pero tenemos que ser una oferta más atractiva, utilizando nuestras estrategias para atraer a los nuevos lectores", reflexionó."Gualeguaychú siempre ha hecho punta en esto, por ejemplo con la Semana del Libro, la iniciativa de Diola Barel. Hay un acercamiento fructífero de las escuelas con las bibliotecas populares. Esto hay que replicarlo en otros lugares", afirmó Pesaro.Según su diagnóstico, el reto de estas entidades de la sociedad civil es ampliar el número de socios, que tiende a decaer, para lograr el objetivo de máxima que es la auto sustentación económica.En concomitancia con esto, el entrevistado sostuvo que es necesario explorar distintas alternativas para atraer al público como "bebetecas" para los más pequeños, videotecas, audiolibros, servicios de Internet y café literario, entre otras formas de promoción.Por otro lado, Pesaro opinó que el personal de las bibliotecas debe hacer un esfuerzo por adaptarse a las nuevas demandas de una sociedad que tiene necesidades y sensibilidades propias de la época. "La conducción de estas entidades, a su vez, debe apuntar al cambio generacional, para que gente nueva tome las riendas de la administración de estas entidades, que deberían ser un reflejo de la vitalidad de la sociedad civil", indicó.
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