Las legislativas, elecciones con resultados para todos los gustos
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Las elecciones de medio término no siempre son el preanuncio de lo que viene. En la historia reciente hay para todos los gustos. Alfonsín perdió en 1987 y después tuvo que dejar antes la Presidencia. Menem consolidó su proyecto reeleccionista con las dos legislativas que pasó. Jorge Barroetaveña Estas elecciones de medio término, para De la Rúa fueron un karma y el principio del fin a manos del peronismo. Y Cristina tuvo de todo: perdió para después ganar y volvió a perder para después sí tener que dejar el poder.Es que en el combo, no solo está la reacción del oficialismo, también de la oposición circunstancial. Al peronismo le llevó una legislativa sacarse de encima los restos violentos del partido, alumbrando un proceso renovador. Menem, con sus victorias, sumió en crisis al radicalismo que necesitó del FREPASO para ver la luz en 1997. El mismo peronismo tuvo que apelar a una interna abierta entre tres candidatos, tanto que Kirchner fue presidente con el 22% de los votos. Ahí arranco la primavera K, que se vio conmovida por la muerte del ex Presidente y la suerte dispar de su mujer en legislativas. Es raro. Kirchner, que estructuró su gran poder casi desde la nada, jamás ganó una elección nacional. En el 2003 Menem renunció al balotaje y en el 2009 perdió con De Narváez o el imitador de Tinelli, nunca se supo bien tampoco. Increíble.Luego de aquella legislativa muchos le expidieron el certificado de salida al kirchnerismo. No ocurrió, en 2011 Cristina sacó el 54% de los votos y consiguió su reelección. El resto se conoce: en el 2013 Massa hizo punta y les ganó en Buenos Aires y en el 2015 perdieron la presidencia con Scioli como candidato. El detalle es que Cristina no fue candidata en ninguna de esas derrotas: está invicta desde el punto de vista electoral. Hoy se sabrá si seguirá manteniendo esa condición.Más allá de las expectativas, no cambiarán grandes cosas en el Congreso de la Nación, independientemente del impacto político del resultado, difícil de evaluar de antemano. Es probable que el oficialismo incremente el número de legisladores pero lejos quedará de tener quórum propio. En Diputados, ni hablar en el Senado donde la segura presencia de la ex Presidenta promete darle pasto a las fieras. En el amplio mundo del peronismo habrá que ver cómo se reposicionan todos con el resultado puesto y hasta dónde los gobernadores están dispuestos a marcar su cancha y liderar un nuevo proceso.El oficialismo tampoco podrá cantar gran victoria. Si bien es probable que venza a nivel nacional y en las provincias más grandes, con algunos batacazos incluidos, el 2018 será un año difícil para la economía, en el que algunas de las reformas estructurales prometidas deberían ser encaradas. ¿Surgirá con suficiente poder luego de los comicios para avanzar sobre ellas? ¿Tendrá capacidad para negociar con todos los sectores? En esto, el Presidente Macri parece haber decidido que sus interlocutores serán los gobernadores peronistas. Con varios se lleva bastante bien, con otros a las patadas y con un par no tiene relación. No importa, basta y sobra, para colocarlos en el centro de la escena y al mismo tiempo fogonear la división en el peronismo. Allí quedará omnipresente Cristina en el Senado, con el espacio que se gane o con el que le den, Massa buscando volver y Urtubey tratando de erigirse en el nuevo líder. ¿Representa alguno de ellos la quinta esencia peronista? Es difícil saberlo a esta altura, aunque lo cierto es que la oposición buscará alguien que le de alguna chance de ganar en el 2019. Alguna figura potente capaz de enfrentar a un consolidado Cambiemos en todo el país, en condiciones de juntar todos los pedazos en los que se partió el peronismo.Una parte importante de este camino será entender que la forma en que los políticos y sus partidos se relacionan con la sociedad ha cambiado. Que la gestión ya no se mide sólo en términos económicos. Que los temas vinculados a la transparencia en la administración han adquirido otra dimensión. El viernes, en la detención de la mano derecha de De Vido, una lluvia de insultos lo acompañó hasta el patrullero. Fue Baratta, pudo ser cualquier otro corrupto. Bueno sería que no sea el último, que la línea que la sociedad parece haber cruzado, se convierta en una muralla que no permita retroceso alguno.Será una buena enseñanza para todos. Significará que nuestra democracia habrá dado un salto de calidad. Que hay que exigirle a quienes nos representan que no solo sean eficaces en la gestión, y conteste ante las demandas, sino que administren los dineros públicos como si fuera los propios. Que el reproche está a la vuelta de la esquina y que le teman a la sanción judicial y social.No importa de dónde vengan ni las influencias que tengan. O la plata para pagar buenos abogados. Claro que para que esto ocurra se necesitará una Justicia independiente y no acomodaticia a los tiempos que corren. Será un camino largo pero es una de las deudas que el actual Presidente contrajo con la sociedad hace dos años, cuando lo eligieron para suceder a Cristina. La Justicia bien podría formar parte de los morosos incobrables. Aunque la sociedad parece haber despertado de su letargo.
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