Las palabras cambiadas
Dentro de una semana la democracia cumplirá 28 años. Sin embargo, muchos dirigentes de la democracia aún no han aprendido a valorarla, respetarla y resguardarla. Por Mario Alarcón MuñizEspecial Todos la proclaman y juran defenderla. En esto no hay diferencias. Los contrastes se advierten detrás de los discursos en las actitudes cotidianas, a veces las más simples.Obsérvese que durante la semana ha ganado espacio una polémica absurda centrada en el papel que debe cumplir (o no) el vicepresidente de la Nación en la ceremonia de asunción del nuevo gobierno, el domingo venidero. Parece una discusión de borrachos a las dos de la madrugada. Sus participantes no advierten que se trata del acto institucional más importante dentro del marco democrático: la transferencia del poder conforme lo decidió el pueblo. En este caso no hay transferencia sino continuidad, pero el concepto no varía. Asombra que frente a la importancia del acto, dirigentes de primer nivel gasten su tiempo y sus neuronas debatiendo si Cobos puede o debe o no puede ni debe transferir simbólicamente el poder a Cristina K.No es necesario recapitular todo lo ocurrido desde el voto "no positivo" del 18 de julio de 2008 en el Senado de la Nación, ni evaluar la conducta del vicepresidente. Ya está. Unos la aprueban, otros la rechazan. Rigen las instituciones y las normas básicas de la democracia y esto es lo importante. Si nos detenemos en asuntos superfluos perdemos de vista el centro de la cuestión que nos compromete a todos: la vigencia del régimen democrático."¡Argentinos, a las cosas!", aconsejó el ilustre pensador español Ortega y Gasset, que tanto amaba a nuestro país. A las cosas importantes, de fondo, de trascendencia. Han pasado 72 años desde aquella exhortación y seguimos igual. O peor. Peleando por las superficialidades y las apariencias. Primero lo importanteMientras tanto, en Entre Ríos no es muy diferente la tendencia a desplazar cuestiones importantes a segundo plano. Los periodistas -cabe reconocerlo- solemos contribuir a ese desplazamiento. Un tema importante, básico para el gobierno y los ciudadanos, es el presupuesto provincial, del que suele informarse muy poco.El Senado provincial aprobó hace diez días por unanimidad, sin mucho estudio y ninguna consulta a sectores interesados, el presupuesto 2012. Lo que envía el Poder Ejecutivo es palabra santa. Vótese. El proyecto está ahora en la Cámara de Diputados que lo estudiará -se supone- y debatirá a partir de la semana del lunes 12, vale decir con su nueva composición.El gobierno contará entonces con un presupuesto de gastos de 17.976 millones de pesos para el año entrante. Lo afrontará con recursos calculados en 16.995 millones. Aquí y en Mongolia esto equivale a un déficit de casi mil millones de pesos. No obstante, se lo presenta como un "presupuesto equilibrado", según lo definió el ministro de Economía, Diego Valiero, el 31 de octubre pasado. El funcionario comentó en esa oportunidad que "la ejecución del presupuesto no generará deudas". Buen augurio. Ojalá acierte. La verdad de los númerosNo es sencillo acceder a los detalles del presupuesto estatal. Los números gruesos se publican, son incorporados a Internet para su mayor divulgación, pero la terminología técnica que se utiliza impide a quienes no somos especialistas y al ciudadano común, conocer con claridad lo que significan ciertos términos y cifras. Esto no es nuevo. El método de elaborar un presupuesto para que sólo lo entiendan los expertos, fue impuesto por los gobiernos militares hace más de 40 años y perfeccionado por las administraciones siguientes (militares y civiles).No obstante, se sabe que el gobierno estima en 18% el aumento de la recaudación tributaria y propone aumentar en 23% la partida de vialidad, 17% la de educación, 23% la de salud, 16% la de minoridad, 20% la de discapacidad y 31% la de comedores escolares.Estos índices y los de inflación corren parejos, de modo que no se advierten cambios respecto del presupuesto vigente. Por eso no deja de extrañar la euforia de un vocero de Vialidad Provincial cuando días pasados anunció que la repartición tendrá en 2012 recursos por 1.517 millones de pesos. A primera vista la cifra es atractiva, pero en el corriente año la partida es de 1.233 millones, de donde se deduce que el aumento ronda la inflación: es 23%. No tiene gracia. Casi lo mismo. En una de esas la cifra se traduce en menores recursos.Otros números no dejan de despertar curiosidad. La Legislatura dispondrá de un aumento de fondos que llega al 57%, en tanto que los números del Poder Judicial han sido aumentados un 27%. Alguien deberá explicar esta diferencia.Es otra de las cosas importantes que suelen relegarse detrás del ruido de cuestiones menores, mediante el simple recurso de cambiar las palabras.
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