Las posibilidades educativas de las personas con discapacidad
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En alguna época se representó a la discapacidad como una enfermedad. Y eso puso un techo al despliegue de las personas con alguna deficiencia. Hoy, en cambio, se sabe que tienen riquezas latentes que la pedagogía debe descubrir. Eso dijo en Gualeguaychú Flavia Mena, directora provincial del sector. Marcelo Lorenzo Las personas con discapacidad no son seres deficitarios, como se creía en el pasado, sino dotados de potencialidades distintas, sin límites para el desarrollo. Esta concepción está detrás de la nueva política que contempla la posibilidad de que se integren a la educación común.Sobre este eje giró la charla que dio la profesora Flavia Cristina Mena, directora general del Instituto Provincial de Discapacidad (IProDi), el 24 de octubre pasado.En su exposición sobre "Trayectorias Educativas", organizada por el Instituto Superior de Perfeccionamiento y Especialización Docente (ISPED), Mena trazó los lineamientos de la nueva pedagogía en esta área, al tiempo que reflexionó sobre el quehacer docente.Lo hizo ante un salón repleto de docentes y alumnos que se dieron cita en el Instituto Magnasco, oportunidad en la que la funcionaria echo mano a su experiencia profesional para explicar los nuevos conceptos que rigen en la Educación Especial, que es una de las modalidades del sistema educativo argentino.La novedad es que las personas con discapacidad hoy tienen un lugar en la educación común, de suerte que pueden aprender integradas en el conjunto de los alumnos, compartiendo las mismas aulas.Eso estipula la Ley de Educación Nacional N°26.206, en uno de sus apartados: "La Educación Especial es la modalidad del sistema educativo destinada a asegurar el derecho a la educación de las personas con discapacidad, temporales o permanentes, en todos los niveles del Sistema Educativo".Toda la legislación provincial, tanto la relativa a la educación como a la discapacidad, siguen la misma tesitura. A nivel internacional la filosofía es idéntica, y está expresada en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, del año 2006.Allí se indica que los Estados que adhieren a este ordenamiento, como el argentino, reconocen el derecho de las personas con discapacidad a la educación sin discriminación. Y eso implica asegurar "un sistema de educación inclusivo a todos los niveles así como la enseñanza a lo largo de toda la vida".La política institucional educativa diferencia la Educación Especial de la Escuela Especial. La primera contempla que las personas con discapacidad realicen su trayectoria educativa en las escuelas comunes.Eso supone que se considere en cada caso la situación de esas personas, para formular una propuesta educativa adecuada y adaptada a sus necesidades. El sistema, en teoría, prevé apoyos técnicos y pedagógicos.El alumno de la Escuela Especial, en tanto, es aquel que no puede participar de la propuesta ofrecida por la escuela común. Puede darse el caso de que realicen todo su itinerario educativo en ese ámbito o alternen en otras modalidades. Paradigma en crisisMena explicó que al moderno enfoque de integración se arribó tras una toma de conciencia histórica sobre la problemática. El modo de concebir y representarse socialmente la discapacidad mutó sustancialmente.Antes se hablaba defectuosamente de "discapacitados", como si los individuos lo fuesen constitutivamente, olvidándose que detrás de las diferencias motrices o intelectuales había personas.Hoy, en cambio, se habla de "persona con discapacidad". De esta manera se reconoce a la persona, sujeto de derecho, por sobre la discapacidad. Este cambio semántico, según la expositora, revela hasta qué punto las palabras no son inocentes, sino que configuran realidades y situaciones.El lenguaje sobre la discapacidad encubría también una toma de posición ideológica sobre lo que era ese concepto. Al respecto Mena contó una experiencia personal que, según ella, la marcó profesionalmente.Relató que siendo maestra en una escuela de Concepción del Uruguay, se le acercó un papá para pedirle el informe de Tatiana, que era una alumna suya. "¿Tatiana es esto que dice la hoja?", le pregunta el padre, tras leer el texto."Me voy a lo que estaba escrito y le digo: bueno, sí, últimamente Tatiana tiene conductas disruptivas (en ese término técnico hablé). Después le mencioné cosas como la aceleración de los tiempos en el inicio de la jornada y la meseta que se produce después, entre otras cosas. Es decir le trato de comentar el informe. Pues bien, entonces el papa me indica que vuelva al timbrado. Y ese timbrado decía: Asociación Civil para la Rehabilitación, Reeducación, Readaptación del Débil Mental. Nunca más me olvidará de esta escena, que disparó en mí infinidad de preguntas. Entonces comprendí que Tatiana, y las muchas Tatianas que existen, necesitan otras formas", relató.Frases como "readaptación del débil mental" eran expresiones lingüísticas, razonó la expositora, que denunciaban una concepción de la discapacidad como enfermedad, que debía ser curada. O como un desvío fatal o una alteración que hacía del individuo en cuestión alguien condenado a una situación fija de minusvalía.Pero todo eso, según Mena, no era más que una representación social del Otro, una manera de posicionarse ante las personas con discapacidad. Una mirada, de última, que entrañaba una carga ideológica gravosa sobre sus destinos, al fijarles de antemano un "techo" a sus posibilidades."En la década del '60 nos marcó a nosotros (docentes) la psicometría, la cosificación, el 'no pueden' (los alumnos). Una cuestión instalada en todas las instituciones era que el chico que iba a una escuela especial no superaba el pensamiento de un alumno de cuarto grado de escuela común. Y esto por algo que se llamaba fragilidad mental", indicó.Se creía que esos chicos no alcanzarían nunca el pensamiento formal y abstracto. "Y estas cuestiones eran lapidarias. Estaban escritas en los diseños curriculares. Allí se decía que los alumnos de estas instituciones no harían jamás ciertas operaciones mentales. El sistema educativo, entonces, le imponía techo a su desarrollo", explicó.Según dijo, se ubicaba a estos chicos en un lugar u otro, y el sistema ejercía el poder de bajarles el pulgar, condicionándolos incluso de por vida. Así se obturaban las preguntas, del tipo: "¿Qué pasa si ese chico estaba atravesando, en realidad, una situación emocional determinada? ¿O simplemente era muy tímido?". "El otro no tiene techo"La discapacidad ha sido redefinida: ya no es vista como un déficit sino como una posibilidad. Y las personas con algunas deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales, tienen derecho a acceder a formas de inserción social y laboral.Desde esta perspectiva, esto obliga a revisar todas las prácticas vigentes en el sistema educativo. Y a entender, según explicó Mena, que no existe una única "trayectoria educativa" sino varias, según las peculiaridades de los alumnos.No son los alumnos, en su diversidad, los que se tienen que amoldar al sistema, sino éste a ellos. La relación pedagógica, por tanto, tiene que ajustarse al principio según el cual "el otro no tiene techo"."¡¿Qué alguien de los que están presentes -inquirió al público docente que la escuchaba- diga si se siente en condiciones de determinar cuándo y cómo el otro deja de aprender?!"."En todo caso -continuó- tenemos que ser creativos, tenemos que apelar a la imaginación. Cuando se nos queman los papeles busquemos al colega docente, al par. Construyamos alternativas con otros. Esto de 'cada maestrito con su librito' hay que revisarlo".La discapacidad, insistió, no es algo biológico, inmodificable, o una resultante psicométrica. En toco caso esto es un constructo social, un artefacto cultural inventado en una época.La situación de discapacidad -enfatizó- surge del cruce entre "la dificultad individual con una barrera o no acceso a algo". Es la resultante, repitió, de la "interacción de la dificultad de un sujeto en un determinado momento con una barrera de la sociedad".El rol de la educación, justamente, es remover esas barreras que impiden que esa persona pueda desarrollar todas sus condiciones. Aquí la dificultad no es vista como un impedimento, un límite, sino como una potencialidad a estimular.De esta manera, la educación es un proceso de desarrollo de las capacidades, todas diferentes, de las personas. Al respecto, Mena sostuvo que el concepto de educación echa luz sobre el punto.La palabra deriva de la raíz latina "educare" y significa extraer lo que está adentro. El objetivo pedagógico, por tanto, consiste en extraer cada conocimiento y capacidad que se halla latente en las personas. "Es sacar lo mejor de cada uno", apuntó la expositora. Responsabilidad docenteEn este sentido, la funcionaria propuso revisar la actitud de los docentes ante el proceso pedagógico. "Hay docentes que dicen: el chico no me rinde, no me estudia, no me cumple, no me trae la tarea. ¿Por qué no me pregunto qué le está pasando? Y en todo caso, ¿qué pasa con lo que estoy proponiendo?".En su opinión, es el docente el que debe interrogarse sobre sus propias prácticas, si es que quieren llegar al alumno. Dijo que esto urge hacerlo a la luz de la responsabilidad de los maestros. "Pensemos por un momento que en nosotros muchas veces está el destino de una persona".Para ilustrar el asunto comentó: "Imaginemos el diálogo en una sala de maestros. Una le dice a la otra: 'el desnutrido grado dos no va a aprender nada'. Otra añade: 'leí que la desnutrición trae deficiencia mental; por tanto no va a poder aprender matemáticas'. Pero está la otra maestra que dice:' ¿y si le damos una oportunidad?'".Al respecto reflexionó: "¿Qué hubiera sido de nosotros si alguien no hubiera pensado en otra oportunidad para quien escribió la Pedagogía de la Libertad (Pablo Freire), que nació y vivió en una favela, y que luego pudo educar a adultos cuando éstos ni siquiera eran destinatarios de un programa de educación? ¿Qué hubiera sido de nosotros si alguien totalmente sordo (Ludwig van Beethoven) no hubiera compuesto el Himno a la Alegría, la composición musical que más acordes reúne? ¿Qué hubiera sido de los jóvenes si una escritora (Joanne Rowling), que tuvo muchas dificultades en la escuela media, porque supuestamente no tenía pensamiento formal, no hubiera escrito Harry Potter?". Ficha técnicaFlavia Cristina Mena es Licenciada en Tecnología Educativa y Especialista en Educación en Ambiente para el Desarrollo Sustentable; maestra de enseñanza bilingüe y profesora de enseñanza especial.Posee un posgrado en Atención a la Diversidad y es aspirante a Magister y Doctor por la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER).Fue directora de Educación Especial del Consejo General de Educación de la provincia de Entre Ríos y profesora de Epistemología de las Ciencias en la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER).Desde febrero de 2012 es directora del Instituto Provincial de Discapacidad de Entre Ríos (IProDi).Entre otros trabajos, ha publicado: Prólogo de la guía educativa para aula y comunidad (2009); Posibilidad de alteridad (con) ciencia pedagógica (2009); Escribir sobre la experiencia, habilitar la oportunidad (2008), entre otros.
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