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Las salas teatrales y los centros culturales independientes piden que los dejen abrir y trabajar

En Buenos Aires se permitió la apertura de las salas comerciales con un 30% de su capacidad, pero esta medida no sirve para los centros culturales y los espacios más pequeños. Además, reclaman que si no se revierte esta situación, se puede perder la cultura teatral en la ciudad, algo que costó mucho poder conseguir y hacer crecer.

Los efectos de la pandemia siguen haciendo estragos en la ciudad, y uno de los sectores que más lo están sufriendo son las salas teatrales y los centros culturales, especialmente los dedicados a la actuación. Es que desde que se supo que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires podrán volver a reabrir los teatros comerciales con una capacidad máxima del 30% de asistencia, nada está contemplado para los pequeños emprendimientos.

"En Buenos Aires informaron que la capacidad se reducirá al 30%, algo que en una sala grande puede llegar a funcionar. Pero abrir una sala independiente, que tiene una capacidad habitual de apenas una decena de personas, no sirve. No rinde abrir para diez espectadores, no sirve a los artistas que actúan y tampoco a los responsables del espacios. Da la sensación que todo está pensado para los grandes, y no hay nada que nos contemple a nosotros, los independientes”, afirmó Valeria Bassani, gestora cultural de Sinergia Teatral, en una entrevista con ElDía.

“Hay una realidad en el circuito independiente que por ahí la sociedad no sabe, y es la de los espectáculos que no son masivos. En nuestro caso, tener una milonga con 50 personas es una buena noche, por lo que si nos dejan trabajar con 30 personas nos arreglaríamos bien manteniendo el distanciamiento social sin ningún tipo de problemas”, afirmó por su parte a ElDía Paulina Lemes, del Centro Cultural Alas.

Estas son dos realidades que comparten un mismo problema, y aunque en los últimos meses se ha concedido una serie de rehabilitaciones, ninguna de estas medidas ha logrado paliar la crisis en el sector cultural.

"Nuestra idea es que con los protocolos sanitarios adecuados se nos permita trabajar, al igual que como está pasando con el sector gastronómico. Hasta ahora, la legislación no nos avala, y la realidad de los espacios que se autogestionan en el interior es totalmente diferente a la de las salas comerciales de Buenos Aires. Nosotros tenemos espacios que varían y que van de entre las 60 y las 100 personas”, explicaron ambas.

"Queremos trabajar y actuar en nuestros espacios. Además, si lo llevamos a otro lado, se nos desarma la comunidad que viene sosteniendo espacios que son autogestivos, algo que colabora también con los talleristas y los gestores culturales”, agregaron.

Este no es un detalle menor: durante los últimos años, los espacios culturales independientes comenzaron a crear una comunidad que empezó a seguir los diferentes emprendimientos. Fue un trabajo a destajo, con mucho esfuerzo y muchas veces con más apuestas negativas que positivas. Y si se pierde esta costumbre, va a ser muy difícil de recuperar.

“Si la comunidad deja de asistir durante un tiempo muy largo es probable que la reconstrucción de esa comunidad termine siendo un problema difícil de resolver”, alertaron.

“Las funciones de teatro todavía no están habilitadas en la ciudad, y es algo que no entendemos. Porque si en un bar se puede brindar un show musical con todos los protocolos, no tiene sentido negarle a un centro cultural brindar el mismo servicio”, renegaron.

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Paulina Lemes, del Centro Cultural Alas; y Valeria Bassani, gestoral cultural de Sinergia Teatral.
Paulina Lemes, del Centro Cultural Alas; y Valeria Bassani, gestoral cultural de Sinergia Teatral.

El problema de los talleristas

Valeria y Paulina explicaron que actualmente está permitida la realización de talleres artísticos, los cuales se desarrollan en las salas independientes y los centros culturales. Pero debido a las restricciones protocolares, los mismos están sufriendo una merma que atenta contra la misma actividad.

“Los talleres son con capacidad reducida, es decir que pueden asistir no más de siete u ocho personas, cuando antes se convocaban a no menos de 20. Además, ahora sólo pueden tener una duración de una hora, cuando antes eran de dos. Por lo tanto, ahora tenemos que desdoblar los talleres, lo que nos lleva a tener una menor cantidad”, explicó la Gestora Cultural de Sinergia Teatral.

"El porcentaje, más allá de las medidas sanitarias, es mucho menor que la inscripción que realizamos en marzo para las diferentes actividades, además estamos muy cerca del verano, época del año en la que baja la cantidad de alumnos”, amplió Lemes.

"Nosotros vivimos de lo que hacemos en nuestro trabajo, y mientras estuvimos suspendidos a lo largo de cinco meses todas emos sobrevivido gracias al apoyo de nuestras familias y con la ayuda de entes provinciales y nacionales, que nos han dado una mano a sostenernos”, describieron.

"De esta actividad depende un montón de personas, entre ellos los talleristas, que son independientes y que trabajan en el espacio que le ofrecemos para desarrollar su trabajo. Hay talleres de pintura, teatro, danza, música, instrumentos musicales, fotografía y cine. El tallerista que trabaja en un centro cultural recauda el 70%, mientras que los propietarios de los espacios se quedan con el 30%. El año pasado trabajaron 14 talleristas en Sinergia Teatral, pero en 2020 no fueron más de seis porque no pueden asistir los adultos mayores y los niños", concluyeron .

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