Las sociedades tiendena la polarización política
La segunda vuelta electoral en Brasil muestra un duelo más acentuado que nunca entre dos candidatos totalmente antagónicos. Aunque ésta es una conducta que se repite en todas las sociedades contemporáneas.
Lo que se ve en el país norteño es una fuerte polarización política. Pero es una dualidad ante todo social, que se refleja en la calle, según los encuestadores.
A la derecha, están los que se alinean detrás del ex militar Jair Bolsonaro, que encabeza la carrera electoral con un discurso conservador que además alerta sobre una supuesta dictadura socialista o el peligro de que Brasil se convierta en Venezuela si gana el opositor Partido de los Trabajadores (PT).
A la izquierda, los de Fernando Haddad (aliado del ex presidente Lula), que proclama que su victoria significaría la defensa de la democracia frente a Bolsonaro, admirador de la dictadura.
Pero este tipo de polarización no es un fenómeno exclusivo de Brasil, sino que se ha dado con mayor o menor intensidad en otras elecciones generales en distintas sociedades contemporáneas.
En Argentina se habla de una "grieta", queriendo significar que la sociedad está virtualmente dividida en mitades, y que políticamente se expresa hoy en un polo cambiemita (oficialista) y otro peronista-kirchnerista (opositor).
La polarización existe en el resto de las sociedades latinoamericanas (como se ha visto en las elecciones generales en Chile, México, Colombia o Venezuela). También se observa de una manera patente en Estados Unidos, donde el fenómeno Donald Trump ha profundizado la división.
En Europa pasa otro tanto, como se observa en Gran Bretaña, donde la cuestión del Brexit tiene partida en dos a la sociedad británica. La pugna en el Viejo Continente es entre los que quieren mantenerse en la Unión Europea (UE) y los euroescépticos que postulan romper con ella.
La polarización política se ha definido como un proceso de diferenciación de la opinión pública en grupos opuestos. En períodos electorales, esta división se intensifica y los dos sectores políticos en pugna, como ocurre hoy en Brasil, suelen utilizar el miedo como estrategia para estigmatizar al otro y con ello lograr rédito político.
Ahora bien, ¿por qué los grupos humanos y las sociedades tienden a instalarse entre un "nosotros y ellos", o un "estás conmigo o estás contra mí"? ¿Será acaso que a la larga juega un principio de economía por el cual siempre se elige entre dos opciones fuertes, enfrentadas entre sí?
Hay razones para sospechar que la política siempre es maniquea. En el siglo III de nuestra era, el herético Mani vio el mundo dividido en dos: los hijos de Dios y los hijos del demonio.
Esa dialéctica se replica en la política en la actitud de dividir las ideas, o personas en dos grupos: los del bando bueno, y los del bando malo, en forma irreductible.
A poco que se mira la historia del país, se caerá en la cuenta de que siempre hubo dos grandes opiniones enfrentadas. La primera división entre argentinos, surgida de la discrepancia sobre cómo organizar el nuevo país tras la Revolución de Mayo, se planteó entre federales y unitarios.
En el siglo XX una sucesión de odios recíprocos tuvo diversos protagonistas, muchos de los cuales perduran en nuestros días. Así se vio la "grieta" entre los conservadores versus los radicales, los peronistas versus los antiperonistas, la izquierda guerrillera (Montoneros, ERP, etc.) versus los militares.
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