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“Las voces de las vivas suben como un tornado”

Pasaron 47 años para que el premio Fray Mocho a la poesía vuelva a manos de una mujer. Y qué mejor que esta revolución que protagonizamos las mujeres, para generar el contexto.      “Cuaderno para brujas” fue el poemario premiado en la edición 2018. Hoy compartimos en exclusiva, algunas líneas que movilizan y aportan al movimiento “No nos callamos más”.  
  1. La costurera
I Contra todo silencio que íntimo mar se mueve danza, contra toda lágrima que piedra, aquieta, soy la costurera. Se hamaca el pie se ensaña la mirada se concentra. Contra toda la noche despierta enhebro la letra hilvano el pensamiento doy la primera puntada; el hilo en la tela abre puertas, punta con punta palabra con palabra. De esta unión ya no se vuelve ya no hay vuelta atrás. Canta el vestido abre los volados cae la voz, su sombra se sacude se aprieta contra el muro desespera. Canta la aguja se clava sabe exactamente dónde sabe exactamente cuándo, gime el rojo retazo entregado al relámpago puñal que lo penetra que lo transforma. De esta unión ya no se vuelve ya no hay vuelta atrás. Contra toda la lluvia que crece en la ventana como si el vidrio o mis ojos fueran una lupa, triste, contra toda tristeza canto compongo los huecos, las bocas de la tela, las yemas se juegan en una apuesta filosa punzante por la forma. Canto me detengo sorbo el agua del poema pruebo la temperatura, adivino el espacio que ocupa en la garganta, canto de nuevo. Los hilos saben la tela sabe la aguja sabe con qué lenguajes me erotizo, con qué gesto el ruedo me conduce sola por los bordes. Canto. De esta unión ya no se vuelve. De esta unión ya no hay vuelta atrás.     SororidadI Tres perros durmiendo al sol, los yuyos a la vera del camino, una calle de tierra que rasca el aire, hay olor a otoño y todo está quieto a las tres de la tarde. Verde pulmón, el baldío, donde pasta inocente un viejo caballo, un paisaje como aquellos aparentemente apacibles que bordaba mi abuela, allí la encontraron. Camino en silencio para no perturbar esa antigua sensación que une con un hilo a punto de cortarse un cuerpo roto de mujer con su infancia. La pollera me roza las piernas, las sandalias no me protegen los pies del polvo, (nada me protege). Escucho el quejido de las piedras que piso y siento el olor a mate recién preparado en una casa tras una amplia ventana porque alguien no pudo dormir esperándola, y puso el agua. Sólo el ruido de mis pasos que avanzan levanta las voces de las muertas, las tiende en la cuerda y las pone a secar, limpias, las enhebra y las dispone, las riega en las plantas huérfanas, las deja sentadas en la vereda cantando. Es nueva la noticia en esta siesta provinciana es vieja la noticia en esta siesta provinciana. Las voces de las vivas suben como un tornado en medio de las voces de las muertas que se abren dejando espacio. Porque lo que siempre es nace mientras muere. De la serie Poema de la bruja   La bruja no duerme. Pinchan los grillos de la noche el silencio constelado, están bordando su amor sobre el aire, costureros anónimos del imsomnio. La bruja no duerme. Es medianoche y el cielo profundo la abre como un ojo. Será la luna, el gigante silencio de la sombra, aquello que se sacude debajo, otra mirada, o tal vez la propia ardiendo sobre ella misma. II Llueve con sol apenas entendemos esa urgencia, ese revés con que sucede, esos pequeños peces temblando en el aire. La piedra se lava luminosa y si miramos mejor vemos de cerquita la bruja que se casa. Se casa en una celebración misteriosa un aquelarre protegido por el río. Pero no de blanco, como todas las otras brujas que proliferan en el mundo que se meten en las iglesias para cuidarse de la culpa que mienten con albor. Esta hija del diablo ríe con todo el cuerpo con una carcajada desde la boca hasta el sexo con los pechos galopantes de tanto carcajeo porque llueve con sol y va a casarse desnuda con sus demonios, con sus amantes. Le voy a regalar una montura de tierra, hierba y rocío para que su entrepierna huela a monte o a patio, un abrazo de mil años sanador de inquisiciones, la raíz de un silbido creciendo a boca tendida; le voy a regalar una cama donde se enreden las estrellas, también mandrágoras y amapolas, un beso en la libertad, una música vieja, pero, sobre todo, mi lealtad, porque también soy una bruja y va a llegar el día en que me llueva con sol y yo tenga que casarme coserme con mis bestias, con la muerte, conmigo misma. de la serie La espera III Hoy descubrí que cantando se asemillan las palabras pequeñas semillas condensando un íntimo infinito: el verde siempre haciéndose el aroma a albahaca de tu nombre. Mientras no estés voy a plantar mi voz por toda la casa a ver si así venís también cantando. IV Los abrazos que no nos dimos se quedaron en nuestra casa, los siento caminar por las noches moviendo las cortinas, los escucho rugir su frustración escondidos en los rincones más oscuros. Temo que cualquier noche de estas terminen por despedazarme. V Tendré que sacar tu ropa de las perchas acomodarlas, delicadamente, para que tu olor no se asuste. Sentarme a su lado y contarle aquel cuento del fantasma que iba empequeñeciendo, empequeñeciendo, empequeñeciendo, hasta dejar de estar molestando el aire con su ser de aire. Y que este relato sirva de advertencia para que regreses, porque así vestida de murmurado vacío, todas las cosas de esta casa, fantasma de mi corazón, todas la cosas empezarán a olvidarte.

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