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Lava ropa todo el día y recorre kilómetros en bici para mantener a su familia: La historia de Macarena

Lava ropa en su casa que luego, en una vieja bicicleta, distribuye en los domicilios. También ayuda a su pareja haciendo leña que vende en un carrito, que utiliza además para sacar escombros y desperdicios de casas de familia.

Macarena tiene 27 años y vive con su pareja en una casa precaria que levantó en el fondo del patio de la vivienda de su familia, en calle Perú. Tiene cinco hijos, tres de ellos en edad escolar: Thiago, Naila, Juan, Susy e Ismael de 10, 8, 6, 4 y 2 años.

Cuenta con un lavarropas común en el cual lava ropa para familias, que ella misma se ocupa de repartir en su bicicleta. Entrevistada por El Día, indicó que “mientras pueda usar mis manos y piernas siempre algo se puede hacer, aún en tiempos difíciles como los que nos toca vivir. Hace unos meses empecé con este emprendimiento en la búsqueda de generar dinero para mantenernos, aunque se hace cada vez más difícil llegar a fin de mes”, comentó.

Su meta es la de tener algún día un local donde funcione su lavadero de ropa, pero en el mientras tanto trabaja en su casa con lo que tiene, y “por fortuna la gente me va conociendo y dando trabajo”.

Macarena tiene un lavarropas común que es el utiliza para lavar todo tipo de indumentaria, luego cepilla, perfuma y plancha. Una vez lista la bolsa de ropa, se la lleva al domicilio del cliente en bicicleta.

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“En una jornada de trabajo puedo hacer hasta 6 bolsas de ropa, y eso me demanda todo el día”, detalló la joven, y acotó que días pasados “tuve que llevar un pedido cerca del supermercado en la zona norte a las 11 de la noche”.

Comentó que el miércoles tuvo cuatro bolsas de ropa y el jueves dos más. ”Busco la ropa, le dejó un folleto con detalles de cómo trabajo, y esa gente, generalmente, vuelve a confiar en lo que hago”, valoró, y agregó que en una bolsa los clientes “meten buzos, camperas, toallones… unas 30 prendas aproximadamente”.

La bicicleta es su único medio de transporte. La misma tiene un portacargas, donde coloca algunas bolsas, en tanto que a las otras las acomoda consigo y maneja de esa manera. “Ya estoy acostumbrada a trabajar así y a recorrer unos cuantos kilómetros al día”, expresó.

Además, confió a ElDía que su pareja “hace leña, tiene una motosierra, pero no hay mucho trabajo, por lo que salimos con la bicicleta y un carrito de tiro a sacar escombros y residuos a domicilios particulares, y cuando tenemos leña usamos el mismo carrito para venderla”.

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Contó que días pasados encontró un celular tirado en la calle. “Como no sabía a quién pertenecía lo publiqué en face y encontré al propietario, un remisero, que se mostró sorprendido por el gesto y de que no lo haya vendido, teniendo en cuenta que la situación económica de mi familia no es la mejor”.

Si no se cuenta con un trabajo estable es muy difícil mantener a cinco chicos

Lamentó que “si no se cuenta con un trabajo estable con un ingreso fijo es muy difícil mantener a cinco chicos, de los cuales tres están en edad escolar”, y acotó que “comprar útiles y todo lo necesario para tres chicos que van a la primaria significa hacer una erogación de dinero muy importante. Con los ingresos que tenemos hacemos números y compramos hasta donde podemos “.

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“A la noche cuando termino de lavar y repartir me pongo a cocinar”, contó, y agregó que prepara guisos y otro tipo de comidas en base a pollo y mucha carne picada, porque carne vacuna, salvo la picada, por los costos no la puede comprar.

Por último, comentó que está en un grupo de intercambio en donde “cambiamos fideos por leche en polvo con otra gente”. El conocido trueque, que tuvo su auge en la crisis del 2001 y que cada tanto retorna con fuerza.

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