Lela Bacigalupo, una maestra que dedicó su vida por los vecinos del barrio Franco
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Guardería Nazareth y ser maestra son dos hechos fundamentales en la vida de Delia "Lela" Bacigalupo. Desde 1951 dedicada a educar y formar en la escuela, acompañando en el crecimiento del barrio Franco. En la actualidad sigue con su idea de asistir a los jóvenes en lo que necesiten. "Ser maestra es lo más grande que me pasó". Rubén Skubij Toda su vida dedicada a educar y formar en valores a niños y adolescentes. Delia "Lela" Bacigalupo desarrolló su actividad profesional en escuelas primarias y le dedicó "su vida" al crecimiento de Guardería Nazareth, al lado de la gran Toto Irigoyen.En su casa, rodeada de documentos, fotografías y muchos recuerdos, habló con El Día de su niñez y el deseo de ser maestra. "Soy eso, una docente que lo seguiré siendo hasta el último momento de mi vida. Educar a chicos y grandes es un gozo para todo formador", manifestó.Lela estudió en la Escuela N° 14 de Pehuajó Sur hasta 4° grado para luego continuar en la Escuela N° 1 "Guillermo Rawson". Seis años concurrió a la Escuela Normal para obtener el título de Maestra de Religión y Bachiller en 1951."Con el título obtuve una enorme felicidad porque me mandaron a mi primer escuela, Pehujó Sur, reencontrándome con los vecinos y amigos que fueron parte de mi infancia. El edificio tenía pared y techo de zinc pero las ganas de progresar y formarse hicieron que se trabajara con mucho entusiasmo", manifestó.Recordó una anécdota. "Cuando iba a primer grado el presidente de la Cooperadora me regaló un perrito, al ingresar como maestra me recibe el mismo dirigente. Era Don Antonio Carrera, un hombre soltero que consagró su vida entera a la escuela, formando parte de la comisión de la cual también mi padre participó".Cinco años permaneció en ese lugar hasta que el Estado la traslada a la Escuela N° 9 (en aquel tiempo) "Rosendo Fraga". Al barrio Franco llegó el 7 de marzo de 1956, iniciando una tarea destacable.- ¿Me cuenta cómo era ese barrio en los años 50?La zona era muy especial, no existía el alumbrado público ni los puentecitos de la calle Clavarino, cuando llovía el agua pasaba las botas y usábamos el paraguas de bastón.Fueron años de lucha, de ayuda a las familias carentes de servicios y que atravesaban diversas realidades.En la década del 70 asumo la dirección, ahí empecé mi lucha. Era la directora y tenía que ir temprano, en invierno concurría con una linterna a abrir las aulas porque reinaba la oscuridad. Le pedí columnas de luz al intendente -Balucho Etchebarne- para poner a ambos lados de la entrada de la escuela.Me contestó con un decreto, iluminó el Boulevard Montana desde 1° de Mayo hasta San José, así comenzó la iluminación de las calles del barrio.Trabajábamos tranquilos, quiero destacar que en todas las partes donde estuve me tocó muy buen personal; si a mí me fue bien es porque mis compañeras maestras respondieron, una persona sola no puede hacer las cosas.Pasaron los años y llegó el momento de la merecida jubilación, teniendo lugar en 1984. Se inicia una nueva etapa en su vida: Guardería Nazareth, institución ubicada a metros de la escuela. Un barrio marginadoEl barrio Franco es muy especial para Lela Bacigalupo. "Cuando llegué la pobreza era grande, había necesidades de todo tipo. Y esa marginación la observaba en el cuadrante de Santiago Díaz, boulevard Montana, Ruta 136 y el río. Me enteré que van a poner un Centro Integrador Comunitario, me parece un sueño, será de una gran ayuda para toda la gente".Durante toda su vida, Lela fue maestra, directora, secretaria de Cáritas Catedral, tesorera de la Asociación del Magisterio de Gualeguaychú y directora de Nazareth. "De todos ellos, el cargo más importante que tuve fue el ser maestra de 7mo grado".-¿Por qué?Ahí pude ir derivando a los chicos al secundario, ellos se automarginaban, tenía que luchar para que llegaran a tercer año, les parecía que no podían. Mi lucha era hacerles entender que ellos sí podían y les correspondía, que tenían el mismo derecho.-¿Era toda una actividad extra para usted?Hasta donde habrá llegado la situación que debía salir a buscar la ficha de inscripción, les preguntaba qué querían estudiar, venía al centro y buscaba las fichas.Cuento una anécdota: en una oportunidad inscribí a dos hermanos en la Escuela Normal, la mamá se llamaba Ángeles. Fui a la casa para que firme la documentación. Miró los papeles y me dijo 'Lela, mis hijos en la Normal!'. Sí, le respondí, 'a la Normal, y que'.- ¿Por qué tanta sorpresa por una escuela?En esa época ellos consideraban que la Técnica de Mujeres era lo que le podía corresponder a ellos. Le dije a Ángeles: 'los mármoles de la Normal son para ricos y pobres' y los inscribí. "Se puede, se puede"Delia Bacigalupo luchó por los chicos del barrio Franco. Hoy, alejada, está orgullosa de ellos. "Cinco de ellos han rendido examen de oposición para ser directores de escuelas, y dos llegaron a ser supervisoras. Se puede, se puede, otra realidad es posible".- ¿Cuándo inicia la tarea en Guardería Nazareth?En 1978, con la creciente, que no quedó nada, solo la armazón de los ranchos y algunas casas de material. El agua vino con tanta furia que se llevó las paredes de paja y todo lo que había adentro.Ahí arrancamos con la Guardería con la presencia fundamental de Toto Irigoyen, la inspiradora y piedra fundamental.El edificio vino enseguida de la inundación, había una construcción precaria de ladrillo hueco. El señor Anzorreguy hizo todas las edificaciones que vinieron a beneficiar a todo el barrio, es una media manzana dedicada a los niños.La Guardería fue lo más grandioso que me pudo pasar, un lugar para contención del barrio. Miraba las paredes de la escuela de ese semejante edificio y no encontraba una rayada, señal de que logró contener los chicos.Les dábamos desayuno, apoyo escolar e iban a la escuela. Debemos entender que al alumno hay que ayudarlo a vencer las dificultades, de esa manera realizará todas las tareas. Es una realidad que no se tiene muchas veces en cuenta.-¿El desayuno y almuerzo era fundamental?Un punto neurálgico, nunca dejé un chico sin comer, era algo que tenía como precepto, y con postre. Enfrentábamos distintos hechos, algunos no iban a estudiar y salían a pedir limosa, eso había que cortar.Les dije a los padres que el chico comía pero al aula no me faltaba, y todos los días. Fue unánime la respuesta, no faltaba nadie. Y dábamos apoyo escolar porque la repitencia de primer grado era alta. Estaban dos o tres años en ese grado y después no me terminaban la primaria. Con esfuerzo logramos revertir dicha situación.¿Hasta que año estuvo en Guardería Nazareth?Hasta el 2005, casi 30 años, me llenó de felicidad, siempre al lado de Toto, cuando ella inicia su trabajo yo estaba en la escuela. Trabajábamos al lado, teníamos las puertas enfrentadas, íbamos y veníamos, eran nuestras casas y los chicos eran del barrio. Había que ayudarlos.En esa etapa de la vida logramos inaugurar dos escuelas formadoras: la N° 133 de Nivel Inicial "Nazarateh", y la N° 160 dedicada a la capacitación de los adultos.En el 2005 cambiaron las autoridades, había que dar lugar a otras personas pero Lela siguió con su tarea solidaria.-¿En su casa sigue trabajando?Yo sigo ayudando a los adolescentes, en este momento tengo una profesora de lengua, Silvia Murillo, excelente docente con una gran vocación que da apoyo escolar a los jóvenes del secundario en capilla del "Perpetuo Socorro".La misma depende de Parroquia San Juan Bautista, comunidad que nos abrió las puertas para seguir asistiendo a los chicos que lo necesitan. Agradecimientos-¿A quién siente que debe agradecer?En primer término, a Dios, a mi padre que me acompañó siempre y luego a toda la comunidad y la gente del campo donde inicié las actividades como docente.También a Alicia Carrizo, una chica del barrio que ha dedicado la vida entera en colaborar para que los niños estén bien. A los vecinos que entregaron libros y enciclopedias para la biblioteca 'Toto Irigoyen', que es de gran ayuda para los alumnos.En la actualidad Lela Bacigalupo dedica su tiempo en Orientación Para la Joven, entidad que asiste a chicas de otras ciudades que estudian en Gualeguaychú.- ¿La reconoce la gente del barrio Franco en la calle?Ellos no lo expresan, me cruzo con mucha gente. Pero siento un reconocimiento de su parte porque me entregué todo por ellos.Lo que traté siempre de hacerle entender al barrio, donde la gente se automarginaba, que todos los vecinos tienen los mismos derechos.
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