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Lo que se produce en la zona no supera el 15% de lo que se consume en la ciudad

Gualeguaychú desde hace muchos años tiene una tradición de gente que se dedica a la quinta hace muchos años trabajando la tierra en la zona subrural. José y Leonardo Bacigalupo lo hacen en la zona del Gualeyán, mientras que Lucas Chesini lo hace en Pueblo Belgrano.  Lo producido no supera el 15% de lo que se consume en nuestra ciudad.

Por Fabián Miró

Los Bacigalupo y los Chesini llevan décadas labrando la tierra para obtener verduras y hortalizas. Trabajo duro, sacrificado, en los que deben aunarse además del esfuerzo, conocimiento y una planificación de cómo llevar adelante una quinta.

José Bacigalupo trabaja junto a sus hijos en la producción y comercialización de verduras y hortalizas. En la chacra, José y especialmente Leonardo, son los que realizan todas las labores en diez hectáreas de un campo que nos “cedió para trabajar una familia amiga hace bastante tiempo”. José heredó este trabajo de su padre y se lo transmitió a sus hijos.

En la chacra se trabaja todos los días, salvo cuando llueve. Siempre hay algo que hacer y la mayoría de las tareas son manuales. Allí “se siembra papa, sandía, batata, calabacita, zapallo, remolacha, chaucha, perejil, acelga, rúcula, lechuga; todo a campo abierto y de manera orgánica, tratando de no usar remedios para combatir malezas e insectos. Si en algunos surcos se aprecia un poco de pasto, es porque no hemos tenido tiempo de pasar con la azada”, explicó.

Contó también que “este año se registraron heladas tardías, la del 3 de octubre fue muy grande y nos provocó daños en algunos zapallitos. Además tuvimos que sembrar en forma tardía la chaucha por el fenómeno mencionado al que se agrega la sequía. Ahora está en marcha la papa, el plantín de sandía, el de melón que se está trasplantando a campo, también la chaucha, una hectárea que se destinó a zapallito, el brote de batata listo para empezar a trasplantar; mientras que la coreana y el zapallo cabutía ya está naciendo”. Señaló que se destinó “un cuadro grande a implantar zanahoria a modo de prueba”.

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Leonardo Bacigalupo, encargado de la chacra dijo que “si bien el trabajo es duro y a cielo abierto, la paz que se tiene en este lugar es impagable”. Leonardo tiene como compañero inseparable a Ariel, un caballo “que es un integrante más de la familia, un compañero de surco que nunca te abandona y que te sigue a todos lados. Se nos mete en la casa, come lo que encuentra en la camioneta, pero a la hora de trabajar, tracciona como ninguno tirando el arado mancera, herramienta tan antigua como eficiente. Un colaborador monta el caballo y yo voy atrás con el aradito; mientras que el trabajo más pesado lo realizamos con un tractor, un disco y otras herramientas”.

Desde muy chico, junto a sus hermanos aprendió a trabajar la tierra, para luego tener la satisfacción de ver el fruto de sus plantas. Dijo que “trabajar la quinta es algo que llevo en los genes. Lo heredé de “mi padre y él de mi abuelo. Nos gusta esto y vamos a seguir abriendo surco y produciendo”.

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El riego

Actualmente trabajan con dos bombas, y como la superficie de diez hectáreas es muy amplia riegan por goteo lo más esencial y después apuestan a que el tiempo les dé una mano.

Lamentablemente, hace 20 días que no llueve y se nota las grietas en las partes más bajas de la chacra. Las bombas, están prendidas día y noche y no dan abasto en una situación que preocupa.

En cuanto a la rentabilidad, José explicó que “todo depende de lo que se siembre y coseche, y las ganas que se le ponga en el emprendimiento”. Sostuvo que “si se tiene un buen surtido la ganancia diaria pude ser buena”.

Recordó que su abuelo en los años 40 “blanqueaba espárragos en el Gualeyán, también se enrostraba la cebolla que tenías colgada todo el año en el galpón. Tenemos campos, terrenos para trabajar, en chacras que se están llenado de chilcas y espinillos porque no se puede fumigar y tener hacienda es un riesgo, por lo que apostar a la quinta es una muy buena opción con suelos que son muy aptos”.

Comentó que se puede “llegar a producir frutilla, pero tiene sus costos, en la suma de invernáculo, tuberías, por lo que es más sencillo comprar en Coronda”.

Tres generaciones de quinteros

Lucas Chesini continúa el legado de sus padres y abuelos en lo que hoy es Pueblo Belgrano, antes Colonia el Potrero. Destina dos de las seis hectáreas de la chacra familiar que se inició en el año 1948, a la quinta. En aquel entonces eran 26. Después se subdividió la chacha y a Máximo, papá de Lucas, le tocaron las mencionadas 6 hectáreas en donde trabaja a cielo abierto, con media sombra en el verano, además de dos invernáculos.

Dijo que está trabajando “todo lo que es hoja, como acelga, remolacha, lechuga, perejil, rúcula, verdeo y radicheta”, y en “lo que tiene que ver con la temporada de verano, comenzamos con zapallo, tomate, morrón, batata, ají, melones, sandías”.

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Mencionó que “hay meses en los que si se cuenta todo lo que se tiene en la huerta, se suman más de 20 producciones”. Dijo también que “la huerta, inclusive teniendo un espacio reducido, es una de las producciones a las que mayores rindes y rentabilidad se le puede sacar. Requiere mucho trabajo, pero produce mucho en poco tiempo”.

Entre lo mucho que cultiva se destaca el ajo que desde que lo planta hasta que se lo cosecha pasan 200 días. Lo plantan en abril y termina el ciclo en los meses de diciembre-enero, que es cuando se saca a mano la cosecha.

“El tomate necesita mucha mano de obra y atención, dado que una vez por semana, mínimo, se lo tiene que repasar entero”, afirmó.

Lucas vende lo que produce en una feria, directo al público “donde vamos ajustando los precios”. En cuanto a los pedidos de la gente, indicó que “últimamente está comprando un poco menos. Antes venía una señora y te compraba dos o tres atados de cada cosa y ahora adquiere lo justo, aunque en tema alimentación, especialmente verdura, la gente, poco o mucho, siempre va a comprar y consumir”.

Utilizan media sombra “para hacer tomate, algo de lechuga y acelga en los meses de verano, mientras que en lo que se trabaja a cielo abierta ha sufrido algunos retrasos por heladas fuera de término y faltas de lluvias”.

Además, trabajan mucho con plantines, “y si bien podes no tener la tierra preparada, mientras lo vas haciendo, el plantín continúa su desarrollo y luego se lo trasplanta”.

Invernáculo

Se trabaja con verdura de hoja, con cosas que “demoren poco tiempo”. Fue el mismo Lucas quien levantó los dos invernáculos de 7x48 metros que en caso de fuertes vientos hay que cerrarlos para que no se embolsen. “Cuando se presentan tormentas fuertes no está de más rezar, porque son fuertes hasta cierto punto”, sostuvo.

Recordó que “uno de los invernaderos me duró 20 horas armado, debido que una tormenta me lo desarmó entero” y aseguró que todas las herramientas que funcionen se utilizan. “Hay herramientas en uso que fueron de mi abuelo, luego las usó de mi padre y también hay herramientas mías, inclusive un arado mancera que tiramos con petiso “Gabino” que no se descarta”.

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