Lo que vendrá en la república Argentina
Hemos votado otra vez. Con regularidad y normalidad. Felizmente. Los ciudadanos, todos los que a diario trajinamos la vida, cada uno con lo suyo o como puede, con alegrías, pesares, esperanzas, desazones, muchedumbre de anónimos mortales, hemos sido nuevamente protagonistas. Es saludable que así ocurra.Por Mario Alarcón MuñizEste es uno de los valores sustanciales de la democracia. Que todos intervengan. Que ninguno quede afuera de las decisiones fundamentales. Si estas son correctas o no, el tiempo lo dirá. Pero nadie debe sentirse excluido. La misma democracia posibilita, si hiciera falta, reacomodar los baúles para seguir viajando.En el orden institucional y político, el último domingo hemos protagonizado una jornada tan trascendente que vale por cuatro años. ¿Cómo serán estos cuatro años? Esa es ahora la incógnita. Unos hablan de continuidad y no puede ser diferente porque eso ha votado el pueblo mediante una significativa expresión mayoritaria. Otros pretenden profundizar políticas iniciadas hace ocho años. Ambas líneas no se contraponen. En todo caso ésta complementa a aquélla.Claro que los argentinos tenemos nuestras particularidades. Entre nosotros -vaya uno a saber por qué- no siempre la vida se desenvuelve según la razón lo indica. A una semana de las elecciones y definidas la composición y orientación del gobierno por un cuatrienio, en cualquier lugar del mundo la gente piensa en otra cosa. Ya eligió. Aquí seguimos de festejos por un lado -a excepción del renovado duelo del jueves- y de lamentos por el otro. Dólar fantasmaNo obstante, ciertos problemas demandan acciones inmediatas. El dólar sube. Hace rato que sube. El gobierno lo estaba frenando mediante la liberación de reservas del Banco Central, pero así no se puede continuar de manera indefinida -dicen los expertos- porque a este ritmo disminuirán o se agotarán las reservas, uno de los fuertes argumentos K de política económica.Durante la semana se adoptaron medidas orientadas a frenar la trepada del dólar y la consiguiente desvalorización del peso. Pero en principio no fueron medidas económicas sino policiales: vigilancia, presión, control, seguimiento de personas. Es evidente que el problema del dólar, como tantos otros, no pasa por el individuo que forma fila para comprar algunos verdes y defenderse de la inflación, sino por los grandes especuladores que se llevan la plata al exterior.Cuando el gobierno advirtió que ningún efecto producía sus medidas policiales, ordenó sorpresivamente el jueves que las empresas petroleras y mineras liquiden en el mercado local sus divisas de exportación. En ese momento nos enteramos -mejor, confirmamos- que esas empresas tienen coronita. O la tenían hasta el jueves. Igual que las grandes compañías aseguradoras a las que se obligó por la misma medida a repatriar sus inversiones en el exterior.Estas disposiciones, sin duda acertadas porque revelan la intención de restablecer el control del Estado sobre grandes consorcios -no sobre el chacarero como hasta el presente- pueden estar indicando un rumbo de la venidera gestión. Claro que además hay que entender otras cosas: la mayor demanda de dólares se debe a la inflación que el gobierno minimiza y a la fuga de capitales que también disfraza. Y estos son asuntos de fondo. Aires de campoOtra buena señal -por ahora tímida, pero señal al fin- representan ciertos gestos de reconocimiento del sector rural y su gravitación fundamental en la recuperación de la economía. Cuando se escriba la historia -no ahora porque las pasiones oscurecen- se comprobará que la derrota de la crisis y el despertar del crecimiento se produjeron a partir de 2002 con el comienzo de una mayor demanda mundial de alimentos, la salida de la convertibilidad y el consiguiente aumento de la producción agraria.Ese fue el inicio de nuestra recuperación, pues motivó la reactivación de otros sectores productivos y de servicios, encadenándose el crecimiento. Lo hemos comentado en alguna ocasión, pero hace falta reiterarlo, sin que ello signifique desconocer la buena orientación social que dieron los gobiernos K a muchos recursos allí originados.La visita de la Presidenta a Coninagro hace dos semanas es interpretada como una respuesta favorable a los insistentes reclamos del agro, sobre todo en lo concerniente a la exportación de granos. Hasta el momento las cosas apuntan a una solución intermedia propuesta por Agricultores Federados Argentinos, consistente en otorgar a las cooperativas la exportación parcial de cereales. Puede ser una buena apertura.Falta muchísimo para tratar de develar lo que vendrá. Procuraremos abordarlo en próximas notas. Hasta ahora "Lo que vendrá" es musical. Así se titulan un tango de Astor Piazzolla que anda en el aire de varias orquestas sinfónicas y de cámara del mundo y un disco de Charly García. También puede ser una advertencia de nuestro padre Martín Fierro al final de su célebre payada con el Moreno: "Yo no sé lo que vendrá, / tampoco soy adivino; / pero firme en mi camino / hasta el fin he de seguir: / todos tienen que cumplir / con la ley de su destino".
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