Los abusos del cura Senger en las cárceles de la dictadura militar
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/084/0000084123.jpg)
En tiempos en que Adolfo Servando Tortolo pregonaba las bondades de los dictadores, el sacerdote Andrés Emilio Senger visitaba a los presos políticos en las unidades penales en su condición de capellán de la Segunda Brigada de Caballería Blindada de Paraná. Ex detenidas hablan de abusos, manoseos e interrogatorios disfrazados de confesiones religiosas como herramientas para extraerles información personal o de los compañeros que estaban afuera.La complicidad de sectores civiles con el plan sistemático de represión ilegal consumado durante la dictadura se hizo evidente desde las primeras marchas por verdad y justicia en la década del ochenta: ya en esos años los sobrevivientes y familiares de las víctimas mencionaban la participación de actores que no eran policías ni militares.Los verdugos no siempre vestían uniforme; o mejor dicho, no siempre vestían uniformes verdes o azules. Los había también con sotana. Sacerdotes que prestaban sus servicios para la tortura de presos políticos en los centros clandestinos de detención.Andrés Emilio Senger era uno de ellos. Ex capellán de la Segunda Brigada de Caballería Blindada de Paraná entre 1965 y 1979, el sacerdote aparece mencionado por ex detenidas políticas en las causas que tramitan en los tribunales federales.Tal vez la muerte le evitó a Senger el trance de recorrer los tribunales. El sacerdote falleció el 15 de octubre de 2010 sin haber dado nunca explicaciones ante la justicia y las denuncias de las ex detenidas políticas recién fueron valoradas en 2017, diez años después de aquellas declaraciones judiciales, cuando la comisión vecinal del Barrio AATRA presentó un proyecto ante el Concejo Deliberante para imponer el nombre de "Padre Emilio Senger" a la plaza ubicada entre las calles Bruno Alarcón, Departamento Federal, Isla Soledad e Isla Gran Malvina. "Fue una persona que siempre se destacó por su humildad, su vida de oración y su caridad afectiva con los más carenciados", se consigna en el proyecto que fue aprobado en la sesión del 27 de abril, a pesar de la oposición de los organismos de derechos humanos.Cristela Godoy tenía 24 años y estaba embarazada cuando fue secuestrada por una patota del Ejército, el 16 de agosto de 1976. Pasó varias semanas en los calabozos de los cuarteles, donde la visitaba el sacerdote Julio Metz; estaba "en condiciones lamentables", comía una vez al día "un guiso de color rojo que me raspaba la garganta" y no le permitian asearse. Hasta que la trasladaron a la cárcel de mujeres, junto con otras detenidas. Ella sintió que ese cambio "era la liberación total" porque podría ver a su hijo y bañarse. "Cuando llegamos a la Unidad Penal (Número) 6 nos colocaron en un pasillo, incomunicadas y no les avisaron a nuestros familiares. El día de la madre lo pasé incomunicada, hasta que vino el cura Senger y a través de la puerta de vidrio me dio la comunión y se reía", detalló. Te puede interesar: El crimen de Lizasuain: la muerte que la Policía trató de inculparle a Montoneros El mismo calvario atravesó otra mujer que fue secuestrada en la misma razzia de agosto. Contó que fue atada, vejada y torturada con picana eléctrica; que la obligaron a escuchar los gritos de otros detenidos mientras eran sometidos a tormentos, que la amenazaron con aplicarle torturas a su hija y cómo los represores simularon la fuga de Victorio Coco Erbetta durante un traslado. En octubre, cuando llegó a la cárcel de mujeres, tenía en las muñecas y en los tobillos las marcas de la tortura, aunque la cara ya se le había deshinchado. En un primer momento fue incomunicada y aislada, junto con otras recién llegadas. "En la unidad penal nos visitaba el padre Senger, que actuaba de interrogador, lo mismo que hacía monseñor Tortolo, y lo hacían estando nosotras incomunicadas", declaró la mujer.María Luz Piérola fue ilegalmente detenida el 25 de febrero de 1977 en Concordia. Tenía 18 años. Fue violada, interrogada y torturada con pasajes de picana eléctrica por su cuerpo. Al día siguiente la trasladaron a Paraná, donde fue nuevamente torturada en una casa operativa del Ejército y en los calabozos del Escuadrón de Comunicaciones. Su detención se oficializó el 8 de marzo, cuando apareció en la cárcel de mujeres. "En la cárcel nos visitaba el sacerdote Senger, una persona repulsiva, que toqueteaba a las detenidas y les quería sacar información para llevar a los militares; era un ser perverso, nos acosaba", recordó en los tribunales.Los sacerdotes que visitaban las cárceles de la dictadura, como los médicos que trataban a los detenidos políticos, no desconocían esos padecimientos. Senger no los desconocía. Sin embargo, ahí está su nombre en una plaza.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios



