LOS CORSOS DE ANTAÑO EN GUALEGUAYCHU
La figura de Don Litardo Pedro Queirolo, al frente de su comparsa La Unión Argentina fue a lo largo de casi cuarenta años, una de las clásicas presencias en el carnaval de Gualeguaychú. Desde 1929 hasta bien entrada la década del 60, Litardo fue infaltable en nuestros corsos, con su típica gorra marinera, chaqueta blanca, el clarín y la banda en el pecho que resaltaba con grandes letras su condición de “Presidente”.o
Por Gustavo Rivas
Litardo era un hombre de humilde condición y trato respetuoso, que ejercía un particular ascendiente sobre el grupo. Más de una vez sorprendió a quienes no lo conocían. En cierta oportunidad, se llevaba a cabo una fiesta de los reservistas en la Sociedad Rural, por entonces en Avenida Rocamora. Después de un lucido discurso de Don Francisco Novelino, Litardo se acercó al micrófono e improvisó unas palabras. Recuerdan los concurrentes, que su amplitud de citas históricas provocó el asombro de todos y casi opacó la actuación de Don Francisco.
DISTINTOS BARRIOS PARA DISTINTAS EPOCAS
Las primeras salidas de La Unión Argentina, datan de cuando Litardo vivía en Alem 436 -casi Concordia- finca conocida como “el conventillo de Castiglioni”. En la década del 30 se organizaban bailes en ese patio para recaudar fondos. Allí el escenario adquiría un clima festivo, propio de las páginas de Alberto Vacarezza y la barriada portuaria nutría de músicos a la novel comparsa. Eran los inicios.
Más tarde, Litardo se muda a calle Belgrano esquina Francia (actual Colombo) y allí traba relación con algunos músicos de su nuevo barrio. Después se afincó en Montevideo y Del Valle, frente al Almacén de Rotundo. Allí, a la sombra de un aguaribay se realizaban los ensayos, entre los numerosos ejecutantes que comenzaban a fluir cuando Litardo los convocaba a los sones de un tambor. Por la noche se realizaban los clásicos “bailes recaudatorios”. En lugar de comprarle a Rotundo la bebida de una sola vez para toda la velada, acudían en forma intermitente a buscar dos o tres litros de vino o de cerveza. La causa era que tesorería no tenía tanto “poder financiero” y las compras se dosificaban de acuerdo con el “flujo de caja”, como diríamos hoy. Lástima que Rotundo se tenía que quedar de guardia largas horas por la noche.
Finalmente Litardo se mudó a 25 de Mayo y Costanera (donde después construyó su casa Don Julio Sánchez). Allí su señora María del Carmen Teisaire, tenía una sastrería que él complementaba con la sección planchado, aunque también hacía trabajos de mecánica dental.
MUSICOS Y ESTANDARTES
La comparsa de Litardo tuvo como todas, sus comienzos, su auge y su decadencia. En las épocas de mayor esplendor, llegó a contar con más de sesenta integrantes, entre los que se destacaban los portaestandartes blandiendo lujosos elementos, bailarines y prestigiosos músicos -la mayoría con instrumentos de cuerda- y los clásicos “diablos”, que custodiaban el paso con sus temibles colas.
Entre los músicos mas recordados de la “Unión Argentina”, figuran Brígido Salazar -padre de Américo-, que ejecutaba el laúd; Eduviges Migueles, en mandolín o guitarra; y entre los reclutados en el Barrio Norte se recuerda a los hermanos Gómez y a Sierra, todos eximios guitarristas. Cierra esta nómina el inolvidable "Mojarra" con su tambor. Cabe destacar que esta comparsa, fue una de las primeras en incluir mujeres en su elenco.
Como era usual, sus integrantes distribuían a su paso un impreso con las canciones que cantaban, cuyas letras muchas veces componía la señora de "el Pato" Cepeda y le imprimían Rogelio De León o Andino -este último futbolista y árbitro de nota- con el auspicio de algún negocio amigo.
Los días de corso por la tarde, los integrantes de Unión Argentina hacían una “preliminar” visitando algunas casas de familia -como la del Juez, Dr. Arsenio Cepeda, en Rivadavia e Irigoyen- y allí los convidaban con algún trago. Durante el desfile, en cada cantina o palco se renovaba el convite; la mezcla de alcoholes, sumada al "batido" propio del baile, explica que la primera vuelta por la 25, resultara mas lucida que la segunda y que hasta la apostura del Presidente decayera a veces en forma sensible.
EL OCASO
El paso del tiempo doblegó, implacable, a Litardo. En los últimos años, la comparsa comenzó a declinar. Pero la vida de nuestro personaje era el carnaval y mientras sus menguadas fuerzas se lo permitieron, siguió entregándose al público. Ya era un símbolo. Un día Litardo no salió mas; con el se cerraba una época. Y aunque desde 1977 ya no está entre nosotros esta figura galana, con su gorra, su banda y su clarín, la seguimos evocando con nostalgia en cada fiesta de carnaval.
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