Los efectos dañinos que desata el acoso digital entre adolescentes
Ensañarse con el otro, a través de la burla o la ofensa cruel, no es algo nuevo. Pero el fenómeno ha adquirido un cariz inquietante de la mano de las nuevas tecnologías. El licenciado en Psicología Andrés Mazur, que expuso sobre el tema en unas recientes jornadas locales sobre las TICs, explicó a EL DIA las implicancias emocionales del ciberacoso.Por Marcelo Lorenzo - El acoso al adolescente más débil ha ocurrido en las aulas desde siempre. La presencia de Internet y las nuevas tecnologías, ¿en qué ha cambiado el fenómeno? Andrés Mazur:- El acoso ha existido siempre. Aunque ahora se lo denomina "bullying", un término inglés que podríamos traducir como matonaje, patoterismo. Define esa situación que todos conocemos que se da en los colegios, en los grupos principalmente de adolescentes, donde se marca a alguien, se lo sindica como portador de determinada cualidad, defecto, etc. - Al que entra dentro de la categoría de "raro"...- Sí, el raro, el tonto, el afeminado. El que de algún modo escapa a la norma o a lo que los demás esperan de él. Y que por esta característica, más las otras que se le agregan, se convierte en blanco de ataques y burlas. Entonces la situación de bullying o acoso remite a este maltrato realizado en forma colectiva generalmente, ligado a los espacios de las instituciones. Y como todo fenómeno humano se va adaptando a las particularidades de cada época, y en este caso aparece asociado a los modernos elementos tecnológicos que hoy utilizamos. - En el caso de nuestros adolescentes, estamos hablando de "nativos digitales", como describen algunos teóricos. - Es que la tecnología forma parte de su vida cotidiana, de su realidad vincular y social. Principalmente las redes sociales, como es el caso de Facebook, que funciona como un elemento identitario. En el cual uno se presenta ante los demás, tiene una fachada que mostrar al mundo, elige qué foto poner, y demás. Una característica que ha ido tomando con el correr de los años Internet, es que uno puede no sólo acceder a contenidos de información, sino crear y subir contenidos personales. De ahí que uno pueda ser encontrado fácilmente en la red, cualquiera de nosotros. En el caso de los adolescentes hay una particularidad: es muy importante en ellos la socialización, gracias a la cual pueden construir la propia subjetividad, a construir su identidad. Uno como psicoanalista, por tanto, toma muy en cuenta la capacidad que tienen estos jóvenes para manejarse socialmente. Hay que poner en este contexto el fenómeno del acoso, que hoy utiliza de algún modo los medios tecnológicos para sus fines. En relación con el acoso tradicional, hoy el que se da en la web funciona con tres actores, los cuales tienen que estar presentes para que se pueda hablar de una situación de bullying o matonaje. Por un lado tiene que haber un acosador, que es el que digamos lleva la voz cantante, por el otro una víctima de ese acoso, y luego un grupo que lo condiciona y que funciona al menos como testigo. En este último caso, se trata de un grupo testigo que o bien está callado frente a las agresiones que presencia, o bien es cómplice también. Ahora bien, no es una situación estática, estos roles pueden ser intercambiados, y de repente el acosador puede convertirse en acosado, la víctima puede pasar a ser victimario. Además, un miembro del grupo puede pasar a convertirse en cualquiera de los otros dos personajes. En Argentina ha habido casos en los que la víctima pasa a ser un victimario. - ¿Cuál por ejemplo?- El caso de Carmen de Patagones, en donde se dieron las características propias del bullying, y un chico que estaba siendo cargado por los compañeros, presionado, al que tomaban de punto, pasó a tener un rol activo. En él se daban previamente algunas cuestiones psicopatológicas, con rasgos de aislamiento y de introversión, y a la vez un sistema de ideas cuasi delirantes, basado en la restitución y la venganza. De esta manera, para dar por finalizada la situación, tomó el arma del padre y empezó a disparar a sus compañeros, pasando así a un acto violento (...) Éste es un ejemplo extremo en el que el atacado se convierte en victimario. Después está el caso de "Pantriste" en el año 2000. Con el nombre de un personaje de una película de dibujos animados, así, se cargaba a un chico. La historia terminó con un revolver y la muerte de un compañero. - De esta manera, algo que empieza siendo una violencia psicológica o virtual acaba en violencia física. ¿Es así?- Claro. Y donde muchas veces la víctima o los miembros del grupo no ven otra salida a la situación que no sea la de un acto violento. A veces suicida, también. Es decir se llega a un punto sin salida que deja múltiples secuelas en las personas. Pensemos que para un chico de 13 años, para decir una edad, es muy importante el factor de identificación grupal. Pero si ese grupo lo marca, porque lo considera portador de un defecto, al punto de justificar que se lo agreda, eso tiene efectos catastróficos sobre la personalidad de ese chico. - ¿Cuándo la cosa deja de ser una broma inocua para pasar a ser crueldad?- Las bromas son muy buenas, cuando son parte de un juego humorístico. El tema es cuando la cargada se basa en destacar una característica del otro, como base para justificar una agresión hacia él. Las bromas a veces velan esta agresión. Cuando nosotros decimos de alguien que es amanerado, y lo decimos incluso en tono de broma, destacamos una característica como justificativo para atacarlo. Entonces esto ya no es inocuo. Ahí no hay una conducta de considerar al otro en su diferencia, como portador de derecho. Todas estas actitudes se aprenden desde muy chiquitos. La amplificación digital - El acoso tradicional ocurría en la escuela, y el adolescente podía refugiarse en el hogar o su entorno. Ahora la persecución continúa en casa o donde sea, gracias a las tecnologías. ¿El fenómeno se amplifica?- Bueno, la tecnología nos permite a nosotros -para decirlo de alguna manera- meternos en las casas de las personas, seguirlas a través de su celular a dónde estén; con la computadora tener acceso a mucha más gente de la que uno tiene sin estos medios. Y esto hace que ese grupo testigo que justifica la agresión, que por lo menos no dice nada, se pueda acrecentar al infinito. Hay un video en la Web que se llama "La caída de Edgar", interesante para comprender esto. Unos chicos filman una situación humillante para otro que trata de cruzar sobre un tronco por una arroyito, pero le mueven el tronco para que caiga. Resulta que este video ya tiene 27 millones de visitas en YouTube. O sea, es una situación que en principio es graciosa, pero es humillante para el chico que cae al agua. Sin los medios tecnológicos que intervienen, este suceso hubiera quedado en la intimidad de un grupo o en la esfera de la vida doméstica. Ahí está el poder amplificador de la web: una situación pasa a convertirse de repente en un verdadero éxito en la red. Y con una consecuencia totalmente impensada, a partir de los millones que la ven. El grupo que es testigo, que llega a un número que es incalculable, no quiere perderse un acto de humillación, porque uno ve en el video que el chico en cuestión la pasa mal. En este sentido uno conoce la existencia de páginas Web armadas para defenestrar a alguien, para destacar sus características de fealdad o de estupidez. - Es decir hay un regodeo en la humillación del otro. Finalmente, ¿no aflora en la web lo mejor y lo peor del ser humano? - La web es un producto humano y como tal todo su espectro ético está ahí dentro. Lo peor y lo mejor está ahí. Cabe preguntarse por qué el grupo testigo justifica un acto de violencia. Esto en realidad es un mecanismo defensivo, mediante el cual ubicando en un tercero las características que yo no quiero ver en mí mismo, me salvo de ser sindicado o que alguien vea esas características. Ejemplo, si el otro es el tonto, me salvo yo de que me vean así. Es decir uno proyecta hacia afuera determinados rasgos incómodos. Éste es uno de los factores que funcionan en el grupo. Se acentúa así en nosotros ese costado sádico y cruel. Al respecto, Freud decía: "cuando condenes la crueldad no olvides que en ella hay placer en ocasiones". Todos nosotros condenamos las acciones crueles, pero también encontramos placer en ellas. Todos tenemos cierta veta sádica. Cuando se está en grupo tenemos como carta blanca para poder ejercer ese sadismo sobre otro de un modo simbólico o no. Pensemos en esas puebladas en las cuales la gente se junta para quemarle la casa y hacerle tropelías a alguien acusado de equis crimen. Uno en ese contexto grupal se siente justificado para cometer un acto violento, algo que no está exento de placer. Pérdida de la capacidad empática - Pero además la violencia digital es anónima. El hecho de que uno pueda simular su identidad detrás de una pantalla, ¿no le da más impunidad al atacante?- Claro, le da más impunidad, le da más libertad para poder hacer determinadas cosas. Aparte la distancia con la víctima es otra. Al no tenerla enfrente hace que se disminuya la capacidad empática. La capacidad de ver que del otro lado hay otro sufriendo, que hay una persona a la que le estoy haciendo mal con mis dichos. Esta imposibilidad de ponerse en el lugar del otro, a partir de la mediatización digital, hace que uno quizá se anime a hacer o decir cosas que no haría o diría en situaciones reales. - Por esto de hacer cosas online que jamás harían en la vida real, muchos adolescentes se deben sentir como desinhibidos... - En el acoso tradicional también hay algo de esto en el funcionamiento grupal. Muchos de estos acosadores en grupo se sienten liberados de hacer cosas que individualmente no acometerían. En el ciberacoso se potencian el funcionamiento grupal y el anonimato. La clave pasa por la prevención
- ¿Cómo se detiene esto? Las autoridades escolares y los padres, ¿deberían ejercer un mayor control sobre las redes sociales?- En la jornada sobre las TICs, inicié mi intervención con una frase de Freud que me gusta mucho y dice así: "yo soy muy consciente de la desproporción entre el problema que trato y la solución que puedo aportar". Es una frase de mucha humildad. Hay una gran desproporción entre el problema y lo que uno puede hacer. Lo que no quiere decir que uno no pueda aportar algo. En este tipo de cuestiones siempre lo remedial es lo peor. Creo que en lugar de eso hay que hacer prevención. Para este tipo de situaciones de violencia, lo que cabe es una prevención a largo plazo. Hay que empezar en el sistema educativo en los niveles iniciales y plantearlo de acá a varios años. Veo con agrado que últimamente hay avances en dos cuestiones importantes se están dando en la educación: uno es la educación sexual y otra la prevención de las adicciones. Contenidos transversales que se están tratando de incorporar al sistema educativo desde los niveles iniciales, desde que el chico tiene 5 años. Algunos pensarán que a esa edad parecen lejanas la educación sexual, la prevención de adicciones o de la violencia, pero no son tan lejanas. La cuestión de tolerar al otro y sus diferencias, la problemática de género, cuáles son las condiciones socialmente aceptadas para las nenas y para los nenes, qué es lo socialmente correcto, cómo se debe actuar cuando el otro tiene una necesidad y yo la puedo cumplir, entre otras, pueden tener un abordaje en los niveles iniciales. Desde muy chiquito se puede desarrollar la capacidad empática, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, la solidaridad. Valores que no se sabe si uno los tiene presentes hasta el momento de plantearse una situación de agresión (...) Me parece que la posibilidad de hacer algo acá es a través del sistema educativo, actuando en paralelo con lo que sería el trabajo familiar. Lo ideal sería que todas las familias inculcaran a sus hijos el respeto por las diferencias y los derechos de los demás. - Un padre que detecta que uno de sus hijos está involucrado en el ciberacoso, sea como acosador o como víctima, ¿qué debe hacer?- Como estas cosas se dan alrededor de grupos escolares, hay que intervenir en la institución educativa. Es decir, hay que actuar con el grupo en el que se lleva a cabo el acoso. Con la idea de intervenir con todos sus miembros: el acosador, los que lo acompañan, y la víctima. Hay que ver esto como un sistema armado. Pensemos que si faltan algunas de sus patas, por ejemplo el grupo de apoyo que justifica la agresión, dicho acto dejaría de tener sentido. Pasaría a ser una agresión típica entre dos adolescentes que se pelean en el colegio. Pero eso no es acoso. No estamos frente un acoso sistematizado prolongado en el tiempo. Por tanto, insisto, me parece que un padre que detecta que su hijo está involucrado en una situación de acoso, tiene que acudir al colegio. Hay que hablar con los directivos, con los maestros, con los profesores, y pedirles que intervenga en el asunto. Creo que también se puede hacer algo desde el sistema educativo a través de los gabinetes psicopedagógicos. Hay que desarrollar la capacidad empática en el grupo en cuestión, sensibilizarlos sobre los derechos, sobre la necesidad de convivir con las diferencias (que no son desigualdades). Y ver sobre todo si la víctima necesita algún apoyo individual; de hecho muchas veces es así. - ¿Conoce los instrumentos legales para enfrentar el ciberacoso?- Lo que sé es que si se acosa, amenaza y persigue a una persona, eso es un delito, y que se haga por Internet no cambia el concepto. Si es un delito uno puede denunciarlo y hacer que intervenga la justicia. En el caso de los adolescentes y de las situaciones de tipo "bullying" se me ocurre que esa intervención no sería fácil. Y como ignoro el tema legal, no sé cómo podría encuadrarse. - Todo indica que hay nuevos retos a la sociabilidad a partir de la omnipresencia de las tecnologías digitales...- Es importante prevenir sobre el uso de las tecnologías en los adolescentes. Hay que educar acerca de las cosas que conviene poner o decir en la red. Muchas veces los chicos no ven que lo que hacen o dicen allí puede tener consecuencias graves. Todo lo que uno dice en la red queda registrado ahí, cada foto que uno sube queda dando vueltas y uno ya deja de ser dueño de ella. Cuesta percibir el daño que se puede hacer a uno mismo u a otros.
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