“Los pobres existen y no hay que tapar esta realidad”
Cree que la pobreza es el principal desafío de la sociedad argentina. Pero para enfrentarla, aclara, antes hay que reconocerla. Eso le dijo a ElDía Monseñor Casaretto, miembro de la Pastoral Social de la Iglesia Católica Argentina, a su paso por Gualeguaychú. Marcelo Lorenzo - Cuando la Iglesia habla tanto de los pobres, ¿no está haciendo política?Jorge Casaretto:- No, esto está en el Evangelio. Por un lado hay una invitación de Jesús a vivir con alma de pobres, que es lo que se llama la pobreza evangélica, y por otro lado una invitación a preocuparnos por los pobres. No diría que esto es algo anterior a la política porque la política existe antes de Jesucristo. Pero está en el Evangelio del Señor. Entonces de ninguna manera se puede pensar que porque nos preocupemos por los pobres estamos metiéndonos, por decir así, en la política partidista. Esta cuestión se enmarca, en realidad, en la preocupación de la Iglesia por el bien común, algo que también compromete a todos los cristianos. - Como sea, ante cada documento crítico sobre la situación social, la Iglesia se expone a que la acusen de politizar las cosas.- Bueno, son los riesgos que se corren. Es muy posible, efectivamente, que sea mal interpretada. - El Papa Francisco recibió hace poco al padre Gustavo Gutiérrez, fundador de la llamada Teología de la Liberación. ¿Cómo debe leerse este gesto?- Movimientos como la Teología de la Liberación, que en su momento han sido tan fuertes en América Latina, pudieron caer en una interpretación errónea del mensaje evangélico. Pero con la evolución del tiempo los teólogos de ese movimiento, como el padre Gustavo Gutiérrez, hicieron una muy buena evolución eclesial. Y esto ha significado una contribución importante para la vida de la Iglesia universal y para la Iglesia en Latinoamérica. Entonces el Papa reconoce con este gesto el valor de estos teólogos que se mantuvieron fieles a la Iglesia. Que supieron también reconocer algunas correcciones que el Magisterio de la Iglesia les hizo en su momento. Pero que a la vez siguieren siendo fieles a aquello que habían visto como una intuición evangélica en sus vidas. - ¿Cuál es la tentación, en clave eclesial, de toda praxis volcada a lo social?- La de reducir el Evangelio nada más que a una dimensión sociológica. Y en América Latina esta tentación ha estado muy presente. Pero lo importante en estos casos es la capacidad que ha tenido la Iglesia de resolver estas tensiones internas, tratando de absorber el lado bueno de algunas posturas que aparecían como erróneas. - Es la manera que tuvo de enfrentar las disidencias planteadas por las herejías.- Exactamente. Al comprender que detrás de esas posturas existe un fondo de verdad, la Iglesia al cabo salió fortalecida. El egoísmo está detrás - ¿Cómo se explica la pobreza en un país rico como la Argentina? ¿Cómo se entiende esta paradoja?- Y bueno, se explica porque el pecado existe. Y porque existe la avaricia. Porque existe el egoísmo. Porque esa realidad muchas veces no permite que la dimensión solidaria prime, que es hacia donde la Iglesia y la sociedad deben orientarse. - Pero en Argentina la pobreza es casi un escándalo.- No es 'casi'. ¡Es un escándalo! Lo es. Y esto es lo que nos debe movilizar. Es inaceptable que haya tantos compatriotas que la pasen mal en un país bendecido por Dios con tantos recursos. Al pensar en esto suelo hacer un razonamiento que quizá sea algo condescendiente. Digo: ésta es una democracia joven que todavía no es armónica porque no ha podido desarrollar todas sus herramientas. También pienso que hay grupos de poder a los que sólo los mueve la avaricia. El Papa Benedicto XVI, al hablar de la crisis universal, de la hecatombe financiera de estos años, se remitió al egoísmo y la avaricia del corazón humano. Es eso lo que conspira contra un orden de justicia social, un orden para el que tenemos que trabajar, sobre todo si somos cristianos. - ¿Se necesita de un gran acuerdo nacional para enfrentar la pobreza?- No estaría mal buscar un acuerdo de ese tipo. Aunque nosotros somos más modestos en nuestras pretensiones. Hablamos de establecer consensos en torno a ciertas políticas de Estado. Por ejemplo, el programa de Asignación Universal por Hijo es un gran valor. Pero en una sociedad dinámica como la nuestra no se puede establecer un criterio y cerrarlo en el tiempo. Nosotros aspiramos a que este valor evolucione hacia formas superadoras. Conforme el tiempo pasa las demandas de la sociedad para obtener la justicia se acrecientan. En este sentido, estos instrumentos también deben ser susceptibles de actualización. Concretamente hay que encontrar la manera de que los subsidios tengan una salida hacia lo laboral, hacia lo educativo. Y eso hay que trabajarlo, valorando todo lo que significa que la Asignación Universal esté. - ¿Qué otra reforma haría en este plano?- Por ejemplo, la Asignación está implementada por decreto. Nosotros hemos venido insistiendo a los legisladores que abran un debate para darle a la cuestión un marco legal más duradero. Si se hiciera una ley el instrumento se podría perfeccionar. Además se enriquecería con la opinión de muchos. Lo primero es aceptarque la pobreza existe - ¿Cuál es la dimensión real del problema social en Argentina, en términos cuantitativos? - Este es un tema controversial, que despierta polémica. El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) habla de la existencia de un 20% de pobreza, dentro de la cual la exclusión sería del 9%. Sabemos que estos guarismos son relativos y suscitan discusión. Pero lo que importa es que existen los pobres. Y que no hay que tapar esta realidad. - En orden a imaginar medidas que reviertan el cuadro de pobreza, ¿cuáles mencionaría?- Hay varias cuestiones. Primero hay que aceptar que la pobreza existe. Esto tiene que ser aceptado por todas las fuerzas vivas de Argentina. Y que estamos frente al principal desafío que tenemos por delante los argentinos. Esto en el plano de la conciencia. Después hay que buscar políticas que sean resultado de consenso. Que tienen que ver con lo educativo, que tienen que ver con lo laboral. Hoy estamos cerca del 40 % de trabajo en negro en la Argentina y además hay gente que no trabaja. Bueno, eso también tiene que ser encarado. Y el sindicalismo, por ejemplo, quizá tenga que ser más flexible en el cambio de algunas leyes laborales. Todos los sectores tienen que contribuir a esto. - También es cierto que hay chicos que nunca han visto a sus padres con un trabajo.- Esa es otra dura realidad que hay que enfrentar. Los medios no los podemos buscar solamente nosotros. Pero desde la comisión de Justicia y Paz del Episcopado se trabaja mucho en esto. Se ha pensado mucho en esto. Nosotros tenemos mucha materia gris, tenemos mucha gente que piensa muy bien, científicos, intelectuales, economistas, tenemos todo lo necesario desde el punto de vista humano para llevar adelante un país sin pobreza y sin exclusión. Los otros días un político, desde su visión, me decía que hay que seguir subsidiando durante un año al que consigue trabajo. Y esto porque muchas veces la gente no quiere un trabajo en blanco ya que pierde el subsidio. Hay que encontrar caminos para que el trabajo vuelva a enamorar a la gente, es decir que las personas tengan el deseo de trabajar. Volver a la cultura del trabajo - Es lo que se conoce como cultura del trabajo, algo heredado de nuestros abuelos. ¿Es eso?- Exactamente. Y eso tenemos que volver a reimplantarlo por todos los medios. Esa dimensión tiene que aparecer con fuerza en la vida argentina. Yo digo que hay tres elementos articuladores de la sociedad. Uno es el tema de los valores. Tener un fundamento ético. Esta dimensión de carácter espiritual no hay que perderla de vista. Y esto incluye el fortalecimiento de la familia. El otro elemento es la educación. Y el tercero es lo laboral. Sobre estos tres ejes debe producirse una reestructuración social del país. - Hay autores que hablan de la existencia de una cultura de la pobreza. ¿Usted qué opina?- No sé si puede hablarse en esos términos. No sé si existe algo parecido. Pero más que hacer una discusión teórica sobre esto, tenemos que atacar las causas reales de la pobreza. Al respecto tenemos que enfrentar con fuerza el tema de la droga y el narcotráfico. Porque la pobreza con droga es miseria. Y una forma de que los pobres tengan la esperanza de salir de su situación es eliminando el tema de las drogas. - Daniel Arroyo, ex ministro de Desarrollo Social, asegura que existen 900 mil jóvenes de 16 a 24 años que ni estudian ni trabajan.- Sí, son los que comúnmente se denominan Ni-Ni. Esta es una realidad muy fuerte. Forman parte de la hipoteca social más grande que tenemos (...) Hay que tratar que los pobres y carenciados sean también los redentores de su propia vida. No se puede pretender que de una manera paternalista la sociedad redima a los pobres. Hay que buscar caminos para que ellos se sientan protagonistas de su propio destino, de su propia redención. - ¿Está la dirigencia argentina -globalmente considerada- empapada del tema?- Es importante que tengan una cercanía con esta realidad. Hay que estar expuestos a la pobreza para poder captar bien lo que es. De lo contrario se suele caer en paternalismos o intentar soluciones que son inventadas en algún laboratorio que no responden a las necesidades de los pobres. Ficha técnicaEl obispo emérito de San Isidro disertó el martes pasado en la ciudad sobre el tema "Una Iglesia pobre para los pobres", una frase expresada por el Papa Francisco.Invitado por el Instituto 'Sedes Sapientiae', el prelado de dilatada trayectoria en el campo del trabajo social, habló en el aula magna de esa casa de estudios ante una nutrida concurrencia.Jorge Casaretto nació en Buenos Aires el 27 de diciembre de 1936; fue ordenado sacerdote el 5 de septiembre de 1964 y ordenado obispo de Rafaela el 19 de marzo de 1977, por el Papa Pablo VI.En 1983 fue trasladado como obispo coadjutor de San Isidro e inició su ministerio pastoral como segundo obispo de esa diócesis el 13 de mayo de 1985. Renunció por edad el 30 de diciembre de 2011.Ocupó diversos cargos en la Conferencia Episcopal: en la Pastoral de Juventud, en la Pastoral de Laicos y en la Pastoral de Comunicación. Formó parte de la Comisión de Comunicaciones del Consejo Episcopal Latinoamericano.En 2002 integró la Comisión Episcopal designada para trabajar en el llamado "Diálogo Argentino". Durante dos períodos fue presidente de Cáritas Argentina y también Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.Actualmente en la Conferencia Episcopal es miembro de las comisiones de Pastoral Social y Universidad Católica Argentina.
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