Los presos problemáticos recorren varias cárceles pero coinciden en la UP2
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El director de la Unidad Penal de Gualeguaychú, Alejandro Ezpeleta, manifestó que al ser una cárcel de máxima seguridad la que dirige, muchos reclusos que ya recorrieron varias veces otros penales, arrastran sus antiguos problemas y explotan en los pabellones de la UP2.Ezpeleta llegó a la única cárcel de máxima seguridad de Entre Ríos en noviembre de 2013, junto a la gestión de Santiago García. Cuando arribó proveniente de la cárcel de Victoria, lo hizo en uno de los momentos más complicados, porque se había constatado la desaparición de cuatro pistolas 9mm que estaban guardadas bajo llave en el sector de la Guardia del Penal.Este hecho provocó, en aquella oportunidad, que el Servicio Penitenciario decidiera remover de sus cargos al director Marcelo Villaverde, y al jefe de Cuerpo Alejandro Miotti, reemplazándolos por García y Ezpeleta.Desde aquella época, luego de lograr controlar una situación complicada, "el penitenciario ganó confianza con el interno, más allá de los problemas que hay, porque problemas hay, va a haber y van a existir siempre, como existe en una calle, en una escuela, en un hospital. Pero lo que si se ha logrado mucho es el cambio del personal", señaló Ezpeleta."Antes el personal del servicio estaba para abrir y cerrar un candado, y creo que hoy se ha alcanzado una relación más humanizada, donde unos cumplen una función y otros pagan una condena. Ser más humanos, que es lo que se necesita para que un interno entienda que el que está trabajando no está para hacerle mal, sino para ayudarlo a que emprenda nuevamente el camino de regreso a la calle", agregó.Por otra parte, Ezpeleta aseguró que la UP2 "está supervisada como ninguna". "Desde aquella época - antes del 2009 - a hoy, de lunes a viernes, desde las 14 y hasta las 23, el interno tiene opciones para hacer algo. Desde un taller formal hasta uno informal. Eso es el cambio que hoy se ha visto y está reconocido por el mismo interno", manifestó. Un mundo dentro de otroSería utópico hablar de que no existan problemas dentro de una cárcel, donde todos convivan armoniosamente, pero Ezpeleta explicó cuál es el factor fundamental por lo cual eso no ocurre. "Lamentablemente, la mayor parte de los internos que nosotros tenemos acá han deambulado por toda la Provincia, ya se conocen y han tenido peleas. Aparte, muchos fueron vecinos afuera. O que uno le mató el primo al otro, o que uno le robó a la vecina, o primo de otro con quien tuvo problemas", indicó.Contó que muchas veces estos encuentros terminan solo en amagues y cuando llega el penitenciario el problema se acabó porque ninguno de los dos quiere pelear, pero que el código carcelario se los exige para que puedan seguir conviviendo en cierta paz. "No me queda otra, director. Tengo que hacerlo porque sino no puedo vivir más en ningún lado", relató Ezpeleta sobre las excusas de los presos cuando dialogan con él."Es un mundo dentro de otro. El preso convive 24 horas al día dentro de cuatro paredes con otros que no conoce o con otros con los que ya tuvo algún problema. Uno puede vivir en un pabellón y otro en otro sector, pero siempre viven en un mismo lugar y en algún momento se pueden cruzar", comentó.
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