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Los pueblos Rurales de Almada y Parera buscan crecer y volver a tiempos pasados

Tras el levantamiento de las estaciones de ferrocarril y de vías férreas, ingresaron en la curva descendente. La gente, especialmente los jóvenes emigraron en búsqueda de un mejor futuro, quedando solamente la gente mayor. Hoy, con el significativo avance de las tantas veces postergada Ruta 51, Parera y Almada intentan resurgir, tras años de olvido y abandono. Supieron tener entre 500 y 800 habitantes. Hoy, entre los dos, suman 350 personas.

Por Fabián Miró

El Día recorrió dos pueblos, Almada y Parera, que se caracterizan por la tranquilidad reinante. En General Almada viven 150 personas en la zona del casco urbano y otros 50 en los alrededores; mientras que en Parera, distante 8 kilómetros, 203 almas habitan el pueblo al que ya llegó el asfalto que lo une con Urdinarrain.

Gente tranquila que en su mayoría trabaja en tareas agrícolas, ganaderas y en granjas avícolas, almacenes que mantienen su clientela y estaciones de tren que recuerdan tiempos mejores, en lo que las escuelas albergaban, en el caso de la Escuela Número 98 José Hipólito Romero, a 200 alumnos y una sector dedicado a la caballeriza en donde la gurisada ataba sus equinos mientras concurrían a clases. Hoy, el mencionado establecimiento educativo, tiene una currícula de 9 alumnos. Claro ejemplo del éxodo que se ha registrado en las últimas décadas, luego de que ex Presidente Carlos Saúl Menem decidiera, en masa, cerrar miles de kilómetros de vías férreas empleando la frase “Ramal que cierra, ramal que no abre más”. Así fue. Con esa decisión selló el certificado de extinción de miles de pueblos que nacieron a la vera del ferrocarril.

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Diego Otero, presidente de la Junta de Gobierno de General Almada , recordó que “hubo tiempos mejores, pero tampoco estamos tan mal. Vamos de a poco mejorando con obras que van a beneficiar a la localidad, como un puente, sobre el arroyo García, que va a beneficiar a toda la comunidad. Una inversión, 50 millones de pesos, que estuvimos esperando durante mucho tiempo, además de los avances del asfaltado de la ruta 51 que se encuentra a 7 kilómetros. Dos obras que nos beneficiaran para ir a Urdinarrain y Larroque”. Contó que “cuando llueve y pese a los trabajos que realiza Vialidad, no podemos concurrir a Gualeguaychú por el camino del medio que en buena parte es de tierra y otra de ripio”. Señaló que es “positivo tener un buen acceso a centros poblados, para que nuestra gente pueda ir a cobrar sus haberes, en el caso de los jubilados, y los chicos a continuar con sus estudios secundarios y terciarios”.

Contó que “mucha gente está preguntando sobre la disponibilidad de terrenos y de casa para venir a vivir a Almada, otros que se fueron y quieren regresar al pago”. Dijo que existe la “posibilidad de que IAPV ande por la zona y que se construyan algunas casas para la gente que está en el pueblo y que no tiene casa propia”.

Señaló que la mayor parte de la población de Almada “está compuesta por una franja etaria, en su mayoría, que va los 45 años en adelante, adultos mayores y adolescentes que cursan sus estudios secundarios en la Secundaria de Parera”.

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Subrayó que la “educación en Almada cumplió, en este 2020, 100 años desde que comenzara a dictarse clases, que no fue en el actual edificio. Lamentablemente teníamos preparados una serie de festejos que no se realizarán por la pandemia”.

Dijo que a la escuela primaria se le pudo colocar el nombre de “José Romero, igual que el club, luego de una votación en la que ganó ampliamente la opción del nombre de quien donó todos los terrenos para lo que hoy es Almada”.

Viajar en tren

Cecilia Preisz es una vecina que nació, se crió, formó su familia y vive en General Almada. Cecilia vivió tiempos de esplendor en la localidad cuando el tren lo era todo y la escuela trabajaba en doble turno. “Uno a la mañana y otro a la tarde con unos 300 chicos. Muchos del campo y otros del pueblo. La caballeriza se llenaba de caballos de chicos que venían del campo. Inclusive mi esposo, Muller, llegaba con sus cuatro hermanos, desde la Perla, unos cuantos kilómetros, a caballo.

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No importaba si hacía frío, si había caído una bruta helada, sí la temperatura era elevada. Ellos venían, como el resto de los chicos, sin problemas. No había huelga y la escuela trabajaba con 4 maestras a la mañana, y 4 a la tarde”. Recordó a Inés Iroz, Estela Urdapilleta, Gladys Rizzo, entre otras, con sus tacos finos haciéndose escuchar en los largos pasillos de la escuela que hoy alberga a 9 chicos que por la pandemia cursan via on-line”.

Sobre el tren dijo que lo usó mucho en sus embarazos para “hacerme atender en Gualeguaychú”. Contó que “todos los lunes o cada 15 días salíamos muy tempranos, faltaba un par de horas para el amanecer, y volvíamos a la noche. Me quedaba todo el día en Gualeguaychú hasta que partiera el tren que demoraba poco más de una hora en llegar hasta lo que hoy es el Corsódromo”. Dijo que el tren dejó lugar al coche motor, y que también funcionaba un colectivo”.

Recordó que, en décadas pasadas, los “sábados cuando la gente de campo venía a la ciudad a hacer las comprar las cuadras se llenaban de sulkys, caballos y autos”.

Apostar al pueblo

Rubén Ramírez, de 30 años, dijo que “todos los chicos con los que compartimos primaria y secundaria dejaron el pueblo en búsqueda de un mejor porvenir en Gualeguaychú, Urdinarrain, Larroque y otras localidades”.

Contó que decidió quedarse porque “me gusta la tranquilidad de mi pueblo y hago de todo un poco. Si tengo que subirme a un tractor lo hago y trabajo en el campo. Ahora estoy al frente de la cantina del club J.H Romero al que hemos mejorado dándole una mano de pintura. En tiempos normales se hacen cumpleaños y otros eventos sociales. También tenemos una cancha de bochas que usan los lugareños”.

Tradición Familiar

Leticia Schwabaeur, sigue con el legado que le dejaron sus padres en uno de los almacenes de la localidad. Atiende un comercio que en su momento llegó a ser una “especie de ramos generales, ya que además de todo lo que se comercializa en un almacén, tenemos cosas de bazar y juguetería”. Detalló que “herramientas no vendíamos porque había ferreterías casas que se dedicaban a la venta de esos elementos”.

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Recordó que cuando “vivían nuestros padres la gente hacía una compra para 15 días, gente que venía del campo y que quincenalmente se aprovisionaba. Hoy eso cambio y la gente compra en el día a día”. Dijo que extraña el pasaje del tren, mientras mira a la distancia la estación que se quedó sin actividad hace tres décadas. “Se fue parte de nuestra vida con la ida del ferrocarril”

Estación Parera

La localidad fue la primera beneficiada con la llegada del asfaltado de la ruta 51. Inclusive un tramo del asfalto ingresa una cuadra en el poblado que tiene 203 habitantes cuenta José María Bournissen, presidente de la Junta de Gobierno de la localidad y de Britos.

Bournissen, contó que a diferencia de Almada, las vías del ferrocarril todavía tienen actividad. “ Entre tres y cuatro cargueros que van al norte pasan por Parera, aunque lógicamente no paran en la estación, con cargas de madera, materiales de construcción y demás”. Detalló que “hace muchos años dejó de funcionar el tren de pasajeros”.

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El presidente de la Junta de Gobierno de Parera, Britos y Colonia Basavilbaso habló del presente y futuro de la zona.
El presidente de la Junta de Gobierno de Parera, Britos y Colonia Basavilbaso habló del presente y futuro de la zona.

Sobre la actividad que se desarrolla en Parera, dijo que el fuerte pasa por el campo y una “serie de actividades como agricultura, ganadería y las granjas que se dedican a la cría de pollos para carne, además de las reproductoras”. Dijo que es una actividad que arraiga a la gente y genera trabajo, más allá de algunos cimbronazos. Con la caída del Frigorífico Entre Ríos muchas granjas acusaron el impacto y un número importante de trabajadores, entre ellos Bournissen , se quedaron sin “ trabajo de un día para el otro”. Unas “treinta familias quedamos fuera del circuito económico, decidiendo, la mayoría, buscar otro horizonte”. A lo sumo “tres familias se la jugaron y apostaron a seguir en Parera”.

Contó que un número importante de vecinos que vivían en Parera, abandonaron la localidad, tiempo atrás, por la “falta de caminos que resultaban imposibles de transitar en días de lluvia”. Contó su experiencia como trabajador en un tambo. “Eran tanto los huellones que era preferible ir caminando en la oscuridad de la madrugada que caerse de un caballo”. Hoy la realidad es otra. “Por fortuna, pese a que muchos descreían, se hizo la ruta hasta Parera, contamos con asfalto hasta Urdinarrain en lo que es un adelante para todos”. Aclaró que la junta, además de Parera, comprende a Britos y a Colonia Basavilbaso.

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Dijo que la partida que recibe la Junta de Gobierno es de “104.000 pesos por mes, una cifra con la que se hace complicado hacer frente a todas las obligaciones”.

Elogió la construcción de “cuatro casas con fondos del IAPV que se entregaron en mayo y se estudia la posibilidad de construir algunas más”.

Comentó que la concreción del asfaltado, despertó el interés de gente que era de Parera y emigró por razones laborales a comprar terrenos y construir, también el de gente que “no es de la zona y que pretende instalarse en la zona”.

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