Los que se fueron por futuro y volvieron en busca de calidad de vida y tranquilidad
Federico Rodríguez está "recontento de ser padre. No vuelvo a Buenos Aires, ya está, es una etapa. Vuelvo para hacer cursos y perfeccionarme y a seguir creciendo".En toda la entrevista, Federico muestra su alegría de haber regresado a su ciudad. "Estamos muy contentos de poder disfrutar de la vida en familia y de amigos que la habíamos perdido totalmente. Los dos trabajábamos de lunes a lunes durante años, ahora seguimos en la actividad, pero nos hacemos los tiempos para pasear y llevar a Sofía a la calesita o ir al Parque Unzué".Además, contó que cuando van a Lanús, "Sofía disfruta de sus bisabuelos, tiene tres vivos, por lo que Florencia también está fortalecida en su familia, y eso es muy importante". "Vinimos porque priorizamos la calidad de vida"

Una mejor calidad de vida a cambio de resignar crecimiento profesional y económico, es lo que influyó en la decisión de Fabián Tamburro (44) y su esposa Virginia García (37) para radicarse definitivamente en Gualeguaychú.Vinieron en septiembre de 2002, a pesar de que hacía siete meses habían estrenado su propia casa en San Martín, en el conurbano bonaerense, ubicada frente a la empresa familiar de Fabián que desde hace 40 años produce elementos para soldaduras autógenas."De allá nos echó la inseguridad" coincide el matrimonio Tamburro-García, que tomó la decisión de radicarse en Gualeguaychú cuando en un intento de robo en la fábrica uno de los ladrones terminó muerto de un balazo. "Ese día dijimos que no queríamos eso para la familia", remarcaron.La particularidad del caso es que quien más fuerza hizo para venir a instalarse a la ciudad fue Fabián, que nació en Capital Federal y vivió en San Martín y conocía Gualeguaychú por las veces que le tocó viajar por la empresa.Y además, el destino hizo que conociera en Capital Federal a Virginia, una gualeguaychuense que en 1992, con 18 años, decidió ir a estudiar.Se casaron en 1997 y en el año 2002 se radicaron en Gualeguaychú. "Fue por decisión mutua, por la calidad de vida", contó Fabián a elDía mostrándose además orgulloso por ver crecer aquí a sus tres hijos (de 12, 9 y 6 años). "Estoy satisfecho porque si algo quise es dar a mis hijos tranquilidad y seguridad", remarcó."Lo que priorice es darle calidad y no cantidad a mis hijos a nivel padre; me siento en deuda porque hay muchas cosas que me pierdo por no estar durante muchos días, pero se que les doy calidad; no voy ni a pescar, que me encanta, con tal de estar con ellos", aseguró el empresario, quien viaja todas las semanas a San Martín para cumplir funciones en la fábrica."Voy y vengo y hago la diferencia todo el tiempo entre Gualeguaychú y Buenos Aires que es una ciudad que está pasando un momento de mucha tensión, nerviosismo en cuanto a la inseguridad que es el primer problema", explicó Fabián y graficó: "los viernes, cuando regreso a la ciudad, siento que un montón de gente quiere venir conmigo, que se quieren subir a la camioneta y venir, lo veo en los ojos".Ambos recordaron que cuando llegaron a la ciudad "estábamos muy mal económicamente y dijimos acá empezamos de cero, y ahora cuando miramos para atrás decimos 'que audaces'". De todos modos, Virginia aclaró "si él (por su marido) no hubiese insistido, nos hubiésemos quedado" en San Martín.A los dos les gustaba la idea pero ella era la que estaba más reticente. "No quería porque me generaba miedo que él quedara solo allá, en eso pensaba", señaló Virginia y explicó que su marido "es un tipo sumamente sensible, humano, no es una persona independiente y ante eso yo tenía pánico a su tristeza, su angustia, que de hecho la pasó y la pasa, aunque cada vez un poco menos porque se va acostumbrando a viajar pero cada vez que se va de acá es tristeza"."Se que la vida acá es impagable para los chicos, pero me negaba a separar la familia; pudo más la tranquilidad, la calidad de vida y estamos muy contentos en Gualegauychú", afirmó.Entre las cosas que resignaron para radicarse en Gualegauychú, Fabián aseguró que prefirió "crecer menos económicamente en beneficio de la calidad de vida que me regala la ciudad, y eso no tiene precio".Y agregó: "soy un agradecido a Gualeguaychú por eso y porque me permitió conocer a mi mujer y a su familia, que siempre me contuvo mucho". Ciudad solidariaEntre las cosas que destaca de Gualeguaychú, Tamburro señaló que "es una ciudad con alma de pueblo y lo que la diferencia es la solidaridad". "Se notan los 228 años que tiene en la idiosincrasia, en la lucha ambiental; acá la solidaridad mantiene sana la relación de la gente", dijo y la comparó con Loma Hermosa, donde funciona su fábrica, "una localidad muy castigada, con muchos cordones de pobreza y marginación y el ambiente de barrio se fue cerrando por la inseguridad y los vecinos prácticamente no salen de sus casas"."De Gualeguaychú aprendí cómo se genera una lucha en defensa de la sociedad, en el conurbano eso se perdió por egoísmo o por los gobiernos, pero se vive con miedo a tal punto que los chicos ya no juegan mas en la calle", destacó.- Cuando tomaron la decisión de venir, ¿creyeron que esta ciudad era la mejor opción?- Fabián: Conocí la ciudad siendo soltero y algo me atraía, me sentía cómodo por su gente. Vine tres veces, y jamás pensé que iba a terminar viviendo. Cuando paso por los lugares donde he estado, por el hotel donde me alojaba cuando venía, no puedo creer que hoy tenga mi familia y este radicado acá. Son las vueltas de la vida que uno nunca se imagina.- ¿Pensaron en la necesidad de trasladar la empresa?- Es un sueño, no lo descarto. Pero es una empresa familiar y mucha gente depende de ella. Hace más de 40 años que estamos, tenemos 12 empleados y actualmente fabricamos para un grupo internacional a través del cual exportamos. Pero no descarto en algún momento venir del todo. Quizás una parte del proceso se podría traer acá.
Con el corazón en Gualeguaychú 
Hay otros relatos, otra parte de la historia. Un sinnúmero de jóvenes que se fueron y nunca más volvieron. Los motivos son los mismos: buscar un futuro mejor. Hay quienes quieren y desean regresar a su ciudad natal pero la vida les complica el retorno.Sebastián Van Bredam y Mercedes Bohl acaban de ser padres. Felipe llegó a sus vidas hace seis meses y juntos viven en una casa en Tigre, provincia de Buenos Aires. Ambos son de Gualeguaychú, pasaron la mayor parte de sus vidas en esta ciudad, y con la llegada de su hijo comenzaron a replantearse sus futuros.Sebastián terminó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional en 1997 y rumbeó su vida hacia Concepción del Uruguay, a estudiar la carrera de ingeniería electromecánica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).Tres años más tarde, y sin conocer a quién sería su pareja a partir del 2003, Mercedes termina la escuela secundaria en el Colegio Nacional y decide mudarse a la ciudad de La Plata para estudiar Economía.A falta de dos materias para recibirse de ingeniero, Sebastián decide dejar "La Histórica" y trasladarse a Buenos Aires "en busca de mejores horizontes". "Era el momento de plena crisis y ganaba dos federales trabajando como proyectista en una metalúrgica", explicó sobre los motivos que le hicieron dejar Entre Ríos.Ya instalado en Buenos Aires, comenzó a trabajar en una fábrica de carretones, como gerente de fábrica. Gracias a este nuevo empleo, la calidad en la vida de Sebastián cambió considerablemente, "dejé de ganar Federales y comencé a cobrar en pesos", contó.Mientras, a 60 kilómetros de Capital Federal, su futura mujer decidió en 2004 dejar La Plata y llega a Buenos Aires para trabajar de camarera y de esa forma financiarse los estudios de su nueva carrera: contadora.La Argentina en el 2005 había cambiado notablemente con respecto a lo que se había vivido en los primeros tres años del siglo XXI. Había más dinero en la calle y la economía comenzaba a brindar seguridad nuevamente.Gracias a esta situación, Sebastián y Mercedes deciden juntos apostar a un emprendimiento propio. Ambos renuncian a sus respectivos trabajos, con ahorros y ayuda de sus familiares, fundan Bredan Trailers, un emprendimiento metalúrgico dedicado a la fabricación de acoplados para embarcaciones, cuatriciclos y vehículos similares, con asiento en la localidad de Tigre.De allí en más, la empresa comenzó a crecer año a año y esto fue un pro y una contra para el futuro de la pareja porque según explicaron a dúo, "sus corazones siempre estuvieron en Gualeguaychú"."Siempre tuvimos ganas de irnos a vivir a Gualeguaychú, sobre todo cuando empezamos con la empresa porque fue durísimo, siempre después de algún problema laboral nos decíamos 'vámonos a guale y arrancamos de nuevo con algo allá", relató Sebastián y agregó que volviendo a su ciudad natal le sería más fácil terminar con las dos materias que le restan para obtener su título de ingeniero."Pasados los tres primeros años las cosas empezaron a cambiar, pudimos comprarnos un terreno en Pueblo Belgrano y estamos planificando la construcción de nuestra futura casa para algún día venirnos a vivir a Gualeguaychú", contó Mercedes y aclaró que actualmente viven en Tigre "por el río, la vegetación y la calidad de vida que es muy similar a la de Gualeguaychú".A fines de marzo nació Felipe, el único hijo de la joven pareja y con ello renació fuertemente el deseo de volver a la ciudad natal. "Si bien Tigre es muy lindo y tranquilo, el nacimiento de nuestro hijo nos marcó un punto de inflexión, queremos que se crié cerca de sus abuelos, sus tíos y nuestros amigos. Sabemos que no es el mismo Gualeguaychú que dejamos cuando nos fuimos a estudiar hace unos 12 años, pero igualmente confiamos que es un lugar mucho mejor para el crecimiento y desarrollo de nuestro bebé", comentó Mercedes.La pareja quiere regresar a Gualeguaychú pero la decisión no es fácil de tomar porque hay que arrancar de cero. "Estamos en el mejor momento laboral de la empresa, Felipe vino con el pan abajo del brazo y es complicado dejar de hacer algo en lo que te va bien, pero también es difícil vivir en un lugar donde no deseas que se críen tus hijos", opinó Sebastián y vaticinó en que "que pronto vamos a encontrar una buena solución".
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