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Los secretos jamás contados de Matute, el fundador de Los Borrachos del Tablón

Rubén Coppola se impuso como líder de la barra de River en 1975 y mantuvo el poder en la tribuna hasta fines de los 80, cuando se recluyó en Villa Gesell. En diálogo con Infobae, enumera sus vínculos con el poder, describe los enfrentamientos con otros violentos de la época y profundiza en su relación con los jugadores: "A Caniggia le tuve que dar un bife"

El encuentro se produce en la esquina donde comenzó todo. Hace 30 años que se retiró y dejó el barrio, pero a cada rato alguien lo reconoce e interrumpe la entrevista para saludarlo con veneración inusual. Hoy esta esquina de Armenia y Costa Rica es una de las zonas mas chic de Buenos Aires. Pero 40 años atrás era tierra de orilleros. Y parece que él, según cuenta la historia, era el más orillero de todos.

Cuando en 1961 su familia decidió mudarse de Virreyes a Palermo, nadie podía intuir que con esa movida se estaba forjando un mito. El pequeño Rubén Coppola, ascendencia siciliana, tenía cinco años. Se hizo de River porque al lado de su casa vivía Renato Cesarini que lo llevaba al club y le regalaba pelotas. Una década y media después se convertiría en Matute, el fundador de Los Borrachos del Tablón. Que ahora ante Infobae cuenta por primera vez su historia. Esa historia lindante con la violencia en el fútbol y el delito que lo llevó a ser considerado el barra más famoso de todos los que alguna vez hubo en el Monumental. Matute, el rival de Quique el Carnicero y el Abuelo de La Doce, admite que iba enfierrado a todas las canchas “por las dudas” pero reniega de los barras actuales a los que desprecia porque, asegura, están por la plata y no por la camiseta. “Y porque antes había códigos”, dice y mira al Oso, su secuaz de correrías en los años en que la barra de River era, afirman, a la que todos temían.

“¿En qué año se forma la barra? Mirá, en el 68 empieza a armarla el Loco Mingo con su grupo del Spinetto y el Abasto. Ahí paraban el Negro Clay, Sandrini, Mandarina, Tripa. Y nosotros, los pibes del barrio, empezamos a ir en los 70. Nuestro líder era Sandro (Alberto Ramos, fallecido en mayo de 2018). Palermo era todo de River y esta plaza que se llamaba Campaña del Desierto era nuestra casa. Cada vez nos hicimos más fuertes y veíamos que el Loco Mingo hacía las cosas mal. Le daban 200 entradas y repartía 50 y encima había que ir a pedírselas personalmente. Si en Palermo somos 40 nos das 40, pero no, él quería que cada uno fuera a besarle la mano como si se tratara del Padrino. Y nos pudrimos. Entonces un día en la cancha de Racing (NdR: no recuerda la fecha pero algunos viejos barras aseguran que fue en marzo del 75 frente a Banfield y otros que fue en julio de ese año contra Temperley), el Negro Sandro dijo ‘es ahora’ y les arrebatamos la tribuna. Hubo una discusión, volaron un par de piñas y se dieron cuenta de que los matábamos. Entonces la entregaron. Y desde ahí Palermo dominó la barra”.

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-Pero entonces el primer líder fue Sandro.

-Sí, yo lo considero mi mentor. Con él al frente hicimos la caravana a Vélez cuando ganamos el título en el 75 después de 18 años. Íbamos todos disfrazados, fue una fiesta tremenda. Pero estuvo un tiempo nada más. En el 77 lo chuparon a la salida de la cancha por un arma en medio de una pelea con los de Independiente, lo picanearon durante cinco días y cuando salió nos juntó en la plaza y dijo que se corría y que la iba a llevar yo. Y a mí me parecía que teníamos que tener un nombre que nos caracterizara. Y ahí le puse Los Borrachos del Tablón.

-¿Por qué?

-¿Y cómo querés que le ponga si eran todos borrachos? Vino y porro todo el tiempo. Eso sí, nunca ortivas como los de Boca. En mi primer año corono con el título del Metropolitano 77 en Huracán. Éramos una re banda, la más grande de la Argentina, nadie podía con nosotros.

-La historia dice que vos tenías un taxi Chevrolet donde llevaban armas.

-Era así. También las llevábamos en un Fiat 600. Y salíamos con tres camiones cargados con cadenas. Pero sólo las usábamos si los otros nos venían a buscar armados, porque jamás les hicimos una maldad a quien no se metía con River. Pero el que venía a buscarnos nos encontraba. A los de Central por ejemplo los teníamos de hijos. ¿Sabés por qué? Porque ibas a Rosario y en vez de meterse con la barra, agarraban a los hinchas comunes y los desvalijaban, desnudos los dejaban. Entonces cuando venían para acá los esperábamos en General Paz y Panamericana, los seguíamos con unas motos y cuando estacionaban los micros avisábamos al resto y les dábamos. También odiábamos a los de Estudiantes, Quilmes, Independiente y San Lorenzo. Teníamos un grupo de 10 pibes a los que llamábamos los Pitufos que se infiltraban en los segundos tiempos en la tribuna rival, sacaban toda la data de cómo iban a irse, nos lo pasaban antes de que terminara el partido y ya sabíamos dónde emboscarlos. Eso sí, teníamos un arreglo con la comisaría 51. Dentro del perímetro de seguridad, nada, para no comprometerlos. Afuera, desde Libertador y Monroe, lo que quisiéramos. A cambio no dejábamos robar a nadie en el barrio ni en la tribuna. Y después tenías amistades o respeto con otras barras, como Atlanta, Racing, Tigre y Morón por ejemplo.

-¿Y con Boca?

-Odio total. Porque ellos eran buches de la Federal y de la SIDE. Fijate que en el 86 fueron al Mundial, volvieron a ver la final con Newell’s y viajaron otra vez a México. Arreglaban siempre con el poder. A nosotros eso no nos cabía. Por eso donde podíamos los corríamos. Mirá lo diferente que éramos con esta anécdota que te cuento. Un día jugábamos en el Monumental y antes del partido la Policía les sacó los bombos. Al final del partido viene Quique el Carnicero a pedirme que hagamos una barra conjunta para tirarnos contra la cana y recuperar las cosas. Le dije “tenés cinco minutos para salir de acá con vida antes de que arranquemos a pegarles”. Otra vez cuando ya estaba el Abuelo vinieron a robarnos los trapos. Nos paramos de mano y Tatín, que era plomero, le dio una piña al Abuelo que lo durmió. Salieron rajando. Y venían al Monumental acompañados por la Policía. En cambio nosotros íbamos a La Boca caminando desde Constitución esperando que aparecieran y sólo nos enfrentaron una vez con ayuda de la Poli. Cuando pasamos las vías de Brandsen la cana nos cortó al medio. Quedamos 30 que íbamos adelante con las banderas y toda la barra quedó del otro lado. Y ahí aparecieron los de Boca que estaban escondidos en la vía y en la parrilla de Quique. Entonces agarré una parrilla de hierro gigante llena de choris, con las brasas encendidas y todo, no sabés lo que pesaba, y se las tiramos por la cabeza. A la Poli no le quedó otra que meterse. Jamás perdimos una pelea con Boca.

-Todos los barras dicen lo mismo, que siempre ganan, que nunca pierden

-Mentira, el que te dice que no corrió miente. A nosotros una vez nos emboscó y nos dio masa mal la de Argentinos. Nos reagrupamos a la noche en la plaza, y salimos a buscarlos por todos lados. Ellos paraban en un pool. Llegamos al primer piso y los tirábamos para afuera. Pero todo empezaba el domingo y terminaba el domingo. La única barra que nos robó una bandera fue la de Gimnasia, por qué no te lo voy a reconocer. Pero después la recuperamos. Esas eran las peleas de barra. Y no había plata de por medio.

-¿Entendés que lo que me contás es apología de la violencia?

-No, lo que te cuento es que como eran las barras antes, nos peleábamos por las banderas y al hincha común no se le hacía nada. Yo caí preso como 30 veces por esas peleas y terminabas 30 días en Caseros o Devoto en el mismo pabellón que el Loco Fierro (jefe de la barra de Gimnasia) o Cacho Ciudadela (jefe de la de Racing) por ejemplo. Pero ninguno luqueaba al club. Nunca. Ni siquiera nos veías por Núñez en la semana. Mirá la diferencia que hay con los de ahora.

-¿En serio querés que te crea que no hacían guita con River?

-Es la verdad. Yo asumí cuando el presidente era Aragón Cabrera (Rafael). Nos odiaba. Porque él estaba con los milicos y yo siempre fui peronista, manejaba las cosas en la Unidad Básica 18. Entonces nos hacía la guerra. Hasta el Feo (por Ángel Labruna) le decía “no podés cortar a los pibes, los necesitamos alentando en todas las canchas” y aún así no nos daba nada. Teníamos que poner la guita para las entradas y los viajes nosotros. Después Hugo (por Santilli) nos empezó a bancar porque quería destronarlo a Aragón y nos daba 350 tickets que se repartían entre la barra. Si ni nos alcanzaban, éramos como 500. Y pagaba dos micros cuando íbamos afuera, nada más. Mirá las fotos de la época, como mucho había tres camisetas oficiales en la tribuna. Hoy están todos con camperones que les da el club. Fijate la diferencia, los de ahora tienen 3000 entradas, son millonarios, les revientan la casa y les secuestran siete palos. Nosotros no fuimos a la Intercontinental (NdR: en 1986 contra el Steaua Bucarest, en Tokio, River ganó 1 a 0 y salió campeón) porque no nos daba la moneda, ¿entendés?

-Y por los antecedentes policiales, supongo.

-Bueno, también, jaja. En la barra la mayoría eran laburantes, pero también había chorizos de soguear cadenas, relojes, pero nosotros no preguntábamos. Lo único que se pedía era que el domingo no se hiciera nada. Y se respetaba. A River sólo se lo alentaba. Hoy tenés en las barras gente que hace entraderas, secuestros, narcos o que van por la guita y son hinchas de otros equipos. Eso antes no pasaba.

-Pero ustedes eran igual de violentos.

-No, mirá si iba a pasar algo como lo de Acro estando nosotros, por favor.

-Pero sí tienen un crimen en el armario.

-….

-El de Matutito (Alberto Taranto, primera línea de la barra, asesinado a la salida de un River-Boca jugado el 19/10/83 en cancha de Vélez).

-Esa vez… nosotros teníamos que salir por Reservistas Argentinos pero la Policía nos mandó por Juan B. Justo. Entonces nos fuimos hasta Jonte para esperar que llegara La Doce. La idea era ir a buscarlos con 30, atraerlos para la zona de la plaza y de ahí iba a salir por las otras calles el resto de la barra. Era una emboscada perfecta y pactada a puño limpio. Pero cuando los de Boca vinieron y fuimos al cruce, empezaron a tirar con una nueve milímetros. Una locura, cómo vas a tirar en plena avenida. Matutito quedó enganchado y cuando los nuestros repelieron para dispersar, un tiro le pegó. Fue una desgracia.

-¿Una desgracia? Era como un hermano tuyo, ¿ni siquiera te lo reprochás? Vos eras el líder, el que había armado la pelea.

-Pero si fue un error de él quedarse enganchado, no retroceder, porque le gustaba pelear. Yo me puedo hacer cargo de muchas cosas pero si no hacés lo que te digo... Fuimos 40 y volvimos 39. Para qué te quedaste. esa es la única que no entiendo. Pero los bosteros siempre fueron así. No querían pelear mano a mano porque perdían.

-Ya contaste el arreglo que tenías con la comisaría 51. ¿Y con la política?

-Los políticos te vienen a buscar siempre. Los Borrachos siempre fuimos peronistas, pero en el 85 los radicales querían panfletear en la cancha y ahí tuvieron que poner una moneda. O, por ejemplo, cuando nos vinieron a buscar para hacerle la seguridad al Turco Menem cuando empezó a recorrer la Capital y el Conurbano en la interna con Antonio Cafiero (NdR: para definir el candidato a presidente del Justicialismo en 1989). A éste lo bancaba la barra de Chaca y el Turco tenía problemas para armar los actos. Entonces vino Alejandro Granados y nos contrataron. Y a cambio si ganaba nos daban varios puestos de verdura en las ferias municipales y nos metían bocha de pibes en una dependencia del Estado. Entonces le hicimos toda la campaña. ¿Y sabés qué pasó cuando ganó? Nos cagó. Yo tenía el directo de Pato, la secretaria, y nos limpiaba hasta que un día puso el altavoz y escuché como el Turco nos ninguneaba y nos mandaba a hablar con Ramón Hernández, que no nos atendió. Encima después quiso dividir la barra arreglando con gente que estaba debajo mío, como el Gallego Chofitol, para poner una bandera suya en la tribuna. Entonces cuando vino a ver a River por primera vez como presidente, junté 80 pibes en el hall y lo puteamos de arriba abajo, escupimos a la custodia y hasta que yo estuve en River, no volvió más.

-¿Y la política a vos te pagaba con guita, con cargos?

-Asesor, siempre asesor, jaja. Pero yo era peronista de verdad, eh, si acá en Palermo armé la Rojo Punzó (NdR: Agrupación peronista creada a fines de los 60). Yo en aquel momento traía muchos votos del barrio. Ahí en la unidad básica me pusieron Matute, porque fuimos a una marcha por el aniversario de la masacre de Trelew (NDR: 22 de agosto de 1972, 16 detenidos peronistas y de izquierda fueron fusilados tras ser recapturados de una fuga parcialmente exitosa del penal. En 2012 el caso llegó a juicio con tres condenas a cadena perpetua), nos agarramos con Infantería y a uno le saqué la tonfa y volví al barrio revoleándola y me decían que parecía Matute, el de (la serie animada) Don Gato y su Pandilla. Y quedó.

-¿Y la relación con los jugadores y técnicos cómo era?

-Buena. A los técnicos jamás les pedimos nada, preguntales, y con el que mejor nos llevamos fue con el Bambino Veira. A los jugadores sólo les pedíamos para la comida de los pibes de visitante. Sólo tuvimos problemas con el Negro Enrique, que cuando vino de Lanús se hacía el agrandado. “Viniste de Lanús, hermano, esto es River”, le dije y lo puse en caja rápido. Después nos hicimos amigos. Y con Caniggia, que el día que debuta dice que es de Boca. Le tuve que dar un bife a mano abierta para que entendiera. Pero teníamos una gran relación con todos, especialmente con el Tolo Gallego y el Cabezón Ruggeri, que eran los referentes. ¿Sabés cómo fue lo de la vuelta olímpica en la cancha de Boca? (NdR: fue el 6/4/86, en el famoso partido de la pelota naranja con el Beto Alonso como figura, que River llegó campeón a la Bombonera, se había consagrado previamente goleando a Vélez) No la querían dar, había presión del gobierno. Entonces fui el día anterior y les dije: “Muchachos esto va a pasar una sola vez en la vida. Nosotros vamos a poner el cuerpo pero ustedes la vuelta olímpica la dan. Porque nosotros si no vamos a venir acá todos los días, eh?”. Y lo entendieron.

-Y dieron la media vuelta.

-Eso dicen los bosteros. Pero con nosotros no dieron ni media vuelta en el Monumental, jaja.

-¿Cómo y por qué perdiste la barra en el 90?

-Yo no la perdí, la dejé, que es otra cosa. Por un lado había jugado fuerte por Osvaldo Di Carlo presidente, y perdió con Alfredo Davicce (NdR: las elecciones se hicieron el 10 de diciembre de 1989). Y por otro lado me buscaba toda la SIDE por un problema en la Aduana (NdR: No cuenta más pero en la barra se asegura que se había llevado con papeles mellizos varios contenedores que no le correspondían de motos y neumáticos importados). Teníamos que ir a Uruguay por la Copa Libertadores (NdR: River jugó con Defensor Sporting el 3/8/90) y un amigo me avisa que me iban a detener. Y mi mujer, que tuvo dos hermanos desaparecidos, me dijo: “Basta. Vas a ir preso de verdad y yo no puedo más”. Se juntó todo, de la política me dijeron que me vaya lejos y no vuelva por un tiempo, entendí el mensaje y me radiqué en Villa Gesell. Mi época de líder de Los Borrachos del Tablón había terminado (NdR: en Gesell tuvo un kiosco, un bar y también un hecho policial que lo llevó tres años y medio a prisión en 2009 por tenencia ilegal de arma de guerra y encubrimiento tras un enfrentamiento con una banda del lugar, de lo que prefiere no abundar).

-Y no volviste más a la cancha.

-Pocas veces. Me hicieron un par de homenajes en el Monumental y me invitó la barra al último Superclásico en La Bombonera que se jugó con visitantes, que nos dieron la tercer bandeja (NdR: 5 de mayo de 2013, empate en uno). Ese día fuimos todos los viejos. Salimos del club, nos re atendieron en la cancha, con gaseosas, todo. Volvemos a River y Caverna y Martín (por Guillermo Godoy y Martín Araujo, líderes entonces) me dicen: “¿Qué te pareció, Matute?”. Y les respondo: “Bien, bien, pero de adrenalina nada, eh”. No entendían, porque ellos son otra cosa, iban acompañados por la Policía, como gerentes de la barra mientras nosotros íbamos caminando desde Constitución esperando a ver desde dónde nos salían los bosteros. Yo no los juzgo, los tiempos cambiaron, pero no los envidio nada. Porque cuando la gente dice que todos los barras son delincuentes habla de esta época, en que están llenos de guita, que viven del club, del delito, de los negocios de la cancha. Lo nuestro era otra cosa.

-Puede que sea distinto pero toda esta narración está llena de violencia y es algo que te enorgullece. ¿Cómo creés que te va a mirar la gente común cuando se entere de esta historia?

-No sé. Lo que sí sé es cómo me mira el hincha de River. Que sabe que lo defendí en todas las canchas, que jamás le hicimos daño al club ni nos llevamos una moneda y que si en todo caso muchas veces nos peleamos, fue por la banda que llevamos cruzada en el pecho. Nada más ni nada menos. (Fuente: Gustavo Grabia - Infobae)

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