“Los suicidas”
Todo comenzó en uno de esos accidentes automovilísticos nocturnos donde en ciertas ocasiones el conductor pierde su conciencia moral para dejar ingresar la más aclamada de las sensaciones: La adrenalina.Por María José Della SalaColaboración
Esa noche Celia quería cruzar la calle para poder llegar a su casa, eran las cuatro de la mañana cuando de repente el Fiat 600 la indujo en un sueño que terminó siendo una cruel cita con la dramática realidad.En unos instantes la escena era decadente, una mujer respiraba asfalto y varias ambulancias trataban de ayudarla.Los médicos les comunicaron a sus padres que su hija encontraba en un estado vegetativo imponente y que quizá nunca iba a despertar.Al cabo de unas horas la pequeña sala donde esta mujer se encontraba muto en un velatorio familiar donde todos lloraban con pánico e indignación; sin embargo no tenían conciencia lo que se estaba gestando en la mente de esta muchacha.Apartándose del mundo externo; Celia se hallaba en el interior de un cine mental donde miles de imágenes le sacudían absolutamente toda su esfera sensible.Muchas situaciones bizarras estallaban en su mente como una aguja punzante que quería alijarse en su mente sin piedad.Eran centenares de personas que morían, ya no existía el agua potable, los peces yacían en las costas como tumbas oxidadas, el cielo gemía de dolor, los animales se descomponían como un perfume en el aire y la tierra se quebraba en pedazos muy sutiles.Los volcanes estallaban y pagaban aullidos ensordecedores y angustiosos como si fueses el último respiro de los titanes más poderosos del planeta.Por otro lado la gente se refugiaba en lo más hondo de la nostalgia y la naturaleza se reía burlándose de todos los hombres de la tierra que contaminaron y vendieron su esencia como un bien netamente comercial.Sin embargo; en la sociedad se gestaba el más contradictorio de los odios al culpar a la naturaleza de sus garras asesinas.Pero al mirarlo desde afuera; Celia se percató de que esto era por culpa de los hombres y que el planeta habría prendido durante varios años aquella antorcha que predecía una y otra vez lo inevitable.Ella se sumergía en el dolor ajeno mientras escuchaba aquellos gritos que eran símbolo de la sangrienta batalla que se autoindujeron los humanos al enfrentarse con el poderío natural.El auto suicidio era inminente, y la sociedad seguía cuestionándose el por que de las causas.La tierra se sacudía de un lado a otro, ya no discriminaba clase social ni sector geográfico.Los mares regaban sus penas sobre la tierra y arrasaban con las propiedades y las personas.Los vientos danzaban alocadamente y el sol derretía absolutamente todo. Celia debía despertar.La obligación moral que regaba su mente se hallaba ansiosa de emerger como una flor que nace en plena sequía.El mundo se escurría como sangre perversa en sus extremidades y su mente concebía la noble esperanza de que todo llegara a ser un momento onírico.A los pocos días Celia despertó y se encontró a un médico que con ojos saltones la observaba espeluznante.-Esto es un milagro- aclaró el médico con aires de grandeza.Celia inmediatamente le preguntó al médico como se encontraba el mundo y el médico se rió haciendo alusión a los efectos de los medicamentos.Cuando se reencontró con su familia ella manifestó todo lo que vivió en estado de coma, pero nadie la escuchó como debería ser escuchada.Pero ella no se quedó con las manos cruzadas y trató de concienciar a sus pares acerca de lo que podía llegar a pasar pero nadie la supo escuchar.A los seres humanos no les atrae la idea de pensar que el mundo se puede acabar y mucho menos por culpa suya.Uno de los amigos de Celia le comentó que el posible desastre le causaba indiferencia ya que seguro pasaría dentro de miles de años.-El egoísmo no traiciona y siempre rebota- contestó ella.De repente entre un estado de traumatismo psicológico y una impotencia feroz por no poder crear una conciencia ecológica surgió en su psiquis un deseo discreto: Quiso ver aquel glaciar por última vez.Esos glaciares que sus ojos amaron desde pequeña, esa infancia helada e inalcanzable la llenaban de recuerdos.A los dos años luego de varios ahorros; Celia se encontraba en un avión rumbo a la Antártida.Cuando llegó corrió como un águila hambrienta mientras el frío helado clavaba puñaladas sobre su cuerpo y el cielo se cubría lentamente pero hábilmente.Aquel glaciar era elegante, hermoso y en su alma contenía varios suspiros, miradas, reflejos congelados en un cúmulo de sensaciones. De repente el cielo ya no era digno, de él caían lágrimas oscuras y perversas.El glaciar se derretía y se perdía en las sombras del olvido.Era el fantasma más horripilante que había visto, era la cruel realidad que tantos se empecinaron en anticiparla y hoy se hacía carne.Ahora el orgullo volvía a nacer y el mundo caía a los pies de una naturaleza que ganaba la batalla más cruel inspirada en la falta de prudencia que los hombres tuvieron a lo largo de la historia.Celia se percató de que el mundo careció de la inteligencia para darse cuenta de lo que se estaba gestando en las entrañas de la reina madre.El mundo se encogía violentamente, aquellos glaciares desaparecían y Celia recordaba aquel sueño al cual nunca ignoró.Era decadente ver la raza humana ahogarse en la extinción, aquella sociedad que descubrió tantas cosas y dijo llamarse próspera en algún momento.En un instante ella tuvo pánico, pero estaba completamente segura de algo.El suicidio se estaba concretando.
Esa noche Celia quería cruzar la calle para poder llegar a su casa, eran las cuatro de la mañana cuando de repente el Fiat 600 la indujo en un sueño que terminó siendo una cruel cita con la dramática realidad.En unos instantes la escena era decadente, una mujer respiraba asfalto y varias ambulancias trataban de ayudarla.Los médicos les comunicaron a sus padres que su hija encontraba en un estado vegetativo imponente y que quizá nunca iba a despertar.Al cabo de unas horas la pequeña sala donde esta mujer se encontraba muto en un velatorio familiar donde todos lloraban con pánico e indignación; sin embargo no tenían conciencia lo que se estaba gestando en la mente de esta muchacha.Apartándose del mundo externo; Celia se hallaba en el interior de un cine mental donde miles de imágenes le sacudían absolutamente toda su esfera sensible.Muchas situaciones bizarras estallaban en su mente como una aguja punzante que quería alijarse en su mente sin piedad.Eran centenares de personas que morían, ya no existía el agua potable, los peces yacían en las costas como tumbas oxidadas, el cielo gemía de dolor, los animales se descomponían como un perfume en el aire y la tierra se quebraba en pedazos muy sutiles.Los volcanes estallaban y pagaban aullidos ensordecedores y angustiosos como si fueses el último respiro de los titanes más poderosos del planeta.Por otro lado la gente se refugiaba en lo más hondo de la nostalgia y la naturaleza se reía burlándose de todos los hombres de la tierra que contaminaron y vendieron su esencia como un bien netamente comercial.Sin embargo; en la sociedad se gestaba el más contradictorio de los odios al culpar a la naturaleza de sus garras asesinas.Pero al mirarlo desde afuera; Celia se percató de que esto era por culpa de los hombres y que el planeta habría prendido durante varios años aquella antorcha que predecía una y otra vez lo inevitable.Ella se sumergía en el dolor ajeno mientras escuchaba aquellos gritos que eran símbolo de la sangrienta batalla que se autoindujeron los humanos al enfrentarse con el poderío natural.El auto suicidio era inminente, y la sociedad seguía cuestionándose el por que de las causas.La tierra se sacudía de un lado a otro, ya no discriminaba clase social ni sector geográfico.Los mares regaban sus penas sobre la tierra y arrasaban con las propiedades y las personas.Los vientos danzaban alocadamente y el sol derretía absolutamente todo. Celia debía despertar.La obligación moral que regaba su mente se hallaba ansiosa de emerger como una flor que nace en plena sequía.El mundo se escurría como sangre perversa en sus extremidades y su mente concebía la noble esperanza de que todo llegara a ser un momento onírico.A los pocos días Celia despertó y se encontró a un médico que con ojos saltones la observaba espeluznante.-Esto es un milagro- aclaró el médico con aires de grandeza.Celia inmediatamente le preguntó al médico como se encontraba el mundo y el médico se rió haciendo alusión a los efectos de los medicamentos.Cuando se reencontró con su familia ella manifestó todo lo que vivió en estado de coma, pero nadie la escuchó como debería ser escuchada.Pero ella no se quedó con las manos cruzadas y trató de concienciar a sus pares acerca de lo que podía llegar a pasar pero nadie la supo escuchar.A los seres humanos no les atrae la idea de pensar que el mundo se puede acabar y mucho menos por culpa suya.Uno de los amigos de Celia le comentó que el posible desastre le causaba indiferencia ya que seguro pasaría dentro de miles de años.-El egoísmo no traiciona y siempre rebota- contestó ella.De repente entre un estado de traumatismo psicológico y una impotencia feroz por no poder crear una conciencia ecológica surgió en su psiquis un deseo discreto: Quiso ver aquel glaciar por última vez.Esos glaciares que sus ojos amaron desde pequeña, esa infancia helada e inalcanzable la llenaban de recuerdos.A los dos años luego de varios ahorros; Celia se encontraba en un avión rumbo a la Antártida.Cuando llegó corrió como un águila hambrienta mientras el frío helado clavaba puñaladas sobre su cuerpo y el cielo se cubría lentamente pero hábilmente.Aquel glaciar era elegante, hermoso y en su alma contenía varios suspiros, miradas, reflejos congelados en un cúmulo de sensaciones. De repente el cielo ya no era digno, de él caían lágrimas oscuras y perversas.El glaciar se derretía y se perdía en las sombras del olvido.Era el fantasma más horripilante que había visto, era la cruel realidad que tantos se empecinaron en anticiparla y hoy se hacía carne.Ahora el orgullo volvía a nacer y el mundo caía a los pies de una naturaleza que ganaba la batalla más cruel inspirada en la falta de prudencia que los hombres tuvieron a lo largo de la historia.Celia se percató de que el mundo careció de la inteligencia para darse cuenta de lo que se estaba gestando en las entrañas de la reina madre.El mundo se encogía violentamente, aquellos glaciares desaparecían y Celia recordaba aquel sueño al cual nunca ignoró.Era decadente ver la raza humana ahogarse en la extinción, aquella sociedad que descubrió tantas cosas y dijo llamarse próspera en algún momento.En un instante ella tuvo pánico, pero estaba completamente segura de algo.El suicidio se estaba concretando.
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