Los votos no se juzgan, se cuentan…
Se podría armar una paradoja interesante entre política y fútbol; pasiones muy argentinas emblemáticas y representativas de una cultura dentro de un contexto electoral.Por Dr. Raúl ArellanoOpinión El presente menú de análisis prescinde de todo enfoque sociológico y psicológico; apenas contiene una cuota de sentido común.En el fútbol; pasión de multitudes, los goles no se merecen, se hacen; en política los votos no se juzgan, se cuentan; lapidario e irrefutable; aunque no siempre la eficiencia va acompañada de la efectividad y viceversa; pero eso es otra historia.Los resultados siempre tienen la última palabra y respetarlos forma parte del juego democrático, más allá de todo análisis o más acá de cualquier interpretación.¿Cuánta legitimidad acreditan algunos resultados que construyen una cuota de poder. La matemática electoral supone una razón suficiente para homologar dicho permiso o necesita de atributos complementarios?¿Qué vota la gente cuando vota y siempre que vota elige? ¿Cuántos factores, cuantas sensaciones actúan en su corazón y en su mente a la hora de decidir un futuro?¿Qué relación existe entre la esperanza y la bronca, entre la verdad y el desencanto al emitir el sufragio? Demasiadas preguntas y pocas respuestas.Se puede votar bien o mal, se puede ignorar la realidad o no, pero lo que no se puede evitar son las consecuencias deseadas o no deseadas de haberse manifestado en un determinado sentido.Resulta interesante y necesario evaluar que muchos discursos y eventualmente algunas propuestas electorales encandilan y deslumbran pero no todas iluminan el camino, el libre albedrío nos transforma en sujetos cívicos responsables o irresponsables, conforme a lo visto y actuado. El voto como recurso Todo voto positivo se mide en término de valor y no de costo; léase; por su valor social, por su valor político y por su valor económico, es decir por lo que significa y representa, todo esto cabe en una boleta única o no.Un voto positivo; visceral y bien pensado; debiera lograr que permanezca lo que conmueve por sobre lo que se necesita y que algunos valores pesen sobre las ideologías, para fortalecer el sistema democrático; tantas veces sospechado y en tela de juicio. Los votos mediáticos no escriben ninguna historia.Esto es posible; únicamente; si el grado de compromiso cívico y patriótico de los ciudadanos se manifiesta en plenitud.Ningún resultado tiene mayor sentido con el diario del lunes en la mano para hacer algún diagnostico post-electoral de un hecho consumado; pensar antes de actuar no estaría mal y evitaría charlas bizantinas con final abierto.Todo voto light y mediático supone una falta de convicción por un lado y muy poca sustentabilidad por el otro; porque un voto light construye una democracia light con todo lo que ello implica.No resulta saludable que la Biblia y el calefón convivan en un acto electoral casi alegremente, si se pretende que sea una circunstancia trascendente y memorable.Un voto positivo nos aleja del infierno tan temido, de un nuevo fracaso, de un humor social irrespirable y por sobre todas las cosas de una desesperanza colectiva, permitiendo que la pobreza, el desempleo, la educación y algunas oportunidades dejen de ser de derecha o de izquierda; para ser universales.Un voto positivo permite democratizar la democracia, aceptando las propuestas y desechando las promesas; porque a la historia la escriben los ganadores.¡Ahora o nunca, aquí y ahora!, estamos a tiempo; porque más allá del Este...está el Oeste.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

