Machetes de bronca
De pronto, otra vez la irracionalidad y la violencia. No habían desaparecido. Estaban agazapadas. Nos sorprendieron en Barracas el 20 de octubre con el asesinato del militante de izquierda Mariano Ferreyra.Por Mario Alarcón MuñizColumnista Un mes después se trasladaron a Formosa para cobrarle al pueblo toba dos víctimas fatales y unos cuantos heridos y presos. Se instalaron la última semana en Villa Soldati con cuatro muertos y varios heridos graves. Es hora de reflexionar. Recién a última hora del viernes, finalizando el cuarto día de confusión y terror, las autoridades asumieron su responsabilidad y abrieron el diálogo.Se trata de episodios diferentes, motivados por cuestiones distintas. Sin embargo, reconocen un denominador común: la marginación. Aquí está el centro del problema. Decenas de variadas explicaciones pueden buscarse a estos hechos violentos. Ninguna encontrará la respuesta adecuada si soslaya el desamparo que afecta a una porción considerable del pueblo. Menos aún si comprobamos que el Estado elude su deber primordial que es el de asegurar el bienestar general. No de algunos. De todos.Motivos profundosLa batalla de Villa Soldati desnudó la impotencia del Estado. Los gobiernos nacional y local fueron sorprendidos por la eclosión de una situación dramática originada en la pobreza, cuando no en la miseria, que finalmente derivó en una lucha de pobres contra pobres ante un Estado ausente o en todo caso espectador. Cualquier autoridad dotada de inteligencia y sensibilidad lo hubiese advertido a tiempo. Pero en nuestro país, por desgracia, los dirigentes suelen desvivirse detrás de cuestiones electorales como si el objetivo único fuera sólo el poder. Unos para mantenerlo, otros para conquistarlo. Todo lo demás aparece subordinado a esa meta. Entonces con frecuencia la realidad dibuja su verdadero rostro y presenta el mapa del olvido y la postergación. Esto sucedió en Villa Soldati.Es ocioso repasar los hechos, pues todos los conocemos a través de los medios de comunicación. Inclusive algunas novedades pueden registrarse hasta la llegada de la presente nota al lector. De todos modos, por muchas vueltas que le demos al asunto, por más detalles que le sumemos, la exclusión social se muestra en este conflicto de manera descarnada. Y a su sombra recrudecen las peores pestes nacionales.Lista sombríaLa confrontación entre iguales, reveladora de egoísmos y desconfianzas, peleando a todo o nada por un espacio sin dejar resquicio alguno a la búsqueda de soluciones pacíficas, señala una de las características de nuestro tiempo.Sobre una huella paralela transita la corrupción, identificada en quienes lotearon y vendieron sectores de un parque público a familias abandonadas y desesperadas que entregaron muertos por empeñarse en vivir.Merodea también ese ambiente la explotación de bolivianos y paraguayos carentes de todo amparo legal, condenados a trabajar de sol a sol por unos pocos pesos en huertas del conurbano bonaerense o en precarios talleres textiles de la zona, donde perciben cincuenta centavos por terminar una camisa y un peso por coser un pantalón.De igual modo ataca la xenofobia. Para cierta gente esos infelices tienen que marcharse o morir porque no son argentinos. No hay otra razón. Sólo esa idea espantosa. Ni el Mercosur, ni la hermandad latinoamericana, ni la Canción con Todos de Tejada Gómez. Nada vale. Ni siquiera la ventaja de consumir el gas barato que Bolivia nos vende.Al cuadro de los desatinos se le agrega la desobediencia del gobierno a la Justicia. Cuatro jueces han actuado en el problema de Villa Soldati. Por lo menos dos le ordenaron al gobierno que interviniera para salvaguardar la paz social y vidas humanas. Pero las puertas estaban cerradas. Sordera total. La Justicia, bien gracias. Nos queda, menos mal, el consuelo de seguir escuchando discursos acerca del valor de las instituciones de la República.¿Para qué añadir el problema de la vivienda? Es crónico en nuestra Argentina. Y no se resuelve con planes aislados del contexto general ni la voluntaria disposición de algunos gobernadores que suelen utilizarlos para promoción electoral, sino dentro de un programa nacional de desarrollo en todos los órdenes.Finalmente, el Estado ausente es el gran asunto abarcador. Mientras siga mirando el árbol no verá el bosque. Y cada tanto la gente levantará machetes de bronca, tan inútiles y peligrosos como la indiferencia estatal. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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