Macri no puede con su alma y Alberto pelea con fantasmas

Seguramente cuando pudo despejarse un poco después del golpe, Macri debe haber pensado muchas cosas. Así fue el hombre atribulado y enojado con el mundo que habló a las pocas horas, y otro distinto, cuando pidió disculpas públicas y dijo que lo último que quería era echarle la culpa a la gente. En su interior, el debate está: actuar como candidato o como presidente.

Jorge Barroetaveña

A esta altura asumir los errores y aceptar el veredicto popular debería ser una constante, aunque no siempre lo es. Cristina nunca le entregó la banda presidencial a su sucesor, directamente se negó a hacerlo y al primer minuto del nuevo período declaró que pasaba al estado de ‘resistencia’. Fue su contribución a profundizar la grieta que ya venía de arrastre, después de 12 años de kirchnerismo puro y duro que dejó huellas definitivas en la sociedad argentina.

Pero estar en el poder requiere un doble ejercicio: la gestión y la responsabilidad que esta conlleva y la recreación de las expectativas que ungieron al candidato de turno. En estos años, todo lo eficaz que el kirchnerismo fue en la construcción de su propio relato y su aceptación social, fue de ineficaz el macrismo que, pese a contar con el favor popular, se quedó pedaleando en el aire por sus propias falencias.

Quizás tarde Macri se ha dado cuenta que no fue fiel a sí mismo y ya no puede hacer nada. Algún sabio dijo alguna vez que lo que no se hace los dos primeros años de gobierno, difícilmente se pueda hacer después. Y tenía razón. Claro, el fantasma del peronismo en la oposición, siempre conspirando, es algo con lo que han tenido que convivir todos los gobiernos cuyo origen no es ese. El fantasma de la gobernabilidad, sólo asegurada por un partido que va de derecha a izquierda, está a la vuelta de la esquina. Eso sin contar con mayoría parlamentaria y la mayoría de las gobernaciones. Un poder acotado, grande, pero acotado al fin. Y dirigir la Ciudad de Buenos Aires no es lo mismo que el país entero. Buenos Aires puede darse el lujo de esperar una obra 4 años, las infinitas desigualdades del país profundo no tienen semejante tiempo. Aún así, en el 2017 buena parte de la sociedad decidió volver a respaldarlo y abrirle otro crédito. No alcanzó. Ni siquiera la reforma política pudo prosperar, y la seguidilla de elecciones escalonadas, PASO incluídas, se terminaron convirtiendo en una trampa mortal.

Hasta las PASO que parecían carentes de sentido adquirieron de repente una importancia feroz por su resultado. Algo más equilibrado hubiera permitido un tránsito algo sereno hasta el 27 de octubre, el día que sí se decide todo. Pero lo casi cuatro millones de votos que sacó de diferencia Alberto Fernández ponen las cosas en el lugar de los milagros. Y los milagros en política, que no necesitan comprobación fehaciente, se dan muy de vez en cuando. A juzgar por lo que siguió al 14 de agosto, está no sería la ocasión.

El miércoles el Ministro Lacunza anunció un default parcial y satisfizo el pedido de la oposición de ponerse a negociar con el Fondo un nuevo formato de pago para la deuda. Es hacer el trabajo sucio que nadie quiere asumir después del 10 de diciembre. Si Macri lo hizo, él deberá empezar a transitar el camino de la solución, advierten.

Es probable que Alberto Fernández, acosado por un entorno que no se sabe bien para dónde va a rumbear en un posible gobierno, haya dinamitado todos los puentes con su comunicado del lunes, después de la reunión con los técnicos del FMI. Pero echarle la culpa de lo que pasa, ya no le sirve a nadie. Ni a la sociedad ni al gobierno que terminará el 10 de diciembre.

Fernández carga con sus propios fantasmas. El jueves un tribunal condenó al ex vicepresidente Amado Boudou por truchar papeles de un auto para jorobar a su ex mujer en el divorcio. Bastante menos que querer quedarse con la máquina de hacer billetes, causa por la cual está condenado y preso. Pero se vé que a Boudou le gustaban estos temas. Esa ristra de corrupción y oscuridad, pende sobre el futuro gobierno. Podrán emparchar la economía, recuperar la ‘felicidad del pueblo’ que había en el 2015, pero esas rémoras estarán ahí, presentes. Alberto todavía no sabe cómo sacárselas de encima.

Macri se dio un baño de multitud el sábado con una movilización que llenó la Plaza de Mayo. Son los que todavía creen que es posible revertir la elección. Extraño para un gobierno que siempre miró con desdén el control de la calle y optó por refugiarse en la profundidad de las redes sociales.

Hasta el 27 los días no tendrán 24 horas, serán mucho más largos. Pero la responsabilidad es de los actores protagónicos, no de la gente. Al cabo, los ciudadanos siguen todos los días en el mismo lugar de siempre. Agachan la cabeza y le dan para adelante. Pero la vida pasa. Cuatro años para un país pueden no ser nada, pero sí lo son en la vida de cualquier persona. Estos muchachos se dedican a despilfarrar oportunidades, mientras la vida les pasa por el costado. Y orejean sus cartas olvidando que la historia será implacable con ellos. "Nuestro pueblo muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos", escribió Juan Bautista Alberdi, prócer nacional, a quien se recordó el jueves por el Día del Abogado. ¿Lo habrán leído alguna vez?

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