Manuel Belgrano, algo más que un general
Por Gustavo Rivas
Una franja más reducida recordaría además, sus triunfos en Salta y Tucumán, o que integró la Primera Junta. Si el encuestador tuviera en otra planilla la pregunta referente a conocimiento sobre su oficio, seguramente el mayor porcentaje diría: “militar”. El desconocimiento sobre Belgrano no es patrimonio exclusivo de los que no tuvieron acceso a la instrucción: algunos profesionales universitarios de las ciencias económicas, no saben que su día -el 2 de junio- fue instituido en homenaje al prócer.
Esto último nos demuestra que la causa de ese desconocimiento ha sido la arbitraria parcialización hecha al difundir los relieves de su figura, con un raro ocultamiento de sus aspectos más admirables.
Belgrano fue General por una designación de la Junta de Mayo pero no había cursado la carrera militar, a diferencia de San Martín. Por lo demás, ese desempeño ocupó apenas tres años, de los cincuenta de su vida. Se graduó como abogado en la Universidad de Valladolid y se doctoró en Salamanca. Y aunque no obtuvo un título específico, su preparación académica incluyó un apreciable caudal de la ciencia que por entonces empezaba a difundirse: la Economía. Un caso similar al de Juan Bautista Alberdi. Además de la intensa preparación que recibió en España en estas dos disciplinas, cuando regresó a los 24 años, luego de los ocho que le insumieron sus estudios, dominaba el latín, inglés, francés, italiano y algo de alemán. Por eso pudo leer en sus respectivos idiomas –con dispensa papal- las obras de los grandes pensadores de la ilustración. Sin embargo, no radica su mérito en tan completa instrucción, sino en el uso que hizo de la misma: fue un gran pensador, visionario como pocos, dotado de las condiciones propias de los grandes estadistas, al punto de que sus diagnósticos sobre nuestro país, hasta hoy asombran por su anticipado acierto. No terminan ahí sus méritos, porque no se agotó en la teoría: toda su vida se dedicó impulsar, alentar, esclarecer y difundir. Y en cuanta ocasión pudo, lo concretó en realizaciones de indudable beneficio comunitario.
Alguien podría suponer con pena, que tan valioso ideario se haya perdido por no haber quedado escrito. Ése es el problema: todo lo escribió y quedó disponible para las generaciones actuales. Pero inexplicablemente, casi no ha tenido difusión y es ésa la gran injusticia: la amnesia parcial para con el prócer.
Invitamos al lector a hacer una breve recorrida por el otro Belgrano, sepultado por su generalato, a través de los aspectos principales de su otra lucha.
ECONOMISTA
Belgrano por estar en Europa, no sólo vivió de cerca todo el proceso de la revolución francesa, sino que tuvo acceso a los autores de la nueva ciencia llamada Fisiocracia, el francés Francois Quessnay, los italianos Galiani y Genovese, entre otros.
Su tesis doctoral consistió en un estudio sobre Adam Smith a quien tradujo del inglés. El prestigio alcanzado como estudiante influyó para que el Rey Carlos IV lo nombrara primer Secretario del Consulado en Bs. Aires. Sus Memorias del Consulado en las que vuelca todo un ideario renovador y desarrollista, atacando duramente el monopolio y los fundamentos del vetusto mercantilismo, explicando el papel del dinero, las ventajas del comercio, la industria y la exportación, se consideran hoy los primeros estudios de la ciencia económica del Río de la Plata. Por tal razón, en 1980 los profesionales de esa área en Asamblea Nacional, instituyeron en su homenaje el 2 de Junio, como Día Nacional del Profesional de Ciencias Económicas, por ser la fecha de su primera memoria del Consulado.
EDUCACIÓN POPULAR
Sus ideas no difieren mucho de las de Sarmiento, pero su valor radica en que Belgrano las escribió 70 años antes. Cuando nadie le daba importancia, él percibió que la Educación era la llave para el futuro progreso de estos pueblos: sacarlos de la ignorancia para que pudieran vencer el ocio y la pobreza, como defenderse del despotismo. Fue el primero en hablar de escuela pública, enseñanza gratuita, obligatoria e igualitaria para varones mujeres, pobres, ricos e indígenas. Sobre esas premisas fundó las Escuelas de Matemática y Dibujo y la de Náutica. También donó los 40.000 pesos fuertes con que lo premió la Asamblea del Año 13 para fundar 4 escuelas, que nunca pudo ver concretadas.
AGRICULTURA
Influido por los fisiócratas, prefería esta noble actividad por sobre la ganadería, que por entonces era sinónimo de holganza. Porque consolidaba la familia e incentivaba los buenos hábitos de orden y trabajo. Él fue quien introdujo nuevos cultivos, como el lino y el cáñamo. Como después Sarmiento, fue un defensor del árbol y la forestación. Educación y Agricultura eran para él la receta combinada del progreso.
INDUSTRIA
Tenía puesta la mira en una futura industria textil con mano de obra femenina, en base al cáñamo y el yute. Soñaba con una industria maderera que proveyera toneles para la exportación de carne salada y la fabricación de buques para una futura marina mercante, sobre la base de la forestación: todo ensamblaba.
DESARROLLISTA
En sus memorias, cartas y artículos periodísticos, fluye su inagotable ímpetu de progreso, con ojos visionarios que hoy nos asombran: Él hablaba de un gran puerto para Buenos Aires, un camino de Rosario a Córdoba, otro de Salta a Tucumán, un puente sobre el río Colastiné, un canal en San Fernando y un camino que fuera desde Carmen de Patagones hasta Chile, para unir el Atlántico con el Pacífico, porque veía al mar como vínculo de unión y comercio entre los pueblos.
FUNDADOR DE PUEBLOS
Casi nadie recuerda que en su expedición al Paraguay iba fundando pueblos, como Mandisoví, en lo que luego fue nuestra provincia y Curuzú Cuatiá, en Corrientes. En ambos respetó la toponimia indígena originaria y se preocupó de dejarlos con su respectiva escuela funcionando.
ECOLOGISTA
Sentía un profundo amor y respeto por la naturaleza. En su paso por Misiones, al ver la tala indiscriminada de algunos árboles decretó severas sanciones.
PERIODISTA
Era otra de sus inquietudes; colaboró en el primer periódico del Río de la Plata: el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata de Francisco Cabello y Mesa (1802) y en 1810 fundó el Correo de Comercio.
SU FE CATÓLICA
Basta recordar una sola anécdota. Con el Ejército formado, después de la batalla de Tucumán y el pueblo entero participando en la procesión que celebraba el triunfo, Belgrano hizo detener el paso. Se bajó del caballo, se acercó a la Virgen de la Merced, ordenó que la descendieran del palio ante el silencio y estupor de la muchedumbre. Quitándose su capa y cetro de general, se los colocó a la imagen, que desde ese día es Patrona y Generala del Ejército Argentino.
POLÍTICO
No está demás recordar su papel central en la Semana de Mayo. Él fue quien rechazó el día 24 la Junta que se preparaba para presidir Cisneros, intimándolo a renunciar bajo apercibimiento de arrojarlo desde los altos del Fuerte. Participó activamente en el Congreso de Tucumán y en misiones diplomáticas.
VISIONARIO
Lamentablemente fue tan adelantado que predicó en el desierto. Cien años después, muchas de sus ideas se hicieron realidad: miles de escuelas primarias se diseminaban por el país; millones de hectáreas (dedicadas a la agricultura) entraban en producción agrícola que salía por caminos, ferrocarriles, puentes y puertos hacia todo el mundo. Se concretaba así su sueño, pero nunca se le hizo justicia a este otro Belgrano: científico, pensador, impulsor de progreso.
Cuentan que en 1902, cuando se hizo un traslado de sus restos, en la Iglesia de Santo Domingo, se produjo una sustracción de algunos de sus dientes. Desde un importante diario de Buenos Aires se hizo una apelación pública para que fueran restituidos “los dientes que menos masticaron del presupuesto público”.
Algo más que un General: por su inteligencia, visión, desprendimiento honradez y patriotismo, Manuel Belgrano bien puede ser el Padre Civil de la Nación.
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