María Rosa Caviglione: “Si pudiera, seguiría siendo maestra jardinera”
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Ya en la escuela Normal, cursando el secundario, era ayudante en el jardín. Años más tarde decidió instalar su propio espacio que llamó "Mi cielito", el que cobijó a casi mil niñitos, muchos de los cuales hoy son abuelos. Cree que la clave en la formación del niño es la disciplina con ternura. Como lo hizo ella. Estela Gigena María Rosa Caviglione "tiene ángel". Es de esas personas que exhalan dulzura. Su voz suave y sus gestos delicados transportan a su interlocutor a los años de "Mi cielito". Ella sola manejaba su jardincito, con un promedio de 30 niños, que "se portaban muy, pero muy bien", aseguró.Entrevistada por ElDía, María Rosa contó que siempre le gustaron los niños. "Yo había practicado mucho en el Jardín de la Esuela Normal. Cuando a Nélida Nóbile o a Chinita Raffo les pasaba algo, me llamaban a mí. ¡Y yo iba chocha por dos o tres días a ayudarlas!María Rosa cursaba entonces quinto año y al año siguiente se recibió de Maestra Normal. Uno de los destinos posible era el de maestra rural, pero "no me iba a dejar mi papá que fuera, así que puse el jardín", recordó con orgullo.El 1 de abril de 1951 se inauguró "Mi cielito" con 28 niños de 4 años. En ese momento era el único privado y ella sola se ocupaba de enseñar, jugar y cantar con los chiquitos. "Hubo años que trabajé de mañana y de tarde. Siempre era de tarde pero cuando en la Normal no había más cupo venían mí". Inclusivo en sus inicios, los niños concurrían a "Mi cielito" también los sábados. Pero no era porque ambos padres trabajaran, no en esa época, sino por el deber de enseñar.Cuando María Rosa inició su jardín, finalizaba sus actividades otro jardincito privado, el de Angelina Lapalma y funcionaba el de la escuela Normal, con salitas de 4 y de 5 años."Mi marido no quería que siguiera con el jardín que había iniciado en la casa de mi mamá y yo tenía una tristeza...", confesó. "Me venían a preguntar, y yo les decía que momentáneamente no; hasta que en febrero mi esposo me dijo: ¿vos querés? Imaginate mi cara, fue una alegría tan grande, ¡como si me hubiera sacado la lotería!", dijo emocionado. Así fue que "Mi cielito" se instaló en su nueva dirección: 9 de Julio, entre Urquiza y Luis N. Palma y comenzó sus actividades en el mes de marzo, "los primeros dos años en el garage, posteriormente en la última habitación de la casa y luego en la planta alta. Lo fundamental: la disciplinaMaría Rosa recibía a los niños en la puerta. Ingresaban a las 2 de la tarde y permanecían en el jardín hasta las 4. Hacían un recreído de sólo 10 minutos y tomaban la merienda. "Yo a los chicos los hacía trabajar mucho. Formábamos en la vereda hasta que llegaban todos, íbamos al patio a izar la bandera que estaba en un mástil sobre una mesa. Después entrábamos, le cantábamos a Froebel (Friedrich- impulsor de los jardines de infantes) y a Sarmiento también, porque yo tenía dos cuadros hermosos con sus imágenes, que me había hecho mi marido", relato con pasión. "Cantemos a Froebel con honda emoción, sentidas estrofas que ligan amor. Al padre querido que amó la niñez, haciendo con ella feliz su vejez", entonó María Rosa, con tanta emotividad como si estuviera frente a sus niños. "Yo era feliz con los chicos y se portaban tan bien. Hacíamos las fiestas, festejábamos los cumpleaños de ellos, íbamos a la plaza", recordó.Ella iba sola a la plaza con 28 niños, una actividad que hoy resultaría algo arriesgada. Otras épocas"Eran otras épocas. Para mí era fundamental la disciplina. Ellos tenían que pedir permiso para pararse. Les decía que había que tener disciplina, moverse despacito, que había que dar las gracias, pedir permiso. Eso se lo inculcaba y ellos me hacían caso. Y a la hora de la merienda, lo mismo. Mientras merendaban les contaba un cuentito, y con los papelitos de los alfajores les hacía las palomitas; la palomita movía la cola y las alitas. Entonces, con eso se portaban muy bien, les gustaba y los entretenía. Nada que ver con lo que ocurre ahora", afirmó.La mayoría de los niños que fueron a "Mi cielito" se portaban bien, eran respetuosos. "La verdad es que tuve solo uno muy bandido. A ese chico yo le decía:- Miguelito portate bien. Pateaba por debajo de la mesa a sus compañeritos, disimulaba y los pellizcaba. Le decía entonces:- Quédese ahí quietito y lo ponía penitencia. Siempre le preguntaba:- ¿cuándo te vas a portar bien Miguelito? Y me respondía: -¡Nunca!". María Rosa prosiguió su relato, pero ahora con el rostro angustiado. "Miguelito hoy está preso y condenado en Paraná. Se casó con una chica abogada y la mató", contó. Lo más lindo¿Qué es lo más lindo que queda de esa experiencia? "Lo más lindo es que los chicos, donde me encuentran, me reconocen. Se acuerdan de mí y a veces me dicen: usted no me conoce, yo soy Mary. Y ahí la recuerdo, con el nombre completo, de corrido", cuenta entre risas. De esos casos hay muchísimos. El último fue hace un tiempo, cuando estando en la casa de una amiga pidió un remís. "Le dí la dirección y cuando estábamos llegando me dice:- yo vine acá al jardín. Sí, le dije, y la maestra era yo. El hombre se bajó del auto y me dijo que le permitiera darme un beso y abrazarme. ¡Fue hermoso!", dijo con emoción."Mi cielito" cerró sus puertas en 1978 porque la columna vertebral de María Rosa dijo ¡basta!, ya no permitía más niños alzados. "Tuve que terminar antes, entonces venían chicas que se estaban por recibir en el ISPED. Yo escuchaba desde mi cama que los retaban mal cuando estaban formando. Un día le mandé a decir a la chica que antes de retirarse fuera a hablar conmigo. Le dije que escuchaba los gritos, que ellos son chiquitos y a raíz de eso muchos comenzaron a faltar. Esa chica, por ejemplo, no sirve como maestra jardinera", sentenció.María Rosa asegura que los chicos de antes no son como los de ahora. "Los chicos de ahora no juegan. No lo hacen porque están con la computadora, con los jueguitos, el televisor, se apuran para terminar los deberes y ponerse frente a una pantalla. "Pensar que yo hasta los 12 años andaba con las muñecas. Le mandaba las cartas a los Reyes Magos, iba al correo llevarla pidiendo la bicicleta que nunca me trajeron".Hoy, quienes pasaron dos años de la edad fundamental de un niño en "Mi cielito" guardan los mejores recuerdos, como los guarda ella, que se quedó con ganas de seguir recibiéndolos con brazos de madre y ángel en su jardín."Si pudiera, seguiría siendo maestra jardinera", volvió a mencionar, como despedida.
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